El hombre de los 100 días

Hombre fuerte entre los secretarios o simple apoyo en la toma de decisiones. ¿Cuál es la visión d
Roberto Aguilar

Con una sencillez que se advierte no sólo en la decoración de su oficina sino incluso en la forma de hablar, Eduardo Sojo explica la estructura del gabinete ampliado y su propio papel en la toma de decisiones de carácter nacional.

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Un escritorio, un sillón y dos cuadros son el mobiliario más notable del austero despacho en Los Pinos, en donde atiende diversos asuntos, sostiene reuniones y que, en la mayoría de las ocasiones, funciona de improvisado comedor mientras el funcionario desahoga pendientes.

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“Ojalá tuviéramos días de 30 horas”, dice sonriente Felipe Duarte, su secretario particular, al referirse a la agenda de trabajo. Y no es para menos.

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Sojo –economista egresado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ITESM–, es considerado como el hombre más cercano al presidente Vicente Fox desde su paso por el gobierno de Guanajuato, donde fungió como coordinador del gabinete económico.

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Actualmente es jefe de la Oficina de la Presidencia para Políticas Públicas y comisionado de Crecimiento con Calidad, puestos de reciente creación en la administración pública. La añeja cercanía, aunada a las nuevas responsabilidades de quien fuera coordinador de asesores de Fox durante la campaña, es motivo de especulaciones sobre su injerencia y poder dentro del gabinete.

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“Soy sólo un facilitador que ofrece servicios de apoyo al Presidente y a los secretarios. Alguien que les ayuda a tomar decisiones”, sostiene. Pero Sojo es más contundente cuando dice no fungir como intermediario entre el primer mandatario y su equipo: “ellos tienen relación directa”.

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¿Es el capitán o el jugador estrella?, se plantea al funcionario comparando el gabinete con un equipo de futbol. “Sí somos un equipo, pero no me he puesto a pensar qué posición cubro; no soy el capitán: ese lugar le corresponde al Presidente. A veces me convierto en quien lleva los mensajes o entro a apoyar la defensa, la portería, la media o la delantera.”

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De nuevo modestamente Sojo desestima las versiones que aseguran que los secretarios están a su servicio: “Más bien trabajo para el Presidente y para ellos, quienes en cierto sentido son mis jefes.” ¿Pero tiene el poder de vetar alguna propuesta o decisión de los secretarios?, se insiste. “Ellos son responsables de sus actos; yo sólo ayudo a resolver conflictos cuando las decisiones involucran diversas dependencias y los criterios pueden entrar en conflicto.”

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Otra pregunta, quizás incómoda: ¿hubiera preferido ser secretario? Sojo responde: “La invitación fue directa a participar en la Oficina de la Presidencia; si me hubieran preguntado dónde quería ubicarme mi respuesta hubiera sido: en un puesto similar al que tuve en Guanajuato, al de la campaña y al de la transición. Siempre dije que tenía la ventaja de haber trabajado muchos años con el Presidente, y que él sabía dónde podría servirle mejor. Al final parece que hubo plena coincidencia en lo que él pensaba y lo que yo anhelaba.”

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En sus marcas, listos...

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Los acontecimientos políticos nacionales, el sombrío panorama económico de Estados Unidos y la prematura discusión de la reforma fiscal opacaron el balance de los primeros 100 días de la administración de Fox, un plazo que el propio mandatario se impuso para rendir cuentas.

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Más allá del escenario y la coyuntura, este lapso careció de resultados tangibles y propuestas concretas. Se anunciaron un total de 38 iniciativas en las áreas de orden y respeto, desarrollo social y crecimiento con calidad, pero en su gran mayoría  faltan aún los detalles para su instrumentación.

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“Fue sólo un periodo de señales respecto de los pasos siguientes a realizar en ciertos sectores, pero en otros únicamente hubo planteamientos o, mejor dicho, ausencia de acciones”, explica Ramiro Tovar, director de estudios de Regulación Económica del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Edgar Camargo, analista del Grupo Financiero Santander Mexicano, añade que había la expectativa de grandes anuncios porque se tiende a comparar con otros sexenios, en los cuales se tomaban decisiones inmediatas para llamar la atención. “Fox lo está haciendo distinto; en algunas personas eso causa inquietud y en otras esperanza.”

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Eduardo Sojo, encargado de coordinar los 100 días, defiende los resultados y asegura que lo más importante fue arrancar programas que le dieran a la sociedad una idea muy clara de en qué consiste el cambio y cuál es el rumbo del gobierno. “Fue un periodo de coordinación, pero la acción correspondió a cada dependencia.” Incluso el propio presidente Fox afirmó, en un evento público organizado el 12 de marzo con motivo de los 100 días de trabajo, que habían “logrado sentar las primeras bases para realizar los cambios que la nación requiere”.

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Ernesto O’farril, director de Bursamétrica, insiste en que los grandes trazos de la ruta que tomará la política económica fueron planteados, aunque todavía hay asuntos fundamentales que tienen que concretarse.

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Sojo aclara que en materia económica, a pesar del cambio de gobierno e incluso de partido político, desapareció el trauma de las crisis sexenales y a más de 100 días las principales variables permanecen estables. Agrega que se promovieron cambios en la estructura del gobierno para responder a las expectativas de los ciudadanos y se pusieron en marcha proyectos que orientan la acción del gobierno.

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“Otro avance consiste en que en este periodo se fortaleció el equipo, que trabaja cada vez mejor porque ahora ya nos conocemos.” ¿Cuál es el siguiente paso? Proponernos metas concretas anuales y para todo el sexenio, dice. Lo que viene en los próximos meses es un gobierno de resultados, con metas cuantitativas que puedan ser auditadas. Pero el beneficio de la duda divide el sentir de los expertos.

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“No hemos tenido tiempo de ver grandes cosas –dice Camargo, de Santander–, lo que es lógico pues después de 70 años de tener el mismo partido hay demasiados cambios y es preciso esperar.” En contraste Pineda, del ITAM, cita como ejemplo de falta de resultados el sector de energía, donde “lo que se dice es lo que ya se sabía”, y el de telecomunicaciones, en el que aún no hay cambios sustantivos. “Lo único que se muestra claro es la política fiscal, con señales concretas”, dice el investigador.

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Camargo añade que uno de los pilares del sexenio será la capacidad del gobierno para empujar la reforma fiscal; el fortalecimiento de las finanzas públicas y la reducción en la dependencia de ingresos petroleros, que justamente se busca con la reforma, permitirá tener una mayor estabilidad macroeconómica.

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Todo con medida

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Sojo indica que la reforma fiscal es esencial para el país, pero anticipa complicaciones en cuanto a su visto bueno por parte del Congreso de la Unión. “Hay muchas opiniones, pero creo que serían irresponsables los poderes Legislativo y Ejecutivo si no logran consenso en la reforma. La  premisa es gastar más eficientemente y tener más recursos para cubrir las demandas de la población.”

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Agrega que la contribución del gobierno al manejo más eficiente del gasto será evitar los excesos, iniciativa que por sí sola podría representar ahorros de cara al gasto programado del orden de $3,500 millones de pesos, según estimaciones oficiales. “Tenemos mucha tela de donde cortar: teléfonos celulares, renta de inmuebles; el gobierno tiene edificios propios, sobra de automóviles y de comisiones”, dice.

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Ante el escenario económico inmediato, Sojo también reitera que la pausa en el crecimiento de Estados Unidos promoverá el desarrollo del mercado interno para compensar la caída del externo, aprovechar la relación con Europa a través del Tratado de Libre Comercio e impulsar industrias intensivas en mano de obra, particularmente la construcción.

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Insiste en que los 100 días, que representan apenas 5% de todo el sexenio, fueron más que un cambio de estafeta porque, recuerda, “durante la transición dijimos que los mexicanos no sólo habíamos hecho una elección ejemplar sino también una transición para tomar decisiones conjuntas, por ejemplo la elaboración del presupuesto. Hay cosas simbólicas en la nueva estructura: la relación con los gobiernos estatales, las visitas del Presidente a las secretarías y las reuniones periódicas entre los equipos representan un cambio importante”, afirma.

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O’farrill considera que este plazo sirvió para fijar las bases de la toma de decisiones posteriores, pero que el Plan Nacional de Desarrollo, actualmente en proceso, podría arrojar mayor claridad sobre la dirección del programa de gobierno a largo plazo. El especialista agrega que probablemente el balance de los 100 días podría haber sido más favorable, pero “desafortunadamente no fueron nombrados titulares de las secretarías todos los coordinadores de la transición y, debido a ello, se desperdició un tiempo precioso para avanzar en este periodo”.

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