El condón, mal negocio

Con un mercado prácticamente monopolizado, una fabricación casi inexistente, y un bajísimo consu
Lucía Rangel Flores

Según uno de los estudios más serios de nivel internacional, a principios de la década de los 90 el consumo de condones era de 6,000 millones de piezas al año, y se hubieran necesitado 13,000 millones para evitar la proliferación de enfermedades. Para 1997, las cifras sobre el consumo son aún inciertas, aunque existe la versión de que se consumirán 30,000 millones de preservativos en todo el mundo, lo que equivaldría a una industria de, aproximadamente, $15,000 millones de dólares al año.

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Sin embargo, la participación de México es mínima, pues la industria es incipiente, la fabricación de preservativos es casi nula, el mercado se encuentra prácticamente monopolizado y el consumo es tan bajo que cada mexicano utiliza, en promedio, menos de medio condón al año.

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En 1997 se cumplen 10 años de que se inició el boom del condón, después de que en 1986 se difundieron en todo el mundo las estadísticas de proliferación del Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA), por lo que el auge del preservativo ha estado ligado, directamente, al temor del contagio de la que ha sido considerada una de las peores amenazas a la salud pública en la época finisecular.

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De acuerdo con estadísticas internacionales, cada segundo y medio una persona contrae alguna enfermedad de transmisión sexual –incluyendo el SIDA–, y cada año son 20 millones de personas las afectadas por este tipo de contagios. En este contexto, en todo el mundo se ha manejado la idea de que el condón es una especie de salvavidas.

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Uso subdesarrollado
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Una especialista en sociología afirma que mientras existan las enfermedades venéreas, la sobrepoblación y la infidelidad sexual, la industria del condón tendrá asegurado su futuro.

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Al igual que en muchas de las actividades, el consumo de condones difiere entre los países pobres y las naciones desarrolladas, ya que en las últimas es muy alto –en Japón, cada habitante utiliza 13 preservativos al año; en Europa, cuatro– y en las primeras es casi nulo, pues las estadísticas indican que se usan de 0.1 a 0.2 condones por habitante al año (en América Latina el promedio es de 0.5).

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La media, entre el país más consumidor y el que menos utiliza el preservativo, da como resultado un promedio mundial de 6.6 condones por habitante al año, lo que -multiplicado por los más de 5,000 millones de habitantes con que cuenta el planeta, y con un precio promedio de $50 centavos de dólar por unidad, da como resultado una industria de alrededor de $15,000 millones de dólares anuales.

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Sin embargo, los datos del consumo de condones en el mundo son bastantes inciertos; incluso la Universidad John Hopkins, en Estados Unidos, en 1990 realizó un estudio muy completo para tratar de conocer el número de preservativos utilizados anualmente. Las conclusiones fueron que, en ese año, podrían haberse utilizado 6,000 millones de piezas, cifra considerada como conservadora en algunos medios.

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En ese mismo año, la capacidad industrial de producción de preservativos ascendía a 8,500 millones de piezas anuales y se calcula que –de acuerdo con el -boom en el consumo– podría haberse cuadruplicado en los siguientes seis años, sobre todo si se toman en cuenta los datos referentes al número de actos sexuales que se realizan en el mundo.

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Un análisis de la publicación Population -Report, elaborada con el apoyo del Department of Health and Human Services del gobierno estadounidense, sitúa en 95 el número de actos sexuales realizados anualmente por las parejas casadas, en promedio mundial. Sin embargo, la US-AID (Agencia Internacional para el Desarrollo) calcula 150 condones por pareja al año.

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En algunos casos, como el de los profesionales –hombres y mujeres– del sexo, el consumo es de hasta 10 condones diarios, mientras que entre los adolescentes sexualmente activos y los adultos no casados de poco más de 20 años, el consumo es mínimo, pues el número de coitos que realizan es, en promedio, de cuatro al mes.

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En México, negocio no viable
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A pesar de las campañas oficiales para promover el uso del condón en México, el consumo es sumamente bajo. Según Jorge González, gerente de marca de Sico, durante 1996 se vendieron entre 35 y 37 millones de condones en todo el país, cantidad inferior a 0.5 preservativos por habitante al año.

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De acuerdo con Ramón Llarena, presidente de la empresa Protección Sico, el bajo consumo de condones en México se debe a que no existe una cultura para su uso: “Algunas personas consideran que disminuye la satisfacción, otras que es muy complicada su utilización. Incluso, hay a quienes les da pena ir a la farmacia a pedir un preservativo”.

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La industria del condón en México es básicamente de distribución y empaque, ya que las dos fábricas que existían en el país quebraron en la década de los 50; actualmente, sólo Profilatex se dedica a elaborarlos para venderlos al sector público, para sus campañas de planificación familiar y de reducción de incidencia de enfermedades venéreas.

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En todo el territorio nacional existen alrededor de 16 empresas dedicadas a la importación, distribución y venta de condones, según Simon Blachman, director general de Distribuidora Therso, quien indica que hace dos décadas solamente había tres compañías dedicadas a esta actividad.

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Hoy, 90% del mercado se encuentra en manos de sólo cuatro compañías: Sico, Trojan, Karter Wallace y Profam (una organización privada de comercialización social de condones). Únicamente Sico satisface entre 65 y 70% de las necesidades, explica González. A pesar del bajo consumo, en México existen más de 130 presentaciones diferentes de condones, mientras que en Europa hay más de 200.

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La mayor parte de los condones se importa de la Unión Europea y Estados Unidos, “ya que son los que tienen mayor calidad”, dice Llarena. Los principales productores de preservativos en el mundo son los países asiáticos –los que también se encuentran entre los mayores consumidores–, “pero no los importamos porque los condones asiáticos son muy malos”, coinciden Blachman, González y Llarena.

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De acuerdo con reportes internacionales, para que una empresa sea rentable en la fabricación de condones se necesita abastecer un consumo nacional de entre 50 y 70 millones de preservativos por año. Por ello, los empresarios mexicanos han preferido la importación.

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Un caso empresarial exitoso, documentado por Population -Reports, es el del Profam, que desde principios de los 80 empaquetó condones importados a granel de Estados Unidos. El costo por unidad era de 3.0 centavos de dólar por cada condón sometido a pruebas electrónicas y de 2.4 centavos por los no examinados, que se sometían a pruebas en México. El costo final para Profam resultó inferior a los costos de producción de los fabricantes estadounidenses. En el caso de esta compañía, una buena parte de su comercialización se realiza a través de los organismos de seguridad social.

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A su vez, Sico ha utilizado campañas de publicidad masiva y de ventas en farmacias y en tiendas de autoservicio, y próximamente incursionará –con condones empaquetados en México– en las exportaciones a Centroamérica, en donde el uso del preservativo es muy bajo y los que existen son de mala calidad, importados de países asiáticos.

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Con una estrategia publicitaria directa, aunque de menor intensidad que Sico, operan Trojan y Karter Wallace, que distribuyen sus productos en farmacias y autoservicios. Por su parte, las empresas pequeñas como Therso han recurrido a la distribución directa en hoteles de paso y centros de prostitución.

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El látex mexicano, malo
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Para la elaboración de condones se utilizan cientos de miles de toneladas de látex en todo el mundo. Tan sólo en México –si se toma en cuenta un peso aproximado de un gramo por cada condón– se requerirían por lo menos 35 toneladas de ese material para satisfacer la demanda nacional.

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Sin embargo, el látex producido en México es de mala calidad y no sirve para hacer condones, por lo que otras naciones son las que se han beneficiado con la producción y exportación de esta materia prima. Malasia, Indonesia y Tailandia son los principales productores de látex para la elaboración de condones y México ni siquiera figura como abastecedor. Incluso, según Blachman, se han hecho pruebas para traer a México los árboles con los que se produce el látex para condones, pero el resultado ha sido negativo ya que cada árbol tarda hasta 40 años en comenzar a producir.

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Los reportes internacionales sobre la viabilidad de la industria condonera indican que, además de tener un mercado cautivo de entre 50 y 70 millones de usuarios anuales, se requieren varias condiciones. Por ello no se han instalado industrias en México ni en los países en vías de desarrollo.

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“La industria del condón necesita capital de inversión, medios de transporte y sistemas de comunicación, divisas fuertes para importar materia prima, una fuerza laboral calificada y un cierto grado de estabilidad política y económica”, dice un estudio de la Universidad Johns Hopkins.

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El mismo análisis indica que, actualmente, pocos países en desarrollo satisfacen las condiciones comerciales y estructurales necesarias para establecer fábricas de condones, y son menos aún los que podrían producir artículos competitivos y dignos de confianza.

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Por ello, la alternativa para naciones como México es la de someter a prueba y empaquetar los condones que se fabrican en otra parte y se importan a granel, ya que las pruebas y el empaquetado requieren mucho menos inversión de capital que la producción y hacen un uso intensivo de la mano de obra. “Por tanto –concluye el análisis de la Johns Hopkins–, en cuestión de costos resulta eficaz realizar estas tareas.”

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Cabe señalar que las compras al exterior pueden resultar la mejor forma de surtir de condones a la población, siempre y cuando se eliminen las trabas a la importación. En este sentido, México redujo los aranceles e impuestos de 45 a 25% en 1988. Para 1989, se volvieron a bajar hasta 10%.

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Ante la imposibilidad de hacer una industria condonera efectiva –por la falta de mercado–, lo más seguro es que la protección de los mexicanos contra las enfermedades de transmisión sexual y en favor de la planificación familiar, en el siglo XXI, siga dependiendo de Estados Unidos, Alemania y Japón.

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