El fantasma del desempleo

Frente a la crisis del empleo en el mundo, México sólo puede competir mejorando su sistema educati
Alejandro Castillo

Pese a los compromisos que ha asumido la administración de Ernesto Zedillo con el fin de generar empleos, será muy poco lo que pueda lograr, a menos que se modifiquen las tendencias del desarrollo global.

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En la actual etapa del crecimiento económico cada vez se requieren menos trabajadores para mantener los volúmenes de producción, lo que genera excedentes de fuerza de trabajo que presionan a los salarios a la baja.

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El proceso se intensifica en la medida en que países como China, India y los de Europa del Este –con una enorme disponibilidad de mano de obra– ingresan a los circuitos comerciales incorporando tecnologías avanzadas.

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Así, en el mundo se observan cambios en la esfera del empleo. Lo mismo en Argentina que en Corea del Sur, se toman medidas para flexibilizar las relaciones laborales, en un proceso en el cual incluso potencias como Alemania y Japón enfrentan dificultades para evitar que se deterioren las condiciones de vida de sus trabajadores, ante la decisión de sus firmas de instalarse en países donde la fuerza de trabajo resulte más barata. En algunos países industrializados cada vez se acepta más el hecho de que el crecimiento económico no implica la generación de empleos, causando una enorme frustración en grandes sectores.

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Como ya se ha señalado en otras ocasiones, México –con sus casi 94 millones de habitantes– se encuentra objetivamente en una posición intermedia: sus salarios son bajos, pero no tanto como para competir con China; dispone de tecnología, pero no tan avanzada como para ganarle a los países desarrollados. Sin embargo, refleja las mismas tendencias que se observan en el mundo.

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Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en el periodo enero-octubre de 1996 el índice de personal ocupado en la industria manufacturera creció 1.58% en relación con el de los primeros 10 meses de 1995. Es decir, hubo una recuperación del empleo manufacturero después de la caída de 9% que se acumuló hasta octubre de 1995. Sin embargo, es necesario aclarar que la reducción empezó antes de la crisis y sólo en 1994 bajó 3.3% en relación con 1993. Así, es poco probable que el empleo crezca rápidamente una vez que se recupere el nivel de 1994.

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En cambio, la crisis sí afectó directamente al comportamiento de las remuneraciones; hasta octubre de 1995, el índice de éstas en la industria manufacturera reportó una contracción promedio de 10% en relación con el promedio de enero-octubre de 1994, año en el que alcanzó su nivel más alto. A esa caída se sumó otra, de 11%, en los primeros 10 meses de 1996.

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En sentido inverso a los indicadores de empleo y remuneraciones, el índice promedio del volumen de producción correspondiente a enero-octubre de 1996 recuperó lo perdido en 1995 y superó en 6% al registro del mismo periodo de 1994.

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Con los indicadores de empleo y de producción se puede tener un índice de productividad. En todo caso, el comportamiento es siempre ascendente y la crisis lo desacelera. Así, considerando los promedios de enero-octubre, se observa que la relación entre el índice de volumen de producción y el de personal ocupado creció 4.7% en 1995 y 9.6% en 1996.

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Si se comparan los índices de producción y remuneraciones se observa que después de una ligera caída en 1994 –cuando éstas últimas alcanzaron su nivel más alto–, esa relación crece 6% en 1995 y 26% en 1996.

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Ese comportamiento permite al país competir en el exterior. El problema reside en que el esquema de crecimiento impide atender las necesidades de empleo para una población que incorporará a la edad adulta a dos millones de personas anual- mente en los próximos 15 años.

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Por otra parte, es poco probable que las sociedades permitan que siga la tendencia a la destrucción del trabajo. De hecho, ya se habla de una cláusula social que podrían imponer los países industrializados para frenar el acceso a sus mercados de aquellos productos provenientes de naciones que no respeten las condiciones laborales.

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