El autodestape

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Alfonso Zárate*

La noche del jueves 25 de marzo, en horario estelar, siete canales de televisión transmitieron de forma simultánea el primer espot de la campaña electoral 2006, en el que Jorge G. Castañeda hacía pública su decisión de competir por la Presidencia de la República.

- Sin partido ni base social. Sin organizaciones, membretes o fuerzas vivas que lo proclamaran candidato, el ex canciller anunciaba al país que él asumía el reto de articular el balbuceo de las mayorías silenciosas.

- Castañeda aprovecha la crisis en el sistema de partidos y se disfraza de no político. Diestro en el manejo del timing, madruga a los madrugadores entrampados en luchas intestinas. Descalifica a quienes “han secuestrado la democracia”. Oportuno –nunca oportunista– se monta en la cresta de una ola de rechazo civil a los políticos profesionales, esas burocracias “con los ojos en la nuca y las manos en la masa”.

- Jorge G. Castañeda quiere despachar en Los Pinos. Su convicción es que la situación política del país requiere un “Presidente sin partido”. No es una ocurrencia. Supone una visión de conjunto: que el impasse de la transición democrática, provocado por el choque de fuerzas, se resolverá con el cuarto en discordia, ajeno y lejano, emergente y radicalmente libre de impurezas.

- La lógica es discutible. Los problemas no se resolverán con un Presidente sin partido (tal vez al contrario). En realidad, la eventual emergencia de un cuarto actor competitivo provocaría fragmentación del voto, pulverización de la representatividad y reparto del Congreso en cuartos menores.

- Si este es el cálculo, ¿cómo imagina la estabilidad y eficacia de un gobierno con menos de 30% de apoyo electoral enfrentado a tres referentes de oposición (PAN, PRI, PRD) con alrededor de 20% cada uno?

- Estas interrogantes abren nuevas dudas sobre la consistencia, seriedad y empaque de la aventura: ¿contemplan los estrategas de la candidatura ciudadana la necesidad de disputar espacios en el Congreso? ¿Por qué serían más confiables los partidos pequeños que los mayores?

- Sin programa ni ideas que levanten el vuelo del lugar común. Sin proyecto que apunte hacia otra cosa que su propia figura de eventual estadista, quiere ser Presidente ciudadano, Presidente sin partido. Ya lanzó el anzuelo para ingenuos y desencantados. No faltará quien lo muerda. Mucho menos inversionistas acostumbrados a jugar en muy diversas pistas y apostar a futuros. ¿Lino Korrodi, los Sada de Monterrey?

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- Hombre providencial. Caudillo sin carisma. Populista sin pueblo. Ya es, junto al Doctor Simi, aspirante en contienda, el candidato de sí mismo. Los anónimos patrocinadores de la aventura ciudadana no podrán quejarse.

* El autor es director de Grupo Consultor Interdisciplinario.

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