El bálsamo de la verdad

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Ricardo Medina.

Al winu Mralasi fue enviado a la cárcel y durante cinco años en prisión sufrió terribles atrocidades. Durante ese tiempo, confiesa, no hubo un solo día en el que dejara de sentir odio y deseos de venganza contra Thequewe Manene. Este último, Manene, testificó en falso contra Mralasi y literalmente lo envió a las inclementes cárceles del - apartheid sudafricano.

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Una vez fuera de prisión, Mralasi se encontró casualmente a su victimario en la calle. “Uno de mis hijos –relata– lo señaló y dijo ‘allí está’”. Mralasi pidió su navaja, la abrió y se acercó a Manene, lo saludó. “Mientras estaba allí, de pie, me dijo que le costaba un poco hablar. Me sorprendí y me pregunté qué problemas tendría. Le miré y pude ver que había cambiado de verdad. Pude ver que había sufrido mucho. Su rostro lo decía a las claras.”

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Entonces, Mralasi llamó a su esposa y le pidió que le diera una libra “a aquél hombre, para que pudiera comprarse algo de comida… -Mientras me alejaba en el coche, él (Manene) levantó la mano en un intento de decir adiós. Y yo le respondí… seguí despidiéndome durante un buen rato, tocando la bocina del automóvil… Esa fue la última vez que lo vi, nunca volvió a su casa. Se dirigió al hospital y allí acabó su vida.”

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Podría parecer la trama de una novela. Pero no. Es sólo uno más de los 31,000 casos de violaciones a los derechos humanos que investigó la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica durante más de tres años. Son unos cuantos párrafos de las 3,500 páginas del informe que esa comisión, presidida por el arzobispo Desmond Tutu (premio Nobel de la Paz 1984), presentó al presidente Nelson Mandela el pasado jueves 29 de octubre en Pretoria, Sudáfrica. Un caso singular entresacado de los testimonios de unos 21,000 testigos, muchos de ellos víctimas o familiares de las víctimas de las constantes atrocidades que se cometieron durante el régimen del -apartheid en Sudáfrica.

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Quien crea que el informe del arzobispo Tutu sólo recoge los casos de violaciones a los derechos humanos cometidos por los blancos o -afrikaners en contra de los negros, se equivoca. El informe es riguroso. Dicho sea con humor: no es un informe blanco o negro, está lleno de sorprendentes matices y revelaciones. Es un informe de la verdad.

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Por ejemplo, se recogen también los testimonios de las terribles violaciones a los derechos humanos cometidas por Winnie Madikzela-Mandela (la ex esposa de Nelson Mandela), responsable del secuestro, tortura y desaparición de dos jóvenes negros del -Soweto. El Soweto, en Johannesburgo, el south-western township, es el lugar en el que miles de negros que llegan a esa ciudad en busca de empleo viven en condiciones de miseria, pero también es donde edificó su fastuosa residencia, en una colina, vigilada día y noche por guardias armados, la ex esposa de Mandela, quien comandaba una mafia que aterrorizó a los habitantes del lugar entre 1986 y 1988.

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Primero, la verdad. Después, tal vez como en el caso de Awinu Mralasi, la reconciliación. No será fácil. Tal vez tomará una o dos generaciones restañar las heridas de una sociedad que sigue dividida. La lección, similar para Rumania, Polonia, Argentina, Chile, El Salvador, Guatemala (algún día Cuba) es que para la reconciliación es necesario conocer la verdad. Tal vez estas comisiones de la verdad, que de hecho sólo recomiendan juzgar a quienes cometieron crímenes y no quieren cooperar en su esclarecimiento, sean más eficaces que los juicios al estilo Nuremberg.

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Tal vez sea mejor para el futuro perdonar, pero para hacerlo necesitamos saber la verdad, necesitamos saber qué atrocidades perdonamos y qué abismos insondables, de generosidad y de mezquindad, hay en el corazón humano.

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El autor es director de noticiarios locales e internacionales de TV azteca

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