El gran TEO

Con una inversión de 19,000 MDP, el Túnel Emisor Oriente será el drenaje profundo más grande de Latinoamérica. Las firmas constructoras trabajan 24 horas para terminar la obra antes de 2014.
1072 picf026a  (Foto: Duilio Rodríguez y Alex Hernández)
Ximena Soto Meléndez

Lo que hoy es sólo un túnel cubierto de cemento, en 2014 se convertirá en el drenaje profundo más grande de América Latina. Se trata del Túnel Emisor Oriente (TEO), el cual transportará 150 metros cúbicos de aguas negras por segundo. Su construcción es de 62 kilómetros. Inicia en la Ciudad de México, atraviesa el Estado de México y desemboca en Hidalgo, a sólo metros del portal de salida del Túnel Emisor Central, el único desagüe en operación en el Distrito Federal.

Con un costo de 19,000 millones de pesos (MDP), el TEO servirá para evitar que la cuenca del Valle de México se inunde por lluvias atípicas que sobrepasan la capacidad del sistema de drenaje profundo y afectan las zonas bajas de la ciudad, pasos a desnivel y túneles viales. Esto provoca pérdidas materiales, caos vial y descontento en la población.

José Ramón Ardavín, subdirector general de Agua Potable, Drenaje y Saneamiento de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), atribuye los problemas del drenaje a varios factores: basura en las calles, falta de mantenimiento del Túnel Emisor Central, lluvias excesivas causadas por el calentamiento global, el crecimiento demográfico, invasión de cerros y lomas y una mala planeación urbana.

Según datos de la Conagua, la ciudad se hunde hasta 40 centímetros al año. Con su circunferencia de siete metros, el TEO incrementará la capacidad de desagüe hasta 30 metros cuadrados por segundo más que el Túnel Emisor Central y le dará un respiro a éste, para que su desgaste se subsane.

La necesidad de construir el TEO se debe a que el Emisor Central estaba destinado a transportar sólo agua de lluvia  pero, desde 1975 -y sin descanso-, también se encarga de las aguas negras. A esto se suman los hundimientos por explotación acuífera y a que la población del DF se duplicó desde mediados de esa década. Además, al trabajar a su máxima capacidad, es imposible darle mantenimiento. Con el TEO, se podrá dar asistencia a ambos drenajes y se solucionarán las fallas actuales, ya que trabajarán de forma intermitente.

Según la Conagua, 55% de la inversión se realizó con recursos federales y 45% provino de la iniciativa privada, y comprende la construcción, materiales, supervisión, asistencia técnica en maquinaria y una gerencia externa. La obra está cargo de COMISSA, un consorcio formado por empresarios como Bernardo Quintana, con Ingenieros Civiles Asociados (ICA), y Carlos Slim, con Carso Infraestructura y Construcción (CICSA). También participan Construcciones y Trituraciones (COTRISA), Constructora Estrella (CESA) y Lombardo Construcciones.

La obra nació en septiembre de 2007, sin embargo, su planeación y edificación arrancó en 2008. Hoy, aunque la segunda etapa de construcción está terminada, la obra no se detiene. Más de 12,000 personas (7,000 empleados directos) trabajan sin parar para que el TEO esté listo en 2014.

La solución. La obra beneficiará a 20 millones de habitantes y estará formada por 24 lumbreras con profundidades que van de 26 a 150 metros (equivalente a un edificio de 50 pisos). La construcción se dividió en seis secciones que miden 10 kilómetros cada una. El TEO iniciará en la segunda lumbrera del túnel interceptor del río de los Remedios y terminará en Atotonilco de Tula, en Hidalgo. A dos kilómetros del portal de salida, la banda de desechos extrae arcilla verde o tierra espumada para después transportarla a sitios de volteo o ser donada a lugares que necesiten material.

El proceso. Tras la excavación, para evitar que el suelo se desplome, las tuneleras instalan piezas de acero y concreto en forma de cilindro, conocidas como dovelas. La fabricación de una dovela tiene que cumplir el nivel de calidad que evitará accidentes y desgastes, por lo que el proceso es supervisado por los laboratorios de control de calidad de las empresas involucradas. Para garantizar el suministro, el proyecto incluye la creación de tres plantas de dovelas que, en conjunto, producirán 567 piezas al día. México es el primer país en tener tres plantas de dovelas: una en Potrero, operada por ICA; la de Zumpango, que es manejada por Carso; y en Huehuetoca, con trabajadores de ambas empresas. Para revestir los 62 kilómetros del TEO se colocarán más de 300,000 dovelas.

A contrarreloj. En 2006, el gobierno federal junto con ingenieros de distintas instituciones hicieron un simulacro para proyectar lo que sucedería si fallara el Túnel Emisor Central. Como resultado encontraron que la ciudad se inundaría y algunas zonas se perderían por completo. Así inició el programa de sustentabilidad hídrica de la cuenca del Valle de México, que consiste en mejorar el drenaje profundo y evitar la explotación de mantos acuíferos cerca de la ciudad. Para apoyar ambos túneles, se tienen tres plantas de bombeo cuyo objetivo es extraer agua del cauce residual y transportarla al Gran Canal. Se empleó a ingenieros, operadores, supervisores de obra, soldadores, obreros y transportistas locales. En la foto, la plataforma de trabajo en el sitio de excavación a dos kilómetros de la salida.

Trabajo continuo. La entrada del agua que recibirá el TEO está en la segunda lumbrera del túnel interceptor del río de los Remedios. Para su construcción, se crearon 7,000 empleos directos y 5,000 indirectos, que continuarán hasta que finalice la obra. Para el ensamblaje y la excavación se requieren tres turnos, con lo que se garantiza un avance continuo al no detener el trabajo. El TEO generará ventajas para la población local y más adelante, mejorará la economía del valle del Mezquital, que será el receptor del agua una vez que esté tratada. Así, se mejorará la capacidad del Emisor Central y la capacidad de desagüe para el DF. En la construcción del TEO participan instancias como la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Conagua, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la Secretaría de la Función Pública (SFP), el Gobierno del Distrito Federal (GDF), el gobierno del Estado de México y el de Hidalgo.

Los involucrados. Los trabajadores deben portar equipo de seguridad durante el tiempo que laboren en la obra. En cada sitio se tiene una brigada de protección y rescate que se encarga de verificar que se sigan las normas de seguridad, que el equipo se use correctamente y, en caso de algún accidente, son los que dirigen las labores para atender el siniestro. La construcción del TEO, lumbreras y plantas de tratamiento y bombeo se financian con un fideicomiso formado con las contribuciones de los ciudadanos por el uso y aprovechamiento del agua potable. El objetivo del fondo es que se enfoque en obras que garanticen la sustentabilidad del Valle de México, que disminuya la extracción de agua del subsuelo y se reutilicen los desechos líquidos de la ciudad, a través de riego legal de agua tratada. La ingeniería básica estuvo cargo de la CFE. La gerencia externa está bajo la supervisión de GICO; el proyecto y la construcción son realizados por ICA, CICSA, COTRISA, Lombardo Construcciones y Construcciones Estrella.

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El toque final. Un obrero da los toques finales a una dovela en la planta doble de ensamblaje de Huehuetoca. Antes de salir de la fábrica, se colocan las piezas plásticas que funcionarán como aislante y se revisa la calidad de los segmentos, que deben estar en perfecto estado o no pueden enviarse a la zona de perforación. Si alguna pieza presenta una avería, es enviada a reparación. La obra total contará con un aproximado de 41,300 anillos de concreto, lo cual se traduce en más de 330,000 piezas individuales, de diferentes formas y tamaños. Hasta julio de 2011 se tenían listas 12 de 24 lumbreras y el portal de salida. La construcción del TEO ostenta récords mundiales, entre ellos, está la profundidad de la lumbrera -20 de 150 metros- y el TEO como la obra más grande de su tipo.

El corazón. La planta de dovelas en Huehuetoca, operada tanto por ICA como por Carso, recibe los materiales necesarios que son procesados para la obra: cemento, grava, arena y varillas premodeladas. Aquí se producen 63 dovelas al día; después de su fabricación se dejan reposar entre dovelas del mismo tamaño, son inspeccionadas por el departamento de calidad y finalmente se apilan las necesarias para formar un anillo. Luego son almacenadas. Se quedan a la intemperie hasta que puedan ser transportadas al sitio de ensamblaje. Antes de ser enviadas a la obra, se coloca un sello plástico en las orillas, para evitar fugar de agua. Cada anillo pesa alrededor de cinco toneladas. Existen cuatro diferentes tipos de dovelas que están hechas para embonar a la perfección y miden 1.50 metros de ancho.

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