El dilema de la inflación

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Joel Martínez *

Ahora que el banco central parece ganar la guerra contra la inflación, nace el fenómeno de la deflación mala, derivada del estancamiento económico. La meta del Banco de México para este año es una inflación de 3%, más un rango de tolerancia de un punto. En pocas palabras: con no rebasar 4% en 2003 la meta oficial estaría lograda.

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El año abrió con un consenso de los especialistas en 4.16%. Sin embargo, para el 11 de abril la encuesta semanal de expectativas inflacionarias realizada por Infosel Financiero arrojó un pronóstico de los analistas de 4.50%. La causa fundamental fue la crisis cambiaria generada por la especulación en el mercado de futuros del peso, en  Chicago. El gobierno y Banxico han sometido la corrida contra la moneda nacional y con ello las expectativas de aumento en los precios al consumidor. El sondeo del propio Infosel al 4 de julio arroja un acuerdo de 3.87% de inflación para 2003.

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La puntilla en el ajuste de los pronósticos la dio el reporte de deflación de 0.02% en la primera quincena de junio, pues la inflación en mercancías es el indicador en donde se refleja el efecto pass through, es decir, la contaminación inflacionaria por una depreciación del peso, y esto demuestra que hay alta tolerancia a un tipo de cambio superior a $10.50 pesos.

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Según un análisis de Edgar Amador, de Stone & McCarthy, estamos frente a un fenómeno de deflación mala, pues mientras la buena proviene de un “choque de oferta”, vale decir, de un evento aislado que produce beneficios al resto de los sectores, con aquélla el nivel general de precios cae porque la economía se encuentra estancada y los minoristas no tienen más remedio que recortarlos.

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Para el analista no hay rastros de deflación buena en los datos de la primera quincena de junio, cuando los precios que produjeron la caída de la inflación fueron los de jitomate, trajes, huevo, lociones, paquetes turísticos y melón. Ninguno de tales artículos tiene que ver con tarifas eléctricas y si bien muchos de ellos pertenecen al volátil componente de alimentos, bebidas y tabaco, los signos vitales son los de una economía estancada que no se puede dar el lujo de aumentar los precios.

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Banxico parece haber acabado con la rabia (la inflación), pero probablemente está matando al perro (la economía).

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Si ésta no crece no habrá inflación, pero tampoco empleo, aumentos de salario, ni mejora del bienestar de manera sustancial.

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Un poquito de deflación ayuda, pero a lo mejor la que busca Banxico no es precisamente la que tenemos actualmente.

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* El autor es analista de temas económicos y financieros. Comentarios a: editores@expansion.com.mx.

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