El futuro ya no es como antes

Ahora ni las elecciones en Estados Unidos funcionan como antaño. Esto se pone interesante, pero dif
Ricardo Medina Macías

Antes el futuro venía con envolturas predecibles. Ya no más. Uno votaba por la oposición para dejar testimonio de que era “gente decente” pero sabía que, por la buena o por la mala, el PRI ganaría.

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Uno esperaba cada cuatro años el primer martes de noviembre las elecciones presidenciales en Estados Unidos y sabía que por la noche se conocería, a ciencia cierta, el nombre del futuro presidente yanqui.

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Uno sabía que las chicas bien entraban a la universidad para recibir cierto lustre cultural, tal vez encontrar un buen partido GCU (“gente como uno”) y después casarse, tener hijos, e incorporarse de pleno al universo de las señoras de la buena sociedad.

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En los tres casos, por no mencionar muchos otros, el futuro era predecible. Aburrido como un noticiario en el que lo más excitante era cuando Zabludowski advertía: “Señora, dele un codazo a su marido, estará en el estudio Olga Breeskin.”

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La voltereta es brutal. Ahora gana la oposición una elección presidencial, con lo cual la “gente decente” que siempre votábamos por el pan nos hemos quedado perplejos: ¿qué se hace cuando por fin, después de haberle hallado gusto a eso de ser “místicos del voto” el candidato por el que se votó gana las elecciones?, ¿celebrar?, ¿pedir chamba en el gobierno?, ¿burlarse de los priístas?, ¿rezar para que todo salga bien?, ¿cambiarse de partido?

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Ahora, las otrora chicas bien son aguerridas mujeres, muchas de ellas divorciadas, activistas de causas “políticamente correctas” o, lo que es peor, ejecutivas exitosas.

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Ahora, para colmo, ni siquiera las elecciones en Estados Unidos funcionan como antes.

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Esto se pone interesante, pero dificulta el trabajo para muchos de nosotros: los encuestadores fallan, los humoristas tienen que renovar el repertorio, los psiquiatras tienen que lidiar con traumas que se incubaron no en la lejana infancia sino hace un par de horas y los periodistas que escribimos por adelantado tenemos que echarnos un clavado en el futuro incierto y orar para no equivocarnos y quedar en ridículo.

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El lector tiene toda la ventaja. Para cuando lea estas líneas ya se sabrá, probablemente, el nombre del triunfador en las elecciones de Estados Unidos; el gabinete de Fox ya se habrá dado a conocer, lo que resolverá muchas incógnitas apasionantes; ya se sabrá si la señora Dulce María Sauri logró que los priístas hiciesen el papelón de no asistir a la ceremonia de cambio de poderes y decenas de cosas más.

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No es justo. Pensaba contarle a los lectores el más reciente chiste sobre las elecciones de Estados Unidos (“dicen que Dios originalmente le dio a Moisés ocho mandamientos, pero el problema fue que Moisés pidió un recuento a mano... y aparecieron dos mandamientos olvidados debajo de una banca en una iglesia de Palm Beach, Florida”), pero para cuando lo lean el chiste será viejísimo y los acontecimientos sobre los que hace sorna serán historia.

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Tampoco puedo hacer un chiste sobre la señora Rosario Robles diciendo que no acepta entrar al gabinete de Fox porque “no se halla”. ¿Qué tal si para cuando usted, aventajado lector, lea esta columna, la señora Robles ya se encuentra confortablemente instalada en el gabinete? ¡Brrr!, ¡Dios y el señor Fox no lo permitan!

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Ni hablar de bromas sobre las declaraciones de la vocera de Fox, quien dijo que el gabinete se daría a conocer los días 22, 24 y 27 de noviembre pero que advirtió tras el anuncio: “Si no es así, de antemano les pido disculpas...”

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Ni siquiera suena atractivo hacer mofa de los desplantes de  Dulce María Sauri, dirigente del pri, amenazando que o volvían a contar los votos de Jalisco o los priístas no asistirían a la toma de posesión de Fox (¡qué miedo!). Aun en este caso de una política experimentada que confunde la gimnasia con la magnesia, el chiste ya será viejo. Todo porque el futuro ya no es como antes. ¿Entiende el lector por qué en estas circunstancias los periodistas que escribimos por adelantado llevamos las del perder? El futuro ya no es como antes... pero se antoja más entretenido. Abróchense los cinturones.

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