El azar de los negocios

Hasta ahora, el tema de los casinos es tabú en el país, pero valdría la pena considerar su induda
Dino Rozenberg

Habrá algún día casinos en México? La pregunta suele motivar la graciosa huida de funcionarios públicos y empresariales: unos para no meterse en un asunto espinoso, otros para disimular la ansiedad que tienen de entrarle al suculento negocio.

- Los apostadores, en cambio, ya dieron su opinión: los mexicanos representan uno de los grupos que más gastan en Las Vegas, con un promedio de $2,000 dólares por persona. La Oficina de Convenciones y Visitantes reveló que en 1994 se esperaba superar la marca de 117,000 turistas mexicanos, 9.3% más que el año pasado. En 1993, Las Vegas recibió 23.5 millones de turistas (cinco veces más que México), quienes gastaron $15,000 millones de dólares. El centro turístico de Nevada tiene más de 31,000 habitaciones de hotel.

- En privado, operadores mexicanos se manifiestan a favor de instalar casinos en algunos lugares, como Cancún o Acapulco, pero todas sus ilusiones penden de una misteriosa decisión oficial. Se afirma que desde tiempos de Lázaro Cárdenas, la excomunión pende sobre la cabeza del que se decida a firmar la vía libre. Sólo una persona podría hacerlo, pero nadie sabe si lo hará, y cuándo.

- El tema, un tabú
Los escasos comentarios que se hacen sobre este tema son contradictorios. En mayo pasado, el entonces secretario de Turismo Jesús Silva Herzog, negó que se estuviera preparando la apertura de casinos en México, porque "nuestro país no requiere de este tipo de ganchos para atraer visitantes". Por el otro lado, y en entrevista publicada en EXPANSIÓN (No. 643, junio 22 de 1994), Alvaro López Castro, presidente de la cadena Camino Real, advirtió: "El de los casinos es un tema de Estado. Hay quien opina que filas grandes mala penetran donde hay juego, y hay quien dice que son factores de desarrollo, pero lo cierto es que hay casinos en Inglaterra, Francia, España y muchos otros países". Y agregó: "Tampoco nos podemos salir del mercado turístico, y aunque es evidente que no vamos a autorizarlos en la ciudad de México, un casino en Cancún haría que subiera la ocupación de inmediato. Pienso que el tema de los casinos es un tabú y que los mexicanos que juegan, en vez de dejar el dinero en México, lo dejan en Las Vegas. Finalmente tendrán que autorizarse".

- La legislación mexicana, si bien permite los Juegos públicos", se refiere más que nada a la Lotería Nacional y otros sorteos, así como a los hipódromos, e ignora el tema de los casinos. Según los juristas, esta omisión significa prohibición para este tipo de juegos de azar. ¿Es tan así, o más bien se trata de que alguien firme una licencia de funcionamiento?

- Los juegos públicos adquieren cada vez más vitalidad en el país. En primer lugar hay que considerar a la Lotería Nacional para la Asistencia Pública, que ya entró en las grandes ligas con su "Sorteo millonario": un premio de N$60 millones de nuevos pesos y "cachitos" de N$300 nuevos pesos cada uno. La novedad, destinada a interesar a un público de altos recursos, se ofreció a través de Ticketmaster y con cargo a tarjetas de crédito.

- En la ciudad de Tijuana funciona el hipódromo de Aguascalientes, y dentro de éste, un galgódromo donde los californianos hacen cuantiosas apuestas a los perros que corren detrás de una liebre mecánica. Además, ya funcionan en la ciudad de México sucursales "remotas" del Hipódromo de las Américas, donde los aficionados pueden jugar a los caballitos y a otros deportes transmitidos por televisión.

- Que a los mexicanos les encantan los juegos de azar tampoco es una novedad: los palenques, autorizados a medias, son una práctica tradicional en las ferias regionales, donde los jugadores locales apuestan no sólo por los gallos sino -se dice -, por otras aves cantoras pero no plumíferas.

- Y que los casinos no están totalmente prohibidos lo prueba el de la Feria de San Marcos, en Aguascalientes, que cada año obtiene un permiso "por esta sola vez". Para quienes no están en el detalle, se trata de un casino en forma, con diferentes juegos de baraja y tragamonedas, del que se dice tiene una sección popular y otra para millonarios, que llegan con maletas llenas de efectivo. Es uno de los atractivos principales de la feria más importante de México.

- Casinos: ¿potencial económico?
Los detractores de los casinos mexicanos utilizan un argumento que quema: las salas de juego son la antesala de los antros de vicio y prostitución, y podrían convertirse en un centro de lavado de dinero para el narcotráfico.

- Lo primero parece bastante improbable: la prostitución es una práctica cotidiana y cuenta con el aval de diferentes autoridades. Existen no sólo bailarinas topless y stripers, sino también prostitutas callejeras y salas de masajes que reciben tarjetas de crédito. Basta revisar la sección de anuncios clasificados de El Universal para darse una idea del volumen de este negocio. Cualquier mexicana con un poco de mundo conoce el significado de la palabra Chippendale, y en la Zona Rosa funciona un centro nocturno ($2,000 dólares la membresía) en el que guapas señoritas desnudas entretienen a formales caballeros de saco y corbata. Respecto del problema del narcotráfico, que no debe menospreciarse, algunos operadores turísticos opinan en privado que basar la prohibición en este asunto es poco menos que infantil porque los cárteles no necesitan de los casinos para "blanquear" su dinero.

- Además, explican los informantes, existen muchas formas de operar casinos sin que se conviertan en centros de vicio y delincuencia. En Argentina, por ejemplo, son operados por la Lotería Nacional, y en otros países las autoridades establecen rígidos controles para evitar vínculos criminales. Es más, quienquiera que conozca Las Vegas sabe que el grueso de los apostadores son parejas de recién casados y personas de edad, que pasan las tardes pegadas a las máquinas tragamonedas.

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- Discusiones aparte, los empresarios mexicanos miran con avidez el impacto económico que representan los casinos, y que se puede ejemplificar con un caso reseñado por la revista The Economist. El estado de Mississippi, en Estados Unidos, autorizó el año pasado el funcionamiento de dos casinos flotantes en el condado de Túnica, uno de los más Pobres del estado y que tenía una tasa de desempleo de 17%. El Splash Casino y su gemelo Lady Luck ocupan ahora más de 3,500 trabajadores locales, lo que bajó la tasa a menos de 6%. Ambos centros de diversión aportan al municipio $170,000 dólares mensuales por concepto de impuestos, aparte de la derrama económica adicional que representan los 1,200 pasajeros que se suben cada noche a los casinos.

- Si esto ocurre en una pequeña población sin otros atractivos, es posible imaginar el impacto que tendrían los casinos en hoteles de Cancún, Acapulco o Ixtapa, destinos que en los últimos años han sufrido fuertes quebrantos. Algunos operadores han afirmado que a los turistas internacionales ya no se les puede atraer sólo con la clásica oferta de playas, sol y bebidas al borde de la alberca. Aunque es evidente que la operación de salas de juego tiene sus aristas complejas, lo cierto es que la prohibición parece haber perdido su sentido. En una época de aperturas comerciales y metales, los casinos deben verse como lo que son, sin tabúes y con una visión positiva. Y si alguien se pasa de la raya, para eso están las leyes, que nunca prohibieron los casinos pero tienen remedios muy eficaces para quienes se sacan un as de la manga.

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