El dulce sabor del éxito

Estrella juvenil del rock mexicano en los años 60, ahora gracias a la elaboración de pasteles que
Alba Leal García

Incursionó en los escenarios durante la década de los 60, cuando el rock n´roll estaba en pleno apogeo y cientos de jóvenes bailaban con ella al ritmo de "Muévanse todos", el popular programa de televisión que se trasmitió en Monterrey de 1964 a 1969. Cuando empezó, Vianey Valdez tema 17 años y fue todo un hit; hoy, su nombre no ha perdido popularidad, pero su público ha cambiado, pues ahora, en lugar de canciones, lo que le piden son pasteles.

- Después de trabajar durante casi 20 años en el mundo de la música, primero como cantante de rock y después corno productora de jingles, Vianey entró al negocio de la repostería hace unos siete años, cuando una amiga suya, "que hace muy buenos pasteles", la invitó a asociarse. Sin pensarlo mucho decidió aceptar, aunque admite que a ella los pasteles no le gustan y nunca pensó que pudieran ser su fuente de ingresos.

- En esos días no era todavía una experta en repostería, así que iba a casa de su socia para aprender las recetas, y después las preparaba en su casa. Ambas estaban directamente a cargo de todo, desde la compra de los ingredientes hasta el último detalle de la presentación de los pasteles. Gran parte de la labor de ventas la hizo Vianey: "Mi trabajo me permitía abordar en restaurantes y cafeterías a gente que me conocía. No me era difícil presentarme y decirles que tenía una línea de pasteles. Abusando un poquito de quienes me conocían, muchos me hicieron el favor de comprar los productos; y como lo que hacíamos era muy bueno, la aceptación de la gente fue la que hizo el resto."

- Tiempo después, ambas amigas decidieron deshacer su sociedad y comenzaron a trabajar de manera independiente. Ella agregó nuevos postres en su línea de productos y ahora está asociada, en ciertas áreas, con dos amigas: Teresa de Barragán y Nohemí de Ortiz, quienes están más orientadas a hacer platillos salados. De esta forma, Valdez puede ofrecer un servicio más variado y completo a quienes ya se han vuelto fanáticos de sus pasteles.

- Vianey atiende pedidos particulares y es proveedora de restaurantes y cafeterías regias, como Los Mostos, Bocatti, El Gaucho, Cenaduría San Marcos, el Museo de Arte Contemporáneo (Marco), Los Generales, Hacienda San Ángel, el Casino Monterrey y las cadenas Jack & Ray y Martins. A través de esta última, entró a Saltillo y Laredo, y todo indica que sus pasteles pronto serán saboreados en Torreón. Además, ya logró que esta misma cadena le dé crédito a los pasteles con su nombre. De esta forma, es más fácil que los comensales los identifiquen y los vuelvan a pedir.

- La obsesión por el control. Vianey es hiperactiva por naturaleza y le gusta estar al tanto de todo lo que sucede en su negocio. Por eso, todo se hace en su casa, donde instaló un horno industrial y varias estufas domésticas. Trabaja con cuatro empleadas, que ella misma capacito para mantener el estándar de calidad que sus clientes ya conocen y demandan.

- La producción diaria se hace sobre pedido y varía en función de la temporada y del día de la semana, pero en promedio vende de 200 a 250 pasteles semanales. "Mi trabajo es muy noble, de mucho esfuerzo físico y mucha atención", explica esta microempresaria que no tiene intenciones de crecer, pues el servicio que actualmente proporciona es el que puede supervisar. Esta forma de pensar la resume en una sencilla frase: "Prefiero vender poco, pero bien controlado."

- En temporadas de alta demanda, como los meses de mayo o diciembre, exige al menos 15 días de anticipación en los pedidos, ya que sólo tiene capacidad para preparar 100 pasteles diarios. "No puedo pensar en guardar un pastel de un día para otro." En algunos casos, Valdez entrega pedidos los días 8 y 9 de mayo, pero es una práctica que trata de evitar hasta donde le es posible.

- La Navidad también es una época muy especial para este negocio. Es entonces cuando Vianey aprovecha para vender otras variedades, como el pastel de frutas, galletas y tortugas de chocolate. El 24 de diciembre, cuando casi toda la gente pasa el día entre desayunos, comidas, regalos y abrazos, para ella es una jornada de intensa actividad. Termina casi a las ocho de la noche y muchas veces se ha quedado sin pastel para la cena familiar, a la que obviamente llega "muerta, sin ganas de nada".

- Como en todo negocio, hay anécdotas curiosas que en su momento fueron motivo de pequeñas crisis y después invitan a la risa. Una de ellas sucedió un día de Año Nuevo, cuando prepararon la última remesa de pasteles con sal en lugar de azúcar. Como nadie probó la masa, los postres fueron entregados en los restaurantes y por supuesto que el 1 de enero el teléfono empezó a sonar muy temprano. No hubo más remedio que trabajar el primer día del año para reponer los pedidos y dejar tranquilos a los clientes.

- Pero, ¿cómo es un típico día de trabajo? La actividad empieza a las nueve de la mañana y sólo se aceptan pedidos hasta antes de las 10, porque casi todos los ingredientes son del día, sobre todo las frutas. Vianey se encarga de hacer las compras, asigna responsabilidades a sus empleadas y al mismo tiempo supervisa el movimiento normal de su casa, pues la comida tiene que estar lista para la hora en que llegan su esposo y sus dos hijos adolescentes. Por la tarde, entrega personalmente los pedidos en los restaurantes, pues le gusta ser testigo de cómo se manejan sus pasteles, es decir: cómo están exhibidos, por qué no se venden, cuál es el que tiene más demanda, en fin, detalles que difícilmente atendería un chofer.

- Competencia por el sabor. La repostería casera es un buen negocio en Monterrey. "Hay gente muy preparada, que tiene muy buena mano, pero siento que hay para todos", dice Vianey al tiempo que revisa notas, cheques y pendientes. Su facturación mensual fluctúa entre N$30 y N$40,000 nuevos pesos, pero no puede hablar de una cifra exacta de utilidades porque el precio de las materias primas es muy variable, de hecho, los gastos también están en un rango de N$20 a N$30,000 pesos mensuales.

- Ofrece a sus clientes alrededor de 20 variedades de productos, entre pasteles, pies y pastelillos, pero constantemente está buscando nuevas recetas y las promueve en los meses de más venta, como mayo y diciembre. En este negocio del sabor, Valdez reconoce que la crítica es vital. Por eso, antes de lanzar un nuevo postre al mercado, hace varias pruebas entre sus amigas y vecinas; son ellas las que dan el visto bueno.

- El prestigio del que ahora goza esta pequeña empresa es producto del trabajo diario, aunque también ha experimentado momentos difíciles. Vianey recuerda especialmente el caso de un restaurante que le pidió exclusividad y, de pronto, sin previo aviso, dejó de comprarle. De un día para otro, se quedó sólo con los clientes particulares y un pastel a la semana que entregaba a una pequeña cafetería.

- En esos días, por azar, recibió la llamada de un amigo suyo, director de publicidad del periódico con mayor circulación en Monterrey. Charlando sobre la situación de su negocio, él le sugirió que empezara a anunciarse, lo cual le pareció una idea ridícula, pues hay demasiadas personas que se dedican a lo mismo. Su amigo estuvo de acuerdo, pero también le dijo que no todas se llamaban Vianey Valdez y le aseguró que muchos le pedirían pasteles, sólo por la curiosidad de verla de nuevo, pues se había alejado completamente del espectáculo. La idea funcionaó. Desde entonces, los clientes no han faltado y los pasteles de Vianey ahora son tan populares come, hace tiempo lo fueron sus canciones.

Ahora ve
Doce de los 40 aspirantes a ser candidatos independientes a la presidencia
No te pierdas
×