El día después

La guerra ha desnudado los vacíos de competitividad en México. ¿Cómo quedará el país después

Con tanto bombardeo informativo hasta José Suárez, un taxista, recita de memoria cómo le van a afectar los combates que ocurren a 20,000 kilómetros de distancia. “Muchas cosas van a cambiar, además del petróleo.” Y así es. Los turistas reservarán vuelos más cortos y las exportadoras deberán prepararse para el tercer mal año consecutivo; el costo de la energía dará tumbos durante unos meses; la construcción será, finalmente, el sector que cargará con la creación de empleo. “Yo, de plano –se resigna el conductor– haré menos viajes.”

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Él no sabe de finanzas públicas o de si la deuda está bajo control. Pero su bolsillo lleva dos años resintiendo el aplazamiento de la recuperación económica. Con la guerra, la administración deberá revisar una vez más sus metas. Para empezar, la de crecer 3% este año, ante la cual los analistas privados ya han bajado el pulgar. Ahora predicen 2.3% o menos. El Banco de México prevé ajustar sus predicciones a estas expectativas.

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Bastó una guerra teledirigida sobre un país de Medio Oriente, encabezada por la mayor potencia económica del mundo, para detener la economía, al menos durante unos segundos. Siguieron la volatilidad en las Bolsas mundiales y  en el precio del petróleo; el aplazamiento de los flujos de inversión de las empresas y el desplome de la confianza de los consumidores de todo el orbe, el cual cayó a su nivel más bajo en una década.

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Las compañías y los analistas confiesan que temen más a la parálisis del gobierno mexicano que a los efectos económicos de la guerra. El caro y casi inaccesible crédito, el retraso de las medidas de competitividad y el estancamiento de las reformas estructurales en el Congreso son sus pesadillas recurrentes. Pese a todo, los legisladores dieron un soplo de aire fresco a las empresas con la aprobación de los esquemas de garantías a los préstamos bancarios. Esto abaratará el crédito y lo incrementará en 10% en un año.

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Si Estados Unidos estornuda…
A los fabricantes nacionales les da gripa. Ricardo Vidal, de 58 años, vivió varias crisis, pero nunca una tan larga como esta. “Primero la llamaron aterrizaje suave, que con el 11 de septiembre lo fue menos. El año pasado fue desastroso y ahora la guerra. Ya no sé qué va a pasar.” Al frente de la autopartista mexicana Clevite, en 2002 sus ventas cayeron 15% y debió despedir a 100 de sus 500 empleados. Ahora se prepara para una caída prevista de 16.5 a 15 millones de autos en el mercado estadounidense, que golpeará de lleno a sus clientes Chrysler, General Motors y Nissan.

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Las firmas del país siguen en tiempo real las noticias sobre el consumidor estadounidense, que compra 85% de sus exportaciones y, antes que otra cosa, recorta su gasto en épocas de conflicto. La caída del ingreso de las familias y la contracción de los mercados en febrero y marzo llevó a Merrill Lynch a anunciar una posible recesión en el vecino del norte, debido al tan temido double dip.

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“La confianza tardará al menos seis meses en recuperarse –afirma Lynn Franco, directora de Análisis del Consumidor en Conference Board– por las incertidumbres del mercado laboral.”

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Mientras en México el crecimiento del total de salarios se ha estancado, en Estados Unidos empieza a agotarse el efecto dinámico de las bajas tasas de interés, establecidas por la Reserva Federal en 1.25%. En los últimos meses las familias refinanciaron sus hipotecas logrando un dinero adicional para gastos, pero la intención de compra de autos o electrodomésticos empezó a caer en febrero.

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Esta vez no serán el consumo ni la inversión de la industria los que impulsen el crecimiento de la primera economía del mundo, que los analistas vaticinan entre 2.5 y 3%. “Se basará en los $75,000 millones de dólares de gasto militar y un boom inmobiliario, lo que para México equivale prácticamente a una recesión”, dice Nathaniel Karp, director de Estudios del Sistema Financiero y responsable de las previsiones en BBVA-Bancomer.

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En menos de un mes todos los pronósticos dieron por tierra. Antes del inicio de la guerra se temía un retraso en el crecimiento de la unión americana, pero Horst Köhler, director del Fondo Monetario Internacional (FMI), ya alertó sobre los riesgos de que un conflicto prolongado genere una recesión mundial.

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Las diferencias entre Francia y Estados Unidos en torno al ataque a Irak llegarán a la Organización Mundial de Comercio (OMC), que celebrará en septiembre su v Cumbre en Cancún. Por una parte, la Unión Europea, con los galos a la cabeza; por otra, el grupo Cairns, liderado por Australia y la Unión Americana, se enfrentarán por la eliminación de subsidios a la exportación, como lo hicieron en la ONU y la OTAN a causa de las operaciones bélicas.

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México apoya a su principal socio comercial, pese a que nada podrá hacerse contra las ayudas que éste da a sus agricultores. Suprimir las subvenciones sería “un primer paso”, para llegar a un acuerdo, según Armando Paredes, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA) y socio fundador de la lechera Alpura.

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El campo mexicano sufrirá los efectos del Acta bioterrorista del país vecino, que endurecerá las normas de importaciones de alimentos –una oportunidad, también, para mejorar y ganar mercado–.

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Con todo, si se retrasan las negociaciones comerciales y el acuerdo migratorio con ese país, ¿qué queda para México? Ordenar la casa.

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“México no puede influir en la guerra; lo que sí puede es de una vez por todas sacar adelante las reformas”, dice Javier Prieto, director de Relaciones Institucionales en Cemex. A finales de marzo abandonó la presidencia de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin) tal como llegó: clamando por la aprobación de los cambios en los sectores laboral, fiscal y energético. “El mundo no nos va a esperar.”

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El conglomerado Desc, que vendió $19,600 millones de pesos en 2002, sufre en carne propia la falta de acuerdos en San Lázaro. El año pasado despidió a 3,000 trabajadores tras registrar pérdidas por $1,000 millones de pesos. Ahora no se atreve a nuevas contrataciones a falta de un marco laboral más flexible, afirma Luis Téllez, vicepresidente ejecutivo del consorcio. “Sabemos lo que cuesta.”

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Mientras su división inmobiliaria disfruta de la avalancha de inversionistas que buscan un refugio para su dinero en momentos de guerra, su autopartista, la más importante del país –genera casi 50% de sus ventas–, sobrevive al cierre de la planta local de DaimlerChrysler. Su área química redujo los márgenes en 2002 por el alza de los precios de los petroquímicos (la guerra, de nuevo) y la sobreoferta.

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Como toda empresa mexicana, Desc deberá pagar en plena contracción 7% más en su factura eléctrica. La guerra provocó el alza del precio del gas natural, el combustible empleado por las nuevas generadoras al servicio de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

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“Somos el único país del mundo donde dos monopolios estatales proveen electricidad en exclusiva –observa Téllez, impulsor de una reforma energética frustrada como secretario de Energía entre 1997 y 2000–. No tenemos precios energéticos competitivos, ni acceso a instrumentos de cobertura ante las oscilaciones del importe del gas natural.”

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Ni la PYME Clevite ni el corporativo Desc dejarán de invertir para aumentar la productividad de sus plantas. Ambas pueden beneficiarse de la depreciación del tipo de cambio –20% en el último año–, con lo que dejarán de padecer en casa la inesperada rivalidad de los productos estadounidenses. Pero eso apenas es un bálsamo para contender en los mercados externos.

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“Una economía virtual sin resultados productivos no funciona”, dice Enrique Dussel, profesor de la división de Estudios de Posgrado en la UNAM y especialista en comercio internacional.

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Y el gobierno, qué
La estabilidad macroeconómica ha sido en los últimos años el salvavidas del país. Una moneda lozana, deuda pública manejable –equivalente a 90% de sus exportaciones, frente a 300% de Brasil–, inflación controlada, bajo desempleo y miles de millones de dólares en inversión. Pero en los malos tiempos los pendientes pasan factura.

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En los últimos cinco años los salarios reales aumentaron. En medio de ese verano económico entraron en escena China y Centroamérica. Con sueldos más bajos, estas regiones arrastraron en un año a 247 maquiladoras desde México y dejaron vacantes 55,000 empleos.

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Ahora están retrasando su decisión cerca de 40% de las firmas que planeaban radicar aquí, revela Rafael McCadden –director general de la Asociación Mexicana de Parques Industriales, que reúne a 155 complejos con 1,900 industrias–.

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“Tememos que la guerra con Irak sea otra vez el chivo expiatorio para retrasar modificaciones, tal como sucedió con el 11 de septiembre”, afirma Daniel Romero Mejía, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Maquiladora de Exportación (CNIME), que concentra a 3,200 agrupaciones del ramo.

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Tardías o no, el Gobierno está adoptando algunas medidas para esquivar el retraso de las reformas estructurales. Anunció el desarrollo de 12 planes sectoriales de competitividad, pero un semestre después sólo se concluyeron los de electrónica, software y el del enlace cuero-calzado. El resto podría salir en el segundo semestre del año. Esos sectores generan más de 80% de las exportaciones mexicanas y son reconocidos por el gobierno como los mayormente afectados por la guerra en Irak: la cadena fibra-textil-confección, automotriz, turismo, construcción, agroindustria, comercio, químico, maquila y aeronaútica.

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La administración de Vicente Fox muestra la única carta que tiene a mano: “La cercanía con Estados Unidos y la democracia son ventajas competitivas para México frente a China; son, entre otras, las razones del regreso de algunas empresas ”, declaró Fernando Canales Clariond, secretario de Economía.

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Según esta cartera, cuatro compañías estadounidenses están devolviendo algunas o todas sus líneas de producción a México luego de instalarse en China, por el menor costo de logística y transporte. “Generarán apenas 8,000 empleos promedio –predice el funcionario–, pero podrían marcar una tendencia.”

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Oportunidad turística
Con 100 millones de extranjeros que visitaron México en 2002, el turismo fue el primero que puso el grito en el cielo. Aquéllos dejaron nada menos que $8,800 millones de dólares entre la frontera norte y Yucatán. El sector se estaba recuperando luego del martes negro, que contrajo la demanda y bajó las tarifas abruptamente. Ahora las firmas del ramo inician el segundo round.

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La guerra en Irak terminará de dar forma a nuevos hábitos de consumo: tramos cortos, mayor turismo carretero y más promoción del turismo local. “Los ingresos también serán otros. Menos personas se atreverán a viajar y las ventas caerán casi 10% respecto del año pasado”, según Miguel Torruco, presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles (AMHM). La mitad de esa baja ocurrió el primer trimestre, parte del año en la que llega 25% de los visitantes extranjeros.

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Para reducir el impacto, la Secretaría de Turismo quiere estimular al viajero doméstico –estimado en 84% anual– y aprovechar la caída en las reservaciones para Europa Central y el Mediterráneo. A este fin destinará $1,400 millones de dólares en 2003, la tercera parte de ellos a crear 10,000 habitaciones.

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Pese a los lamentos, muchos coinciden en que la guerra no pudo llegar en mejor momento. A fines de marzo, la temporada de los spring breakers concluyó sin cancelaciones de último momento, dejando $50 millones de dólares en los destinos de playa. En abril, las breves vacaciones de Semana Santa suelen concentrar 80% del turismo interno –20 millones de mexicanos–, por lo que no habrá demasiadas pérdidas si el viajante extranjero se abstiene de venir.

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“Si el ataque hubiera comenzado en diciembre nos hubiera golpeado el doble”, asegura Sergio Sacal, director de Mercadotecnia en Six Continents, la cadena que opera las marcas Holiday Inn, Intercontinental y Crowne Plaza. Sus ventas cayeron 20% el año pasado y en el presente prevé una ligera mejora. El directivo cree que este verano las playas y las principales ciudades coloniales estarán “tan llenas como siempre”, porque las ocuparán los mexicanos que cancelaron viajes al extranjero al inicio de la guerra.

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Aunque por ahora ninguna empresa aeronáutica advierte una caída real en reservaciones, todas se preparan. “El primer trimestre se duplicaron a $500 millones de pesos los costos de las aerolíneas mexicanas respecto de 2002”, dice Juan Antonio José, consultor de aviación comercial y asesor de Aeroexpo.

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Una de las medidas para amortiguar los impactos de los últimos dos años fue reducir de 9 a 1% las comisiones de las agencias de viaje, con tendencia a tasa cero como ocurre a escala mundial.

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Por ahora, ni Mexicana ni Aeroméxico han suspendido su plan de renovación de flota, de 14 y 22 nuevas unidades respectivamente. Ambas firmas comenzaron a instrumentar un plan de tarifas flexibles y no cobran cargos por cambios o postergación de viajes hacia América del Norte y Europa.

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Ante el miedo a volar y la crisis de las principales compañías aéreas del país vecino, la Secretaría de Turismo y las cámaras sectoriales le apuestan al turismo carretero, con el cual también se podrán atraer viajantes. “Gestionamos con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes la eliminación de algunas trabas, como la restricción de circular para el transporte de paseo, al menos en la ciudad de México”, comenta Manuel Garrido, director de las Asociación de Hoteles local.

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El Consejo de Promoción Turística planea invertir hasta $20 millones de dólares en el mercado nacional y casi $60 millones de dólares en cuatro continentes. Norteamérica concentrará 70% de esa cifra, especialmente 20 ciudades de la unión americana, y Europa 22%.

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La idea es posicionar a México en el exterior como vía relativamente fuera del peligro de terrorismo. “A sólo tres horas de avión de Estados Unidos, México tiene una oportunidad de oro”, dice Juan Nozal, director comercial para Latinoamérica y Caribe en American Express Viajes de Empresa.

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Ésta, la mayor agencia a escala mundial, reforzó sus planes creados a raíz del 11 de septiembre y la recesión económica de 2002. Uno de ellos ayuda a las corporaciones a ahorrar hasta 35% en sus recorridos gracias a una central de reservas que ajusta los paquetes al presupuesto de cada organización.

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Debido a la inseguridad y tiempos de espera, México podría jalar un mercado potencial de 15 millones de estadounidenses que usualmente eligen París o Londres como destino principal. Igualmente 760,000 europeos, según algunos operadores, optarían por el país para vacacionar una vez finalizada la guerra, por resentimiento respecto a la unión americana. “Fundamentalmente franceses y alemanes”, precisan off the record algunos hoteleros.

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En esa misma línea, la Organización Mundial de Turismo señaló que la nueva preferencia de europeos y estadounidenses, fundamentalmente aquellos que pensaban viajar al norte de África y Oriente Medio, será Latinoamérica.

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¿Recuperar la maquila?
Las previsiones de Banamex contemplan que se crearán apenas 230,000 plazas laborales durante este año y que hasta 2004 se duplicará la cifra. El gobierno deberá abandonar las coordenadas que usaba hasta hace dos años, cuando el PIB y el empleo crecían a la par (1%=1 millón de empleos).

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Esa proporción ha venido cayendo. “Hoy el crecimiento económico de 3% no generaría el millón esperado”, aclara Peter Auer, jefe de Análisis en la Unidad de Empleo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El directivo mira a Europa para encontrar un ejemplo de aumento de tal concordancia. “Las reformas del mercado laboral, con la creación de contratos de tiempo parcial y de agencias de colocación, permitieron generar más puestos cuando la economía crecía.”

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Parte del sector privado teme más a la inmovilidad del gobierno que al conflicto en Irak y sus repercusiones: “2003 es año de decisiones. Sin incentivos y desorden de medidas para el sector, no sólo China sino cualquier país puede ser amenaza para México”, advierte Mejía de la CNIME, quien cabildea en el ámbito gubernamental la urgente salida de un nuevo decreto para maquilas de exportación.

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Esta industria emplea a uno de cada 12  mexicanos registrados en el Seguro Social. Su crecimiento ofrece una salida formal a los 30 millones de personas que viven en el desempleo, subempleo o la informalidad. Además, cada puesto directo genera cinco indirectos. Pero esa posibilidad está limitada, una vez más, por falta de reformas.

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Varios moscardones pueden molestar más que China. Costa Rica y Nicaragua integran un acuerdo que Estados Unidos firmó con 60 países, cuyos beneficios exceden los declarados en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y que contempla leyes fiscales de largo plazo. Paraguay está en esa línea, al igual que otras naciones con mercados internos deprimidos, que intentan dar salida a su producción.

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El TLC de Centroamérica y el Caribe es otro dolor de cabeza. Hacia esa zona emigraron varias plantas textiles y de confección, como Sara Lee y Fruit of the Loom, en busca de menores costos. A diferencia de lo que les sucedía en México, pueden comprar insumos a cualquier país del mundo y no sólo a los miembros del TLCAN.

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Con la colaboración de universidades, gobierno e iniciativa privada, las cadenas productivas permitirían crear empleo de mayor calificación y desarrollar productos más diversificados. La Secretaría de Economía está estudiando una modalidad similar.

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Mientras tanto, el gobierno no prevé abaratar la mano de obra para evitar mayor fuga de maquilas. Sólo activará en abril una nueva figura industrial, con la que se ahorrará hasta 17% en trámites al concentrar en una sola planta todo el papeleo referente a varias fábricas del mismo grupo. El decreto presidencial de simplificación administrativa y regulación es otro compromiso adoptado por la administración, que debe surgir antes de 2004. A fin de año podría proponerse un proyecto de decreto sobre maquila que reemplace al vigente.

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Ladrillos y empleos
Para paliar la situación, el gobierno ofreció un plan de 450,000 viviendas ($10 millones de dólares) y un programa de inversión de $20,000 millones de dólares en infraestructura, energía y obra pública en general, dos sectores con un alto poder de creación de empleo. Empresas como ICA –que ganó la licitación de la central hidroeléctrica de El Cajón por $750 millones de dólares– y las constructoras del viviendas sociales, Ara y Geo, se frotan las manos. También sus proveedores, porque tal desarrollo inmobiliario generará demanda de insumos 100% mexicanos, lo que eliminará el riesgo de altos costos en las importaciones.

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Por otra parte, la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF) lanzó líneas para financiar viviendas de hasta $1.5 millones de pesos, que permitirá a los constructores incrementar su participación en los segmentos medios. La organización ya tiene el respaldo federal, con el que emitió bonos en noviembre pasado por $200 millones de dólares.

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“La inversión en infraestructura se está reactivando, eso sí, de niveles muy bajos. Puede ser un sector muy resistente”, afirma Gonzalo Fernández, analista de la región Latinoamérica en Santander Central Hispano.

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Con vivienda y obra pública, el gobierno quiere generar 500,000 empleos este año. Los consultores de Banamex prevén que la construcción crecerá el doble que la industria manufacturera durante el año próximo: 4% frente a 2.5%. “Son medidas temporales, pero quita desempleo de las calles; es mejor financiar trabajos que sólo seguridad social”, opina Janine Berg, economista del departamento de Estrategia Laboral en la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

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Todo indica que la informalidad será una vez más el catalizador frente a la falta de reforma en el ámbito del trabajo y el escaso crecimiento augurado al país. “La economía informal, aunque para muchos es una forma de ilegalidad, también es una manera de generar empleo, riqueza y producto interno bruto”, afirmó públicamente el secretario de Economía.

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El INEGI reportó que este segmento creció 5% y el ambulantaje 8% durante el año pasado. Lo constituyen más de 11 millones de personas, que representan la cuarta parte de la población económicamente activa (PEA), integrada por un total de 41.8 millones de mexicanos.

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Esa masa de empleo no estructurado podría reducirse, según la OIT, si la economía crece al menos 6%. Una meta demasiado lejana para el México actual. Incluso el órgano prevé un incremento en la informalidad por la disminución de emigrantes a Estados Unidos. “Cuando la economía no prospera la presión sobre la frontera aumenta, pero con recesión en el vecino país se dará la expulsión de migrantes para regresar a México”, advierte Leo Mertens, consultor en Productividad y Mercado Laboral de la institución en el país.

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Con todo, Joydeep Mukherji, analista de México en Standard & Poor’s, invita a revisar el dicho atribuido Porfirio Díaz: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.” Con las economías de Japón y Alemania en recesión, “es una suerte estar junto al mercado más grande del mundo –pondera–; aún sin reformas habrá siempre un montón de compañías en el país para invertir.” El ejecutivo cree que existe un plazo de “dos o tres años” en el que la falta de cambios estructurales no perjudicará a la deuda de nacional.

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Aún así, el mapa no es para nada halagüeño. México no puede sustraerse a la guerra ni a sus efectos en la economía de la unión americana, su principal impulsora. Pero hay quienes están haciendo lo posible para salvar algo a tiempo. En un mar de incertidumbre, quien se duerme, se ahoga.

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