El camino equivocado

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El fin no justifica los medios. Una vez más, en vez de plantearse una -reforma fiscal integral, el gobierno federal acude al camino más sencillo para -ajustar las cuentas públicas: elevar impuestos. Parches sobre más parches.

- Ciertamente, todos queremos finanzas públicas sanas. Pero, tal como lo -comentamos en el editorial de nuestro número pasado (noviembre 18), hace falta -diseñar medidas más creativas que afecten menos a la población y a la -inversión productiva, como en este caso inciden los impuestos aplicados a la -gasolina y al teléfono, altamente inflacionarios por su reacción en cadena -sobre los costos de otros productos y servicios. La prueba está en que, apenas -anunciada la medida, los autotransportistas de carga anunciaron un incremento de -15% en sus tarifas.

- Si bien las condiciones económicas globales se perfilan complicadas en 1999, -con un panorama bastante poco amable en los precios del petróleo –la -principal fuente de recaudación del gobierno federal–, cabe precisar que sí -existen alternativas menos impopulares para empresarios y población en general, -pese al muy escaso margen de maniobra de nuestras autoridades financieras.

- Un indudable camino, como lo señalamos en nuestra anterior edición, es la -máxima eficiencia del gasto público. Hay mucha tela de dónde cortar, con todo -y la disminución ya programada por las autoridades hacendarías. Por sí sola, -ciertamente, ninguna acción será suficiente para solventar la crisis fiscal -del año venidero, pero la suma de varios ahorros –y en esto coinciden varios -economistas independientes y miembros de la iniciativa privada– podrían dar -el resultado esperado. Estamos hablando de la desaparición de algunas -secretarías de Estado y organismos públicos que ya cumplieron con su función -y que hoy sólo representan partidas presupuéstales innecesarias. Asimismo, -deben reducirse dramáticamente los generosos gastos de representación en -funcionarios de todos los poderes y niveles. Y también pueden suspenderse los -jugosos bonos y las discrecionales compensaciones existentes en el aparato -burocrático. Una plena austeridad en el ejercicio del poder –algo muy poco -visto en el país– sería un acto de responsabilidad que ayudaría a mitigar -el problema de flujo.

- Claro, esto es insuficiente. Por tanto, hay que sumar algunos ingresos -extraordinarios, como pueden ser los derivados de la privatización de plantas -petroquímicas y aeropuertos, además de las concesiones en los rubros de -energía eléctrica, agua y telecomunicaciones.

- Y, por supuesto, hay que frenar la evasión fiscal. Es indiscutible que en -México, como en muchos otros países, existe una enraizada cultura de no pago -de impuestos. Pero esto tiene causas más profundas que una falta de voluntad de -colaboración, y que son justamente las que deben atacarse: la complejidad del -sistema tributario, el frecuente manejo discrecional y poco transparente del -dinero público y la escasez de empleos en el sector formal de la economía. -Bien hace el gobierno en buscar maneras de combatir la evasión; sin embargo, -hace mal en poner la mayor carga de los impuestos en los causantes cautivos, es -decir, en los que siempre han cumplido. Mientras tanto, el sector informal crece -día con día.

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- La reforma fiscal planteada es una política contractiva, es decir, ofrece -expectativas decrecientes para una economía urgida de crecer. Si las empresas -ajustan a la baja todos sus pronósticos y reducen sus índices de inversión, -lo único que sucederá es que la propia recaudación fiscal será menor a los -cálculos gubernamentales. ¿Se estará tomando en cuenta este factor?

- Un tema paralelo e ineludible es el Fobaproa. Aquí sólo nos resta esperar -que, para cuando esta edición vea la luz, al menos los panistas hayan mostrado -cierta cordura –ya que la inflexibilidad parece característica inherente al -PRD– para encontrar una salida viable a este grave problema. De no ser así, -la politiquería seguirá posponiendo las posibilidades de un desarrollo más -estable.

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