El desencanto

La magnitud real de la crisis obligó a replantear las metas económicas gubernamentales, mientras e
Juan Carlos Orozco

Todo comenzó como suelen iniciarse en México las grandes crisis económicas: con un problema de liquidez, "un problema de caja" diría en su tiempo Jesús Silva Herzog, secretario de Hacienda de la administración Lópezportillista. El diagnóstico inicial de la crisis que se manifestara abruptamente con la devaluación del peso frente al dólar, establecía que en tres o cuatro meses se estabilizarían los mercados financieros y que antes del segundo semestre la economía estaría enfilada hacia una nueva etapa de crecimiento sostenido.

- Lejos de estabilizarse, los mercados financieros se desquiciaron y las autoridades no tuvieron más remedio que reconocer la magnitud de esta crisis.

- Así, la esperanza oficial para 1995 pasó de un crecimiento económico de 1.5% a una contracción de 2% en el Producto Interno Bruto (PIB). En tanto, el vaticinio de inflación, que establecía una meta de 19%, se modificó drásticamente y se ubicó en 42%. Asimismo, se propuso la eliminación del déficit en cuenta corriente, cuando al inicio del año se esperaba uno de $14,000 millones de dólares (menos de la mitad del alcanzado en 1994).

- Adiós Pacto, adiós
Fue tan grande el éxito de las concertaciones intersectoriales durante el sexenio pasado, que varios analistas llegaron a pensar que la instrumentación de un plan de choque recesivo era impensable en México, en donde la política económica surgía del acuerdo entre los sectores.

- Así, no fueron pocos los sorprendidos cuando el pasado 9 de marzo, el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz Martínez, anunció que los precios del gas y las tarifas eléctricas se incrementarían 20%. Asimismo, a partir del 1 de abril el Impuesto al Valor Agregado (IVA) pasaría de 10% a 15%, y las tarifas de aeropuertos y ferrocarriles entre otras, se incrementarían en 20%.

- El objetivo del programa era evitar una espiral inflacionaria de larga duración, mediante el estricto control de las finanzas públicas, para las que se ha establecido una meta superavitaria equivalente a 4.4% del PIB. Además de incrementar los ingresos públicos, el sector público buscará el superávit financiero mediante la contracción del gasto programable, mismo que se reducirá en 9.8%, en términos reales.

- En política cambiaria, la escasez de recursos externos no dejó más camino que el de la flotación de la paridad. Los altos precios del dólar se combatirán con el reforzamiento de la restricción monetaria e intervenciones ocasionales del Banco de México (BM) en el mercado cambiario. Esta estrategia implicaría la permanencia de altos costos financieros para las empresas, ya que sólo el ofrecimiento de tasas de interés reales positivas evitará que los recursos disponibles se orienten a la compra de dólares.

- Aunque los salarios mínimos recibieron un incremento de 10%, además de bonificaciones fiscales, el deterioro del poder de compra seguirá avanzando.

- La "era de los Pactos" llegó a su fin. En los días previos al choque, los diversos sectores económicos hicieron propuestas contrarias a las medidas que ya se adoptaron.

- ¿Qué pasó?
Después de dos meses de crisis, los agentes económicos no podían explicarse cómo en tan corto periodo México había abandonado el mundo de los países ricos.

- Al término de 1993, aunque la economía había registrado un magro crecimiento de 0.6%, la cosecha financiera había alcanzado su punto máximo y las reservas internacionales del Banco de México acumularon $24,537.5 millones de dólares.

- A lo largo de ese año las grandes empresas nacionales colocaron enormes sumas de acciones y bonos de deuda en los principales mercados del mundo, al tiempo que buena parte de los valores gubernamentales descansaban en manos de extranjeros. El enorme flujo de dólares mantenía barato el precio de la divisa extranjera y las importaciones de bienes y servicios crecían a ritmos impresionantes.

- El ahorro externo se convirtió en un importante componente de la inversión y el consumo, pero eso no era motivo de preocupación para las autoridades: es normal que una economía como la mexicana, con tan bajos niveles de ahorro, se financie con recursos del exterior, decían los administradores públicos.

- Todo indicaba que en 1994 se mantendría la misma tendencia. Pese a que la insurrección chiapaneca causó pánico entre los agentes económicos nacionales (en el primer trimestre se fugaron capitales por casi $3,700 millones de dólares), los extranjeros no se inmutaron con la guerra y el flujo de sus capitales se mantuvo: en el periodo enero-marzo de 1994 llegaron inversiones extranjeras por $9,693.7 millones de dólares ($7,846.8 millones a cartera y $1,846.9 millones a proyectos productivos).

- En el segundo trimestre de 1994 hubo una nueva estampida de capitales hacia el exterior, provocada por el asesinato de Luis Donaldo Colosio, que rebasó los $3,000 millones de dólares. Al igual que en el primer trimestre, no eran los extranjeros los que se llevaban los capitales. Y es que, en buena parte, la salida de los extranjeros se evitó con la famosa colocación de Tesobonos, instrumento de cobertura cambiaria al que se agregó el atractivo de altos rendimientos. Así, sólo trasladaron a Tesobonos sus recursos invertidos en Cetes.

- El flujo infinito de recursos externos era la clave para seguir financiando el cuantioso déficit de la cuenta corriente, pero éste por fin se contrajo. En el segundo trimestre de 1994 sólo llegaron al país inversiones extranjeras por $2,835 millones de dólares ($1, 620.5 millones a proyectos productivos y $1,215 a cartera). Esta caída, el cuantioso déficit de la cuenta corriente y la fuga de capitales hicieron que al término del primer semestre de 1994 la reserva bruta de divisas registrara una caída de casi $9,500 millones de dólares.

- La calma poselectoral permitió que buena parte de los capitales fugados regresara al término del tercer trimestre. Entre julio y septiembre de 1994 la balanza de pagos del país registró una entrada de capitales por $4,241.1 millones de dólares, mientras que la inversión extranjera ascendió a $4,620.2 millones de dólares.

- Con todo, el déficit seguía creciendo y la contracción del flujo de recursos externos -en 1993 el superávit de la cuenta de capital fue de $30,882.3 millones de dólares, mientras que a septiembre de 1994 apenas superaba los $14,300 millones- amenazaba seriamente a la reserva de divisas.

- La devaluación fue el último recurso. Al no estar acompañada de un control cambiario no tuvo los efectos esperados: Al término de 1994 la reserva internacional del BM era de sólo $6,148 millones de dólares.

- La forma en que se negoció el paquete de apoyo financiero del gobierno estadounidense y del Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyos recursos sólo servirán para amortizar Tesobonos y para apoyar a la banca nacional en el cumplimiento de sus obligaciones con bancos del exterior, indica que, contrario al comentario generalizado de que la salida de capitales extranjeros provocó la devaluación, fueron los capitales nacionales quienes abandonaron el barco en las últimas semanas de diciembre, en tanto que los inversionistas extranjeros se quedaron atrapados con $17,000 millones de dólares en Tesobonos.

- Por el bajo nivel de la reserva y la cancelación del flujo de recursos externos, el país no tenia medios para garantizar la satisfacción de la demanda potencial que entrañaba la posición de extranjeros en estos valores gubernamentales.

- Además del conflicto de mercados financieros provocados por esto, el sector real de la economía vio desaparecer su principal fuente de financiamiento: los recursos externos que financiaban el consumo y la inversión.

- De Chile, de dulce y... de recesión
La propuesta oficial de establecer la Unidad de Inversión (UDI) hizo que los analistas y agentes financieros y económicos volvieran los ojos a la economía chilena, en donde funciona la Unidad de Fomento, un esquema de tasas de interés reales, similar al que instrumentará México.

- Con la adopción de instrumentos probados en Chile y en una suerte de pase mágico, la gran mayoría de empresarios y analistas pensaron que el futuro inmediato de la economía nacional se ubicaba en la fase actual de la chilena, la cual crece a tasas superiores a 6% y con inflaciones anuales cercanas a 10%.

- Sin embargo, el plan económico de marzo indica que, en caso de seguir el modelo chileno, en estos momentos la economía mexicana se encuentra en la fase de ajuste, misma que a Chile le costó una contracción económica de casi 15% en 1982 y una caída adicional cercana a 2% en 1983.

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- Es preciso apuntar que en la crisis mexicana no se encuentran algunos elementos negativos, como la caída de los términos de intercambio que estuvieron presentes en el drástico ajuste chileno.

- Sin embargo, la dureza de las medidas anunciadas por la actual administración hace ver optimistas sus vaticinios del entorno económico de corto y mediano plazos. Así, es muy probable que en 1995 la contracción del producto nacional se acerque a 4% y la tasa de inflación llegue a 53.6%. Además, la magnitud de la crisis alcanzará para mantener la recesión hasta el próximo año.

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