El boom está en Miami

Desde hace dos años Miami se ha convertido en un imán que atrae a mexicanos en busca de jugosas o
Antonio Puertas / Miami Bárbara Anderson y Javier Peñalosa

UNA CIUDAD CALIENTE
En Miami hay algo eléctrico que el viajero atento percibe de inmediato, apenas baja del avión. Quizá tiene que ver con el eterno ambiente festivo de sus calles, con la cálida temperatura que registran por lo general los termómetros y la pesada humedad que domina en el exterior durante el verano; acaso se asocie con la estela de energía que dejan a su paso eventos como los recientes Premios Grammy Latinos que, por primera vez, en septiembre pasado se celebraron en esta ciudad, a pesar de la terca oposición a que se presentaran y se premiaran a aquellos artistas ligados con el régimen comunista de la isla por parte una comunidad cubana que, poco a poco, ve disminuidas sus tradicionales prerrogativas políticas ante el avance numérico de otras minorías.

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Al caminar por la activa zona financiera de Brickel, por Lincoln Road –en el corazón de Miami Beach– o por las calles de Coconout Grove y de Coral Gables –con rancia influencia española en su arquitectura– se percibe mejor este aire frenético que, a pesar del bajón económico que aún persiste en Estados Unidos, impulsa la apertura de nuevos negocios. Lo que lo expresa mejor en una sencilla palabra: cambio.

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En efecto, Miami y la zona urbana que la rodea –el condado de Miami-Dade– dista ya mucho de ser aquella pequeña ciudad de hace 40 años, poblada casi exclusivamente por cubanos exiliados y personas de la tercera edad, que disfrutan de su retiro junto al mar. Esta metamorfosis, precedida por el auge económico de los 90, en realidad comenzó hace apenas unos años y está provocando profundas modificaciones en la geografía miamita y, sobre todo, en el perfil de la población establecida en la amplia zona urbana del sur de la Florida. Y todo indica que el fenómeno seguirá por varios años.

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Más hispanos
A principios del año 2001, la Oficina del Censo del gobierno federal de Estados Unidos dio a conocer un curioso estudio sobre el auge y crecimiento de las minorías en ese país. El documento  dejó en claro que era cuestión de meses para que los hispanos se convirtieran en la primera fracción minoritaria –predicción que se cumplió prácticamente un año después, y que a su vez ha provocado una revolución en los departamentos de ventas y mercadeo de muchas empresas–, desplazando al grupo de color. Entre otras cosas, la investigación destacó el dinámico crecimiento de varias ciudades consideradas hispanas. Ahí se comparó por primera vez a la actual circunstancia de una de esas urbes, Miami, con la situación que experimentó la metrópolis por excelencia, Nueva York, justo en el paso de los siglos XIX al XX.

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Pero Miami y el estado de Florida presentan grandes restricciones a este veloz crecimiento. Una de ellas es el espacio físico que la ciudad ofrece para su expansión. Por un extremo, la reserva ecológica de los Everglades limita drásticamente el desarrollo de la gigantesca mancha urbana; por otro, hay que recordar que Florida es, después de todo, una larga península, con recursos naturales limitados.

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Ejemplo de ello son las reservas de agua potable que alimentan a las ciudades, ahora amenazadas por el aumento en el nivel del mar, resultado del efecto invernadero a escala global. La estrechez en el espacio ya es visible y el horizonte de zonas como Brickel, Aventura y Miami Beach, que se comienzan a poblar con grandes rascacielos, como el nuevo hotel y conjunto de condominios Four Seasons –el segundo edificio más alto en la costa este de Estados Unidos, después del Empire State– así como enormes conjuntos habitacionales que se construyen frenéticamente para dar vivienda a una población que se incrementa día con día.

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En Miami Beach este fenómeno constituye un serio riesgo, pues se trata de una isla estrecha y cada año debe enfrentar una larga temporada de huracanes. Muchos todavía recuerdan la destructiva fuerza de Andrew y no son pocas las voces que advierten que los efectos de un huracán de fuerza similar, que golpeara esa zona densamente poblada, serían devastadores. Agréguese la pobre cultura sobre desastres naturales entre la población hispana recién llegada y el probable escenario que se dibuja no es agradable.

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Pero nada de esto parece importarle al expatriado latinoamericano, que llega a Miami y se adapta sin mayor problema al ambiente relajado de esta ciudad caribeña con ritmo semilento, donde el inglés es el segundo idioma y los supermercados están repletos de productos tan familiares como las latas de chiles jalapeños en escabeche o los chorizos estilo argentino. Cuenta Bill Talbert, presidente del Buró de Turismo de Miami: “Hay un chiste muy famoso entre los hispanos. ‘¿Sabes qué es lo mejor de Miami?’, pregunta un latinoamericano. ‘Uy, tantas cosas: la playa, las discos, los centros comerciales’, le responden. ‘Bueno, todo eso está bien, pero lo mejor de Miami es que está taaan cerca de los Estados Unidos’.”

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La ensaladera
Kyle Langley, experto en mercadeo de nicho en Market Segment Research (MSR) –una firma con sede en Coral Gables, especializada en estudios de mercado sobre multiculturalismo y la creciente importancia de las minorías hispana, afroamericana y asiáticoamericana– tiene ideas muy serias sobre el aumento de la población latina en Estados Unidos. Hace un par de años, la firma publicó el primer estudio sobre el tema en ese país, titulado Un retrato de la nueva América, en el que se analizan las recientes actitudes, conductas y perspectivas de vida en la unión americana alrededor de siete puntos clave –seguridad social, internet, sector automotriz, medios, servicios financieros, telecomunicaciones y políticas sociales– a partir del crecimiento en número e importancia de las minorías.

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El analista dice que tras la publicación de tal investigación se ha modificado un paradigma fundamental que había organizado la vida en la vecina nación del norte. “A principios del siglo XX –recuerda– se sostenía que Estados Unidos era una especie de caldero (melting pot) dentro del cual se fundían las diversas identidades nacionales de los inmigrantes, para asimilarse a la forma de vida local. Hoy, gracias al auge de las minorías, sabemos que esta descripción es incorrecta y que el país es más bien una especie de ensaladera, en la que cada quien mantiene su identidad, mezclándose, pero sin fundirse ni confundirse –la lechuga será lechuga; los jitomates, jitomates; las verduras y otros vegetales, lo mismo–, y que el objetivo ya no es la asimilación sino la aculturización, o sea: la convivencia de varias razas y culturas que mantienen una identidad propia.”

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La hipótesis lanzada por MSR ha provocado serios terremotos en los departamentos de mercadeo de muchas de las grandes corporaciones estadounidenses, deseosas de atacar el mercado hispano, pero también no pocas críticas conservadoras. Langley cree que existe una enorme resistencia a esta hipótesis entre los presidentes y directores de las principales compañías del país, casi todos ellos WASP (white anglo-saxon and protestant) y educados bajo la férrea doctrina del viejo paradigma. “En parte se debe a una cuestión generacional. Muchos de ellos crecieron con la noción del melting pot, como la piedra de toque fundamental de la identidad estadounidense y, como es natural, muestran su renuencia al cambio.”

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Sin embargo, advierte: “Sólo las empresas inteligentes, que sepan entender esta nueva realidad, podrán aprovechar la oportunidad que abre el auge de los hispanos.”

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Un buen ejemplo de falta de inteligencia lo ofrece la experiencia –o inexperiencia– de uno de los principales fabricantes de automóviles en la unión americana. Aunque lanzó una agresiva campaña de publicidad en español, dirigida especialmente a los hispanos, sus ventas de autos se mantuvieron sin cambio. ¿La razón? No distribuyeron información en español sobre sus productos en las agencias de autos y muy pocas de éstas contaban con personal bilingüe. Como los hispanos no se sentían cómodos y bien atendidos, no realizaban la compra. Cuando, tras un nuevo estudio, MSR le hizo ver su error a la firma, ésta modificó sus tácticas de venta y la campaña publicitaria surtió el efecto esperado.

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Similares, pero no iguales
“Los hispanos son una minoría culturalmente muy sofisticada –advierte Langley– y con un creciente poder adquisitivo. No quieren ser tratados con menos calidad que los blancos y exigen una comunicación diferente.”

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Concentrado en subrayar las lecciones que ofrece el nuevo paradigma de la ensaladera y el auge de las minorías, el especialista aclara que el estudio de MSR no profundizó en las más sutiles diferencias entre los hispanos, de acuerdo con su origen nacional. Por lo tanto, carece de datos sobre el nivel de importancia de la presencia mexicana en la zona del sur de Florida y sobre las desigualdades entre la población de origen mexicano, colombiano, venezolano, argentino y de otras nacionalidades. Admite además que ninguna empresa le ha mostrado su interés por tratar de aclarar dichas desigualdades, aunque existen. “La revolución sigue en marcha y aún no hemos llegado a ese punto.” Sólo cabe suponer que las divergencias se mantienen y son aún más claras entre los recién llegados.

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No obstante, destaca que el mayor logro de la investigación es haber influenciado a CEOS “inteligentes”, quienes están cambiando su percepción de Miami y de Florida, zonas a las que ya no identifican únicamente con los cubanos, sino con los latinoamericanos en general. “En realidad, Miami se parece mucho más a Nueva York”, concluye el entrevistado, y recuerda que Florida es el único estado de la unión americana en el que, entre más se viaja al sur, se está más cerca del norte.

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Del altiplano a la playa
Xavier Hawley, presidente de Vistas International Realty, una firma de desarrollo inmobiliario, es quizás el decano de los empresarios mexicanos establecidos en Miami. De 43 años, este hombre de negocios –que en los 80 era industrial textil en México–, emigró a la ciudad a principios de los 90, cuando trabajaba para una casa de Bolsa. Antes ya había experimentado una especie de exilio, pues abandonó el Distrito Federal tras el terremoto de septiembre de 1985.

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En la década pasada, mientras trabajaba para Merill Lynch, se esforzó por atraer  inversión de mexicanos a Miami, especialmente aquellos con los que mantenía previa relación. Ello le enseñó los cambios de percepción sobre la ciudad entre los nacionales. “Al principio mis clientes me criticaban porque, según ellos, Miami estaba lejos, había un alto índice de crímenes –idea generada por el auge del narcotráfico y de la serie Miami Vice– y tenían la creencia de que los cubanos, que entonces eran casi 100% de los latinos, menospreciaban a los mexicanos.”

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Con paciencia, Hawley les hacía ver que la urbe está tan cerca del Distrito Federal como Houston y más próxima que San Diego. En números absolutos, el índice de criminalidad era mucho menor que el de la ciudad de México y la violencia se ejercía en zonas específicas. Finalmente, gracias a un tímido inicio de relación comercial entre Estados Unidos y Cuba, la importancia política de los isleños iba a la baja. “Ahora –dice, con una sonrisa–, muchos de ellos me dicen que no compran en Miami porque primero tienen que vender su departamento en San Diego.”

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Desde 1999 el empresario se dedica de lleno a los bienes raíces y está especializado en dar servicio a los mexicanos. No obstante, su empresa no ha participado al 100% en todos los negocios que ha hecho y en su primer proyecto –el edificio Gran Venetian, en Miami Beach– fue sólo el operador. En los desarrollos subsiguientes, Vistas ha intervenido como vendedor y/o desarrollador; actualmente está asociado con una de las constructoras inmobiliarias más importantes del sur de Florida: Tibor Holo.

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Luis Fernando Salazar Peralta es otro buen ejemplo de joven empresario mexicano que aprovecha el actual auge de Miami, apoyándose en una novedosa propuesta de negocios. Presidente de Inside, define a su compañía como una firma de “astuta adquisición de propiedades”. Se trata de una casa de consultoría con oficinas en la ciudad de México y en Miami, que ofrece “inteligencia”, sobre todo en lo que de alguna manera está relacionado con la compra y el hecho de vivir una propiedad. La organización da servicio tanto a quienes pasan una temporada corta en la ciudad en su nuevo departamento como a los que llegan para radicar por varios años o definitivamente. Orientada a tal fin, trabaja con una red que incluye todo tipo de proveedores, desde banca privada, aseguradoras, abogados especializados en migración, agencias de autos y calificadoras de crédito, hasta empleados domésticos, equipos deportivos, choferes, plomeros, etcétera. “Somos como un navegador o un browser de internet, pero de carne y hueso”, asegura el directivo.

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En cuanto al tipo de servicios que buscan los clientes de Inside, normalmente se trata de soluciones para entretenimiento. “Miami es un lugar de diversión, el lugar donde sacas tus juguetes: tu lancha, tu auto, cosas que te permiten relajarte con lujo. La edad promedio de la clientela es por lo general de entre 35 y 45 años: matrimonios que deciden pasar el verano en la ciudad y sus alrededores, aprovechando los atractivos que ofrece la zona, desde playas y centros comerciales, hasta espectáculos como conciertos, exhibiciones, ferias o eventos deportivos.”

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Toda la promoción la lleva a cabo la compañía, sin ayuda de sus proveedores. Su personal suma apenas 15 personas, de las cuales cuatro son vendedores y el resto dan apoyo. De cierta manera, la firma es una especie de concierge particular. Para tener acceso regular a sus servicios, el cliente puede optar por una membresía que se ofrece en varios niveles; el costo oscila entre $2,000 y $8,000 dólares anuales.

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Sólo lo mejor
“El mexicano está acostumbrado a un excelente nivel de servicio –asevera Salazar Peralta–. Esto no me sorprende, sino que lo espero. Muchos están dispuestos a pagar, pero al mismo tiempo la gran mayoría tiene un gran poder de negociación.” Inside trabaja con varios proveedores de servicios y los pone en contacto con sus clientes. Casi inmediatamente reconocen la nacionalidad de la clientela que llega de México. ¿Por qué? “Jamás toman a la primera el precio que les ofrecen, inmediatamente tratan de pactar. Es curioso ver que eso conforma un patrón. Los venezolanos, por ejemplo, no son así.” Otras características de los nacionales que residen en Miami es que tienen una gran capacidad de gasto. “No les importa cuánto cuesta, siempre quieren lo mejor. Otros son más conservadores.”

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Aunque muchos también le piden al directivo asesoría sobre oportunidades de negocio en Florida, la gran mayoría mantiene sus líneas de contacto en México y consideran a Miami como su segundo hogar. Algunos de los que emigran regresan al país entre semana para trabajar; otros pocos prefieren manejar desde aquí sus inversiones. “Obviamente, ya que están aquí empiezan a explorar opciones de negocio, pero por lo general su casa o su departamento en Miami sigue siento su segundo hogar.”

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Hawley confirma que los mexicanos son más difíciles como clientes y más sofisticados que el resto de los latinoamericanos. “Desde antes de llegar, saben lo que quieren. Hasta cierto punto es más fácil trabajar con ellos; es verdad que te van a pelear el precio, van a negociar, pero no es tan difícil encontrar algo acorde con sus necesidades.”

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El directivo también ofrece servicios de asistencia y asesoría (legal, financiera, seguros), aprovechando las relaciones que, gracias a los años que lleva viviendo en Miami, ha establecido con otros profesionales, especialmente los mexicanos.

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Para el presidente de Vistas International Realty, Miami lo ofrece todo: playas, acceso directo a Europa, Estados Unidos o Latinoamérica, una salida directa al Caribe, casinos en las Bahamas, un clima excelente todo el año, impuestos y precios en bienes raíces mucho más bajos que los de California, mayor tolerancia. “Además es de las pocas ciudades donde todavía te dejan fumar en bares y discotecas”, destaca. Por otra parte, la migración es legal casi en su totalidad, por ello no esconden su origen como sucede en California, donde los latinos viven presas del miedo a que los reconozcan y deporten; así, la presencia del latino no se vuelve opaca, lo que le da fuerza a su personalidad cultural y fortalece la posibilidad de la unión y el trabajo conjunto con otros latinos.

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Según Salazar Peralta, sólo 20% de quienes invierten en bienes raíces en Miami viven de hecho ahí, mientras que el 80% restante pretende usar la propiedad como segunda casa o como inversión. “Para la mayoría de quienes se radican, la ciudad es un lugar de transición: pasarán cuatro o cinco años en ella y luego se regresarán a México u otro país”, afirma el directivo.

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En la experiencia de Hawley, en cambio, la proporción entre los que invierten en una propiedad para habitarla y los que lo hacen para pasar una temporada al año es 50% cada grupo. “Mucha gente que llega acá viene porque ya la secuestraron, ya tuvo un susto fuerte, ya la asaltaron con violencia”, cuenta. Según sus cálculos, de cuatro años a la fecha la presencia de mexicanos se ha triplicado.

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Sea por seguridad o porque se enamoran de la ciudad, varios connacionales han ido descubriendo recientemente las ventajas de Miami. “La gran mayoría llega sin un plan para establecer un negocio y a los que vienen con ideas preconcebidas no les va tan bien. En cambio, buena parte del resto de los latinoamericanos arriban con algo de dinero y buscan trabajo. Muchos emigran huyendo de la violencia, como los colombianos, o del desastre económico, como los venezolanos y los argentinos”, refiere el entrevistado.

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¿Burbuja u oportunidad?
Lo que sucedió con las empresas de internet y con aquellas que cotizan en la Bolsa impulsó a muchos inversionistas a colocar recursos considerables en el mercado inmobiliario. Por ello, varios analistas sostienen la existencia de una burbuja en el sector. Es como si la memoria de lo recientemente sucedido se anticipara psicológicamente a otro desplome. Así, los especialistas predicen una caída repentina en los precios de bienes raíces en Estados Unidos, pero Miami parece ser una excepción a este escenario.

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“En cualquier inversión es fundamental tener información lo menos imperfecta posible”, observa el presidente de Inside, y sostiene que no hay tal burbuja, lo cual no implica que, como en toda inversión, no existan riesgos. “Naturalmente, un corredor te recomendará que inviertas en todo lo que puedas, pues él gana una comisión. Nosotros por lo regular asesoramos a nuestros clientes para que diversifiquen la colocación de su dinero.”

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La idea de una próxima catástrofe, dice, se debe a lo que sucede en otros mercados –como el de California, particularmente en el área de San Francisco–. “Ahí sí se prevé un claro riesgo de desplome, porque las propiedades están sobrevaluadas. Acá no hay evidencia alguna que sostenga esa idea.”

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Miami, además, cuenta con el apoyo de la fortaleza económica del sur de Florida –considerada, según Salazar Peralta como la octava potencia económica del mundo– y con un ambicioso plan de inversiones. En los siguientes cuatro años, en las zonas del Centro (downtown), Brickel y el Distrito de Diseño (Design District) se invertirán más de $4,000 millones de dólares entre desarrollos comerciales, restaurantes, tiendas, centros de entretenimiento, rehabilitación de calles, etcétera. Los planes incluyen una megamarina en Watson Island y el espectacular Centro de las Artes, que dará cabida a un auditorio con más de 2,000 asientos, comparable con el Lincoln Center de Nueva York. No obstante, hay grandes restricciones para demoler viejos edificios en la zona de la playa y los costos para renovar son altísimos; “sale en el doble”, dice Hawley.

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Los tiempos para la inversión en bienes raíces son otros, de más largo plazo; pensar en una ganancia a corto plazo es el primer ingrediente de una receta que llevará al fracaso. “A los mexicanos ya nos sucedió esto mismo en Houston –recuerda Salazar Peralta–. Hay que invertir, pero con una buena guía.”

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Según Hawley, el auge del mercado inmobiliario “se debe en gran parte a la migración. Hablamos de que cada año llegan a Miami unas 15,000 familias extranjeras y, a pesar del boom, sólo se producen 5,000 viviendas anuales. Por eso es que los precios se han disparado.” Con el dólar a la baja y un euro fuerte, se suma a la demanda latinoamericana la de los europeos.

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El desarrollador refiere que los precios de bienes raíces en la costa oeste están al doble que en Miami y su riesgo es mayor; además, los impuestos son 100% más elevados. Nueva York se ubica tres veces por encima. “Sacando a Latinoamérica del mapa, Miami es una de las ciudades destino más baratas.” Salazar Peralta considera que los precios de los bienes raíces en esa ciudad están a un nivel similar al de Europa.

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Cambio de percepción
Elba Hentschel, directora ejecutiva regional del Capítulo Interamericano de la Cámara de Comercio México-Estados Unidos, llegó a Miami hace 17 años. Recuerda que entonces habían, a lo sumo, 10 familias en Miami que mantenían algún tipo de liga con México, ente las cuales estaban un par de dueños de restaurantes, así como el matrimonio conformado por el hoy gobernador Jeb Bush, hermano del actual Presidente de Estados Unidos, y su esposa mexicana, Columba. Desde entonces las cosas han cambiado radicalmente y en ese tiempo lo ha visto todo: desde la bomba que extremistas cubanos colocaron en el consulado de México a mediados de los años 80 y los desalojos de emergencia con el apoyo de la policía, hasta el derrumbe de los lugares comunes y la apertura de la Casa de México.

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Un primer elemento de transformación, cuenta, lo ofreció el paulatino giro de la política exterior de México ante Cuba, un cambio que comenzó durante la presidencia de Ernesto Zedillo y concluyó con los célebres enfrentamientos entre el entonces canciller Jorge Castañeda y Fidel Castro.

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Pero antes, en 1999, ocurrió un hecho fundamental. En agosto de ese año, el gobernador Jeb Bush presidió una misión comercial –de hecho la primera de su mandato– que viajó a México, llevando consigo a 300 empresarios y funcionarios del estado. El mensaje fue que la relación entre Florida y México era este-oeste y no norte-sur. “Este fue realmente el fenómeno que provocó el cambio, además de la política exterior mexicana”, considera Hentschel. El conocimiento mutuo ayudó a la caída de los lugares comunes, pues hasta hace muy poco en México era moneda corriente identificar a Miami como el hogar de los exiliados políticos, especialmente los de origen cubano. Salazar Peralta coincide con la directiva: “Yo diría que esto comenzó hace tres o cuatro años, con la misión del gobernador Bush a México.”

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Otros factores también influyeron en el éxodo de los mexicanos con poder adquisitivo: sin duda, uno de ellos fue el aumento de la violencia y los secuestros en el país, pero ello no fue definitivo. “Hay dos razones más poderosas que explicarían mejor por qué los mexicanos eligen ahora Miami y no San Diego o Houston. Una es la relación costo-beneficio en las inversiones en bienes raíces, debida a la gran oportunidad que abre un mercado con bajas tasas de interés hipotecarias.” La segunda tiene que ver con la paulatina caída de viejos paradigmas en la mentalidad nacional respecto a Cuba, el exilio cubano, los cambios en la postura diplomática y la ya mencionada misión comercial de Jeb Bush en 1999.

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Hawley destaca los mismos puntos y agrega que el cubano que sufrió la llegada de Castro ha envejecido y pierde poder, pues Estados Unidos ya realiza intercambios con la isla.

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Lecciones por aprender
Cada 15 de septiembre, las comunidades mexicanas en el exterior se reúnen para la celebración que organiza el consulado o la embajada de su ciudad. En Miami, fuera de esta festividad, no parecen existir evidencias de una interacción poderosa entre los mexicanos radicados ahí. Una causa de ello es quizá la misma novedad del grupo nacional y su rápido crecimiento, como lo atestigua el acelerado desarrollo en apenas cuatro años.

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La Cámara de Comercio México-Estados Unidos surgió hace tres décadas del interés por impulsar el intercambio de negocios entre los dos países; el Capítulo Interamericano, con sede en Miami, se funda casi en paralelo con la visita del gobernador Bush a México. El resultado es que en sólo tres años su número de miembros creció de 33 a 165, lo que incluía a gran parte de las hoy casi extintas punto com. Actualmente cuenta con 150 asociados, 90% de ellos mexicanos. “Han sido varias etapas: hubo un crecimiento desmesurado y una caída posterior importante, debida no sólo a la quiebra de las firmas de internet, sino también al 11 de septiembre.”

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Este año, a mediados de septiembre, el organismo realizó la Expomex: una feria enfocada a reunir a empresarios nacionales establecidos en el sur de la Florida. Pero a pesar de los esfuerzos de Hentschel por aumentar el número de socios, casi 50% de los hombres de negocios mexicanos establecidos en Florida no se han afiliado a la Cámara. Muchos no lo hacen por seguridad porque no quieren que se sepa que viven allá.

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Debido a ello y a que para muchos Miami es un lugar de paso y no un destino final, es casi imposible que se desarrolle una sólida cultura de comunidad. Jorge Lomónaco, cónsul general de México en la ciudad, coincide en parte con este juicio.

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La directiva resume lo que, en su opinión, sería la clave central de esta falta de cohesión: “Lo que junta a una comunidad en el exilio, como a los chinos en San Francisco o los italianos en Nueva York, es que hayan salido por la misma causa: los une la misma lucha y se identifican entre ellos por algo.”

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