El Hitler de Venezuela

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Francisco Gil Villegas M.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tiene demasiadas afinidades con Adolfo Hitler, como para que pasen desapercibidas en la creciente preocupación por el futuro de las democracias latinoamericanas. En 1923 Hitler fracasa en su intento por llegar al poder mediante un golpe de Estado, mejor conocido como “el Putsch de la cervecería”, y como resultado es encarcelado en la prisión de Landberg donde redacta Mein Kampf, en la cual expone cómo piensa aprovechar las instituciones democráticas de la República de Weimar para llegar al poder y establecer un régimen dictatorial. En febrero de 1992, el teniente coronel Hugo Chávez fracasa en su intento de golpe de Estado, es encarcelado y empieza a planear la forma de llegar al poder utilizando las instituciones que había intentado derrocar. Tanto Hitler como Chávez salieron de la prisión para competir en el marco de las instituciones que despreciaban y esperaban destruir tan pronto el voto del electorado les diera el “mandato”. Mediante campañas populistas, pero sin enemistarse con los empresarios, ganaron sus elecciones. Una vez en el poder, ambos cumplieron su promesa de deshacerse de la constitución vigente y de la división de poderes, a fin de no obstaculizar la concentración de atribuciones en una dictadura de facto disfrazada de democracia “directa” mediante la retórica de sus liderazgos plebiscitarios. Cuando a Hitler le estorbó la pluralidad parlamentaria, incendió al Reichstag, y culpó a los comunistas para justificar su persecución y aumentar el poder de los nazis; cuando a Chávez le estorbó la pluralidad de los partidos, disolvió las cámaras legislativas y realizó una parodia pública del funeral de los partidos rivales, y amenazó con suprimir a la Suprema Corte de Justicia. Ante el cuestionamiento de si no estaba concentrando un peligroso poder dictatorial, Chávez respondió cínicamente que, por el contrario, lo que él hace es desmantelar el poder concentrado en manos de sus enemigos, mismos a los que llama “enemigos del pueblo”.

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Chávez prometió una “tercera vía” para sacar a su país de la crisis; Hitler también ofreció, en la década de los 20, una “tercera vía” con el ropaje de un “Socialismo Nacionalista”. Y mientras la política exterior de Hitler se manifestó, hasta antes de 1939, por sus proyectos expansionistas hacia Austria y Checoslovaquia, el de Chávez se ha manifestado en su violación a la soberanía de Colombia al llegar a acuerdos con la guerrilla a espaldas del gobierno de Pastrana. Chávez juega con fuego al establecer contacto con Carlos “el Chacal” Ramírez, con el líder libio Kaddafi, y con Saddam Hussein, lo cual puede llevar muy pronto a Venezuela a una trágica e innecesaria confrontación con Estados Unidos, si es que antes no cae en un catastrófico aislacionismo porque, ante la caída del precio del petróleo, Venezuela no puede sobrevivir sin inversiones extranjeras, ahuyentadas con el estilo de gobernar de Chávez.

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En suma: Venezuela ha experimentado un grave retroceso de más de medio siglo en su desarrollo político porque ha caído en manos de un milico megalómano que puede llevar a su país a trágicos despeñaderos, como el que Alemania encontró con Hitler en 1945, o Serbia con Milosevic en 1999.

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