El imperio se desmorona

La hora crítica parece cerca para Consorcio Azucarero Escorpión: las deudas ahogan a este gigante
Lucía Pérez Moreno

El negocio del azúcar se ha tornado una experiencia amarga para el empresario de origen yucateco Enrique Molina Sobrino. Su empresa, Consorcio Azucarero Escorpión (Caze), el mayor productor del endulzante en México, vive la peor crisis en su historia. El excesivo apalancamiento, aunado a pérdidas que los analistas calculan en cerca de $30 millones de dólares anuales, amenazan con hundir a la compañía y, de paso, desprestigiar el esquema de privatización del sector llevado a cabo durante la anterior administración, entre 1988 y 1992.

- “Sus deudas (de Caze) superan el valor del negocio”, dice un analista de la industria. La firma cerró 1999 con una deuda superior a $700 millones de dólares al banco estatal Financiera Nacional Azucarera –Finasa–, y más de $200 millones de dólares a instituciones privadas. Es, por mucho, el grupo más apalancado en el sector. En tanto, el valor de mercado del negocio del azúcar de Molina se ubica entre $450 y $500 millones de dólares, de acuerdo con datos de los analistas, lo que significa que tiene una deuda dos veces superior al valor de los activos. La razón por la que este grupo sigue operando es la decisión de Finasa de darle dos años de gracia, antes de exigirle el pago del adeudo, por el cual, durante 1999, Caze no cubrió ni siquiera los intereses. “El gobierno no desea tener otro dulce Fobaproa a finales del sexenio, y por eso le dio un trato preferencial”, opina un analistas que pidió el anonimato.

- Conforme aumentan pérdidas y deudas, se incrementa el costo de una eventual decisión de salvar a este grupo. De acuerdo con representantes de la industria, las autoridades actúan de manera irresponsable al permitir que crezcan los problemas financieros de Caze porque, advierten, su rescate terminará costando más caro al erario público. Las autoridades de la Subsecretaría de Comercio Interior de la Secretaría de Comercio no atendieron la petición de Expansión para hablar sobre el tema. Uno de los competidores de Molina no descarta que éste podría “estar desangrando” su negocio, a sabiendas de que dentro de unos años “ya no será suyo”.

- Los problemas de Caze no son nuevos. Desde 1998 se declaró en suspensión de pagos, ante su incapacidad de encarar el vencimiento de un eurobono por $30 millones de dólares. Fue el primer grupo del ramo azucarero en refinanciar en ese año sus pasivos con Finasa. Reestructuró su deuda a 15 años, con dos de gracia, y obtuvo, como otros empresarios azucareros, una quita en la deuda de 22.8%. Recibió también cartas de intención para respaldar créditos que había contraído con bancos extranjeros. Al final, Molina calificó la negociación de “exitosa”; otros empresarios del gremio afirman que nadie recibió condiciones tan ventajosas como Caze.

- Sin embargo, y a pesar de este favoritismo que algunos encuentran en el trato de Finasa –incluso a costa de su propia sobrevivencia– con respecto a Caze, es poco probable que el consorcio pueda salir adelante, pues sus pérdidas siguen creciendo. “Si antes de la reestructura no podía pagar, ¿quién garantiza que en un futuro podrá hacerlo?”, se pregunta un industrial del ramo. Para el 2001, Caze tendrá que volver a hacer frente a sus compromisos financieros. Si no cumple, los ingenios que controla volverán a manos del gobierno. Como sería imposible cerrar los ingenios del grupo por la importante derrama económica que generan en varias zonas del país, el gobierno tendría que volver a rescatarlos, tal como lo ha hecho en el pasado.

- Un castillo de azúcar
Entre 1986 y 1990, los ingenios azucareros fueron literalmente rematados. Desde su nacionalización en los años 70, el gobierno inyectó grandes cantidades de dinero en estos centros de procesamiento con el fin de evitar la quiebra de la industria. De los 63 ingenios existentes en 1988, 48 estaban en manos del gobierno –y de éstos, seis se cerraron y los demás se vendieron por cerca de $200 millones de dólares–.

- Molina, quien fue señalado como financiador de la campaña presidencial de Carlos Salinas de Gortari, vio la oportunidad de integrar sus negocios de refrescos con el azúcar. Al ser el mayor embotellador de Pepsi Cola en México, convertirse en productor de la materia prima esencial en la elaboración de sus bebidas tendría un impacto favorable en la reducción de costos.

- En menos de seis años compró nueve ingenios. De ellos, seis fueron adquiridos al Fideliq, instancia encargada de rematar bienes públicos, y tres de particulares. Fuentes allegadas a este proceso afirman que no todas las adquisiciones fueron transparentes. Molina ha sido demandado por los Brenner, una de las familias que le vendió dos ingenios a Caze, por incumplimiento de pago.

- Con miras a extender su poderío fuera de México, Molina trató de comprar en 1995 tres ingenios agrupados en Corporación Azucarera de Puerto Rico, con la idea de tener acceso directo al mercado estadounidense. Ganó la licitación, pero la situación se complicó cuando fue acusado por empresarios locales de lavado de dinero. El gobierno boricua contrató los servicios de la consultoría estadounidense Ernst &Young para verificar la “limpieza de los negocios” de Molina. Si bien nunca se demostró nada en su contra, el empresario mexicano prefirió retirarse de esa plaza, con el pretexto de que en esa isla “había gángsters con muchos intereses creados en la industria azucarera”.

- Se concentró, entonces, en sus actividades dentro del país. En 1995, con la eliminación de los controles sobre el precio del azúcar, empezó a vender el endulzante a precio más barato. Y debido a que Caze controla 25% de la producción nacional, el efecto en el mercado se sintió de inmediato. Entre 1996 y 1999 los precios del dulce en México retrocedieron 23% en promedio.

- Guillermo Beltrán Pérez, director general de la Cámara Nacional de la Industrias Azucarera y Alcoholera, atribuye los problemas de esta industria a las condiciones económicas del país, pero lo cierto es que los propios industriales reconocen haber saturado el mercado interno. La situación se agravó en 1998, cuando la zafra registró cifras récord en el país. Esta sobreoferta, aunada a la invasión de fructosa importada –que desplazó del mercado a cerca de 600,000 toneladas de azúcar–, agudizó la situación. A pesar de estas evidencias, Caze mantuvo su producción a la alza. Hacia finales de los años 90, vendía más de 1.1 millones de toneladas anuales.

- En un intento por subir los precios, los empresarios del ramo acordaron fijar cuotas de exportación: todos debían llevar a los mercados internacionales una parte de sus excedentes para no saturar el mercado interno. Molina, dicen sus competidores, fue el único que incumplió el pacto. A finales de 1999 fue acusado por el presidente de la Cámara Nacional de la Industria Azucarera y Alcoholera, Alberto Santos, de simular exportaciones. La operación le habría redituado, a lo largo de tres años, ingresos cercanos a $100 millones de dólares, considerando la diferencia de más de 200% entre precios internos y externos del azúcar. Molina, quien anteriormente había acusado a los empresarios azucareros de “ineficientes”, negó las acusaciones y, desde entonces, ha tratado de demostrar que la contabilidad estuvo mal hecha. “Está tratando de cambiar un problema de fondo a uno de forma”, dice uno de los directivos involucrados en el pleito.

- Sin embargo, en una carta fechada el 14 de diciembre pasado (ver documento), el presidente de la Cámara azucarera reitera, por segunda ocasión, al Secretario de Comercio y Fomento Industrial, Herminio Blanco, que el fraude se consumó. Los industriales afirman que a lo largo de tres años, Molina falseó información, al vender en México más de 300,000 toneladas que se había comprometido a exportar.

- De comprobarse estas acusaciones, habría defraudado en primer lugar al fisco, pues en 1998  recibió subsidios para exportar azúcar; en segundo lugar, a los cañeros, pues el precio del azúcar se fija de acuerdo a un promedio ponderado entre el precio interno y externo y, por último, habría incumplido su acuerdo de reestructuración con Finasa, en el que se compromete a exportar una parte de su producción.

- Molina no aceptó hablar con Expansión para fijar su posición respecto a estas acusaciones. Los demás entrevistados hablaron en condiciones de anonimato, pues algunos afirman que este conflicto ha desembocado en amenazas personales.

Caze a remate
Con todos los problemas que ha venido acumulando, Molina ya no quiere saber nada del azúcar. Su actitud frente a este negocio es igual a la que adoptó en 1995, cuando frente a la inminente quiebra del sistema bancario mexicano, anunció que vendería su participación en Serfín, Banpaís y Banamex. Dos de estos tres bancos, por cierto, ya fueron intervenidos. - A finales de 1999, contrató a la firma especializada en desarrollo de proyectos, ADP, para iniciar la promoción de Caze. Un analista de la industria afirma que Caze podría ser un buen negocio, siempre y cuando resuelva el problema de su deuda. En octubre del año entrante, la cuota de azúcar mexicano que podrá entrar a Estados Unidos, conforme a lo estipulado en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, se ampliará de 25,000 a 250,000 toneladas anuales, lo cual beneficiará a Caze.

- Sin embargo, por ahora no existe un solo inversionista dispuesto a inyectarle fondos a un negocio tan apalancado. El director de una de las firmas azucareras líderes considera que aún cuando el gobierno le otorgara una quita de deuda de 50%, Caze seguiría siendo inmanejable –además de que este escenario pondría en serios aprietos a Finasa, que se ha comprometido a darle las mismas condiciones a todos los actores de la industria–.

- Para colmo de males, las relaciones de Caze con el sindicato de trabajadores azucareros se han complicado. El gremio ha convocado a huelga dos veces entre 1998 y 1999. La situación es particularmente difícil en el ingenio de Atecingo, el primero que compró Molina al gobierno, pues ahí se le acusa de desviar recursos por concepto de pensiones y utilidades. La empresa ha establecido toda clase de justificaciones para no pagar y, en consecuencia, la huelga de Atencingo se extendió a todos los ingenios del país. En noviembre de 1999 tuvo que intervenir la Secretaría del Trabajo para acabar con el conflicto. Molina se comprometió a liquidar los adeudos que tenía con los trabajadores.

- En una reciente entrevista que publicó la revista Fortune, Molina se dice lastimado por el hecho de que no existe ningún reconocimiento a la labor que ha hecho para rescatar la industria azucarera mexicana, e insiste en que todos sus problemas se deben a “venganzas personales”. Pero sus competidores, que llevan años bloqueándole las puertas a la presidencia de la Cámara Nacional de la Industria Azucarera y Alcoholera, recalcan que este empresario les está causando un gran daño con sus prácticas de dumping. Aseguran que todos sus esfuerzos por tratar de racionalizar la producción de azúcar y hacer que la industria se vuelva más rentable, se han visto opacados por los problemas de Caze. 

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