El castillo de la pureza mexicana

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Los editores

¿Qué persigue el gobierno federal con su campaña antiextranjeros en Chiapas? Apoyada en los informativos de TV Azteca, la Secretaría de Gobernación ha emprendido una cruzada contra los extranjeros en México que parece destinada a crear un abierto clima de xenofobia que en nada favorece la imagen del país en el exterior ni la atracción de inversiones o divisas extranjeras, tan necesarias para la supervivencia y desarrollo del actual modelo económico.

- Después de la masacre de Acteal y la tensión creciente que se vive en Los Altos y la selva de Chiapas –donde cada día la población amanece con noticias de un nuevo asesinato impune–, los gobiernos estatal y federal han tratado de enmascarar la escalada de violencia en la región argumentando primero que se trataba únicamente de conflictos interétnicos. Cuando el argumento no se pudo sostener, recurrieron a hacer creer una guerra religiosa entre católicos y protestantes. Pero este discurso tampoco se sostuvo del todo... y ahora ¿a quién echar la culpa? Al extranjero y su injerencia en la realidad social mexicana.

- Resulta increíble, o por lo menos paradójico, que gente del mismo gobierno con posgrados de universidades estadounidenses –o sea, con una alta influencia extranjera– y cuyo discurso reivindica la globalización económica y la apertura indiscriminada de fronteras, venga ahora a echar la culpa de la insurrección zapatista a la intervención de foráneos en Chiapas. O sea, bienvenido el capital extranjero, pero que se abstenga de cualquier opinión sobre la realidad social del país.

- No se trata de negar los hechos: evidentemente hay muchos extranjeros en la zona de conflicto, y no todos acuden en busca de reposo turístico. Una gran parte de ellos –principalmente europeos– se encuentra en la región con el propósito de contribuir en alguna medida a labores sociales y, sobre todo, de servir de “escudo” como observadores contra posibles abusos de militares y paramilitares en las poblaciones indígenas.

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- También habrá quien intente alebrestar a ciertas comunidades indígenas en contra del gobierno. Pero pensar que los indígenas zapatistas son movidos por estos extranjeros, como ahora se trasluce de los discursos oficiales, es rebajar al indígena a la categoría de ser manipulable. Es otro insulto a la dignidad de estas poblaciones, lo que significa que el gobierno no ha aprendido nada en estos cuatro años de conflicto, como no sea su habilidad para encontrar novedosas conjuras que disfracen su ineficiencia crónica.

- Es válido preguntarse qué puede obtener el gobierno con esta burda estratagema, que lo hace parecer a los ojos de los mexicanos y del mundo como intolerante, anacrónico y paranoico. No nos extrañemos si, con toda esta campaña xenófoba oficial, se cree un escenario en Chiapas que propicie la represión de extranjeros. Quizá sea esa la excusa que buscan ciertos sectores del gobierno para calificar la situación de “insostenible” y decir que “no tenía otra opción” para dar carta blanca a la intervención del ejército en las comunidades rebeldes y, con ella, la indeseable guerra. No está de más recordar que una situación así pondría en riesgo el mayor anhelo de la propia administración zedillista, que es el de una economía en franco crecimiento, en donde el ingrediente esencial es justamente la inversión... extranjera.

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