El cuarto año

El saldo de los primeros tres años del gobierno foxista no es positivo. Pese a todos los yerros y o

En la edición anterior, en esta misma página, hablamos de que el tiempo pasa y los pendientes se acumulan en México. Hacíamos votos porque la tragicómica caricatura nacional se transformara en novela histórica con final feliz, después de que los partidos políticos, el Congreso y el gobierno federal asumieran el papel que les corresponde.

- No fue así. Tras la votación mayoritaria en contra de los cambios fiscales (baja del ISR, homologación de IVA en 13%, etcétera), se consolida la fractura de actores políticos en el seno del PRI y, lo más importante, el gobierno queda con recursos limitados para hacer frente al ejercicio fiscal de 2004. Más problemas, pues, a los ya incontables que se han acumulado en una administración pública caracterizada por errores y omisiones de importancia mayúscula.

- Sin embargo, no todas las noticias de fin de año son malas. La continuidad de Guillermo Ortiz Martínez al frente del Banco de México es, sin duda, un acierto. Se reconoce, así, que el gobernador del banco central ha realizado una encomiable tarea al mantener estable el índice de precios de la economía, cosa que no se había logrado durante tantos años seguidos. Pese a la escalada de - grillas partidistas que se oponían a la reelección, a fin de cuentas la prudencia se impuso. De no haber sido así, los mercados se hubiesen trastornado, al juntar esto con la ausencia de la reforma fiscal, vendida.

- Otra nota positiva fue la que dio a conocer el INEGI: en octubre pasado, la producción industrial registró el mayor incremento (1.2%) en los últimos siete meses, con lo que aumenta la esperanza de que la economía haya iniciado su reactivación al arranque del trimestre final de este ya moribundo 2003. Parece, pues, que ahora sí la reactivación de la economía estadounidense se está reflejando en las cuentas de México. Si bien la situación dista mucho de una bonanza, al menos despierta la posibilidad de que 2004 sea un año de mayor crecimiento, después de varios periodos en un -impasse.

- Cancelada la posibilidad de traer mayores ingresos fiscales, no queda de otra que mantener una disciplina férrea en el gasto público y, por supuesto, estimular desde todos los frentes el crecimiento económico. No hay mejor manera de generar recursos públicos que a través de una economía que crece vigorosa. De darse esta ecuación, el cuarto año de la administración foxista podría convertirse en el mejor del sexenio. Nos urge a todos.

- Por lo pronto, deseamos a todos nuestros lectores un año pleno en prosperidad y abundancia en todos los sentidos.

- Los editores

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