El gas, ¿la maldición de Bolivia?

De qué le sirve a Bolivia tener las reservas más elevadas de gas en la región, si el beneficio es
Julio Faesler

México y Bolivia tienen grandes riquezas subterráneas y, sin embargo, no acaban de usar sus hidrocarburos de manera que el pueblo –ética y constitucionalmente dueño de ellos– obtenga un verdadero provecho. Los indígenas bolivianos, 65% de una población de 8.7 millones, han quedado dramáticamente desatendidos por las élites que absorben una parte desproporcionada del Producto Interno Bruto (PIB) de $9,000 millones de dólares. Unas 20 empresas extranjeras controlan el gas boliviano, cuyas reservas calculan algunos expertos en 53 billones de pies cúbicos. Sólo 25% del empleo es generado por las grandes compañías que explotan los recursos naturales. Estalla la revancha popular que ve en la izquierda la solución a sus problemas.

- El socialismo que piden no es el nacional socialismo, ni el soviético de los años 30 del siglo pasado. El pueblo boliviano propone nacionalizar con radicales reformas fiscales y programas para la educación, salud, vivienda y desarrollos regionales internos. Las élites industriales en la próspera ciudad de Santa Cruz, temiendo un gobierno populista, pugnan por la autonomía de su región para desligarse de tal régimen y del movimiento indígena que lo nutriera.

- En el caso boliviano convergen varios ingredientes, además de la dignidad que reclama 63% de la población que vive en extrema pobreza. También afloran los desesperados cultivadores tradicionales de la coca de la región de Yungas, imbricados en la del narcotráfico orientado a surtir la demanda de los miles de adictos estadounidenses. Los cocaleros se alzan contra la destrucción de sus cultivos y las restricciones oficiales impuestas y supervisadas por Estados Unidos.

- Estos componentes detonan las violencias callejeras dirigidas por líderes como Evo Morales, que encabeza el Movimiento al Socialismo. En 2003 Gonzalo Sánchez de Lozada dejó la Presidencia y en junio de 2005 dimitió Carlos Mesa. Confiados en su fuerza, pueden hacer lo mismo con el nuevo presidente Eduardo Rodríguez si no nacionaliza las industrias de gas y petróleo y promueve una nueva Constitución. De no haber otro sobresalto los bolivianos podrán finalmente elegir presidente y vicepresidente, prefectos (gobernadores) y legisladores en diciembre próximo, gracias a un acuerdo alcanzado por la mayoría de las fuerzas con representación parlamentaria. Con estos comicios, los bolivianos renovarán por completo el sistema de representación política, y serán las nuevas autoridades surgidas del mandato popular las que conducirán la reformulación institucional de Bolivia, con el referéndum por las autonomías y la reforma constitucional.

- Pero el gran pendiente es el gas. Se trata de reinstaurar la nacionalización del gas decretada en 1969 y anulada por la Ley de Capitalización de 1996. Entre las afectadas estarían la Exxon-Mobile, Royal Dutch Shell, Repsol-YPF y Petrobras. La Suprema Corte canceló recientemente 72 de sus contratos por no haber sido aprobados por el Congreso. Se elevaron al doble los impuestos a las compañías. Queda la gran interrogante de cómo atraer las cuantiosas inversiones extranjeras que se requieren.

- Bolivia es país mediterráneo. Su salida al mar, que sus vecinos cerraron al perder la Guerra del Pacífico en el siglo xix, es su única vía para llegar a atractivos mercados como el de México, Estados Unidos o los de Asia. Sin puerto marítimo tendrá que seguir ateniéndose a los mercados limítrofes sudamericanos. Los rebeldes que demandan una nueva Constitución, que defina de una vez por todas cómo han de beneficiarse las mayorías de los recursos del subsuelo, confían en que crezcan las necesidades internacionales de gas para que sus reservas se vuelvan más estratégicas, a medida que las mundiales disminuyan. Sobrarán clientes, incluso vecinos, cuando Bolivia termine de conciliar y ajustar su régimen legal interno.

- El autor es experto en política exterior.
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juliofelipefaesler@yahoo.com

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