El comercio encuentra aguas peligrosas

Como en la fábula de Pedro y el lobo, los exportadores pecaron de descreídos. El lobo está aquí,
Alejandro Castillo

El reporte de Exportadoras e Importadoras de 2000 arroja elementos interesantes acerca de lo que hicieron las empresas en ese año para ganar o mantener sus espacios, en un momento en que se hacía más intensa la competencia por los mercados y comenzaban a registrarse señales de deterioro en el entorno.

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Por otra parte, es innegable que en 2000 las compañías llevaron al límite sus capacidades para aprovechar el impulso y las inercias generadas en un año en que las advertencias sobre la desaceleración podían sonar catastróficas.

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En este reporte de las exportadoras e importadoras el lector encontrará los indicadores de las relaciones con el exterior de un heterogéneo grupo de firmas, desde las grandes paraestatales como Pemex, CFE y Sistema de Transporte Colectivo (Metro), pasando por los registros de las empresas mexicanas que con esfuerzo han ganado, y mantienen, un importante lugar en el exterior, hasta aquellas grandes armadoras de autos que desempeñan un papel clave en el intercambio. También contiene los datos de algunas maquiladoras, sector de indudable importancia por el superávit que aportan a la balanza comercial.

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Se gana y se pierde. Las dificultades que ya son evidentes para los exportadores –por el efecto de la desaceleración y la sobrevaluación del peso–, no se veían en la actividad cotidiana de las empresas en 2000. Incluso se puede decir que las firmas enfrentaron el dilema de qué mercado atender en primera instancia, si el foráneo que crecía rápidamente, o el interno, que además de dinámico brindaba el atractivo de un peso fuerte que hacía aumentar las ganancias cuando se expresaban en dólares. Incluso algunas organizaciones que operan en sectores que hoy están en dificultades, como el automotriz, fueron de las que más incrementaron su planta laboral. Es el caso de General Motors, por ejemplo.

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En general, las compañías buscaron aprovechar al máximo la oportunidad que les brindó el fuerte crecimiento de la demanda externa, aumentando sus exportaciones.

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También hubo avances en la multinacionalización de empresas mexicanas, con un aumento de sus inversiones externas. Sobresalen los casos de Sanborns y Grupo México, pero también de Grupo Gigante, que aparentemente consolidó la operación externa de algunas unidades comerciales propias, que lo ubican como un incipiente exportador.

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Hubo sectores que de plano no lograron mejorar su desempeño. Es el caso de las constructoras, que debieron reducir sus actividades en el exterior, sobre todo por las dificultades financieras que las aquejan; las siderúrgicas integradas tampoco lo lograron, aunque en ellas influyó la fuerza de la demanda interna.

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En contraste, las firmas importadoras no tuvieron un comportamiento homogéneo, contra lo que se podría esperar. Algunas reportaron un notable repunte, como Black & Decker, quizá por una reasignación de operaciones. Pero también se registró un vigoroso crecimiento en los insumos de empresas que atienden al mercado interno, como es el caso de las que emplean aluminio. Por supuesto, las organizaciones que comercian con equipo de alta tecnología se sumaron a la corriente importadora.

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Las cifras de las compañías incluidas en este informe de exportadoras e importadoras confirman que hasta 2000 el ambiente general era favorable para los negocios. Había problemas, pero no los suficientes para nublar el último año del viejo régimen.

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Por supuesto, esta revisión no debe llevar a ignorar la situación actual. Ante la magnitud de los problemas presentes, los empresarios esperan que el nuevo gobierno sea capaz de salvar las dificultades. Un año de grandes retos, sin duda.

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