El <i>multitask</i>

Rogelio Rebolledo es perfeccionista, exigente y workaholic. Los empleados le guardan respeto y por s

Algunos jefes duros pueden manejar muchas situaciones a la vez.  Lo hacen tan concentrados y ecuánimes que desconcierta. Tal es el caso de Rogelio Rebolledo, presidente y CEO de Frito-Lay International, que en México fabrica los productos Sabritas. Está a cargo de los negocios de la corporación en Europa, Asia y América Latina.

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Rodolfo Charco, ex supervisor de Tesorería en la empresa, recuerda: “Venía camino del aeropuerto. Entró llamando por teléfono, pidió que lo comunicaran con una oficina en Australia, en otra línea tenía a un agente de Estados Unidos, a mí me estaba pidiendo una cosa. Estaba manejando tres o cuatro situaciones a la vez y sabía perfectamente en lo que estaba en cada una de ellas.”

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Rebolledo no concedió entrevista. También se rehusaron a hacerlo quienes trabajan a su alrededor. El personal del corporativo coincidió en que la  compañía prefiere mantener un “perfil bajo”, en especial hacia sus ejecutivos de más alto nivel. En el artículo de Expansión La gran sonrisa, dedicado a Sabritas (julio de 1999) ya se destacaba el mutismo de esta firma: “Hablar es una cosa y otra muy distinta es acceder a enseñar los rostros de sus estrategas.”

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Tal hermetismo es consecuente con otra característica de Rebolledo. “Es inaccesible”, afirma Patricia Rodríguez, consultora en Recursos Humanos y ex jefa de Reclutamiento y Selección de Personal de la organización. “Toda la gente de ahí se rige por un liderazgo de magnate. Es gente que idealizas a nivel dirección, que no ves.”

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La fuerte personalidad del directivo aglutina a su alrededor empleados que van a mirar en su misma dirección. “No acepta gente desleal”, dice Rodríguez. Por lo mismo, los líderes de Frito-Lay se sienten parte de un grupo especial, y esto mantiene fuertes los pilares de la estructura del poder. Un ex ejecutivo de Sabritas, que pidió permanecer anónimo, comentó: “Hay un proceso en la compañía que se conoce como ‘el de los consentidos’, donde cada año se desafía a gente clave a la que quieren desarrollar más. A estas personas se les da seguimiento. Si no estás entre ellas, que siempre elige Rebolledo, estás fuera.” Albert Chico, ex empleado de la agrupación y actual gerente de Comunicación en Vitro, enfatiza: “Si no estás en la corte de Rebolledo, no tienes futuro en la firma.”

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Rebolledo, tras más de 27 años en la empresa, ha decidido jubilarse en 2004. Su ascenso en la agrupación fue notable; en buena medida debido a su alto nivel de exigencia. John Smith, reconocido cazatalentos, comenta que es capaz de trabajar 12 o 14 horas diarias “con la mano en la cintura”.

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¿Hasta qué punto esto afecta a sus subordinados? Mientras que para Chico el carácter de Rebolledo “es ofensivo al punto de burlarse de la gente”, para Rodolfo Charco, su estancia dejó recuerdos positivos: “Es perfeccionista, exigente. Te obligaba a que saques todo lo que tienes, lo mejor y lo peor.” Pero aclara: “En ningún momento te pedía nada fuera de lo ordinario. Eran cosas que tú debías manejar o conocer. Aprendí más a manejar la presión. Es uno de los mexicanos que ha llegado arriba no sólo por estar exigiendo, sino por meterse a hacer las cosas. Sorprende también el alto nivel de concentración que tiene, su capacidad y sentido de urgencia.”

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Pero bajo ese aspecto de jefe duro, hay finalmente un líder comprometido con sus empleados: “Hubo por ahí una situación de una gerente que enfermó gravemente  —cuenta Charco— y hasta la fecha se le sigue apoyando. Él mismo dijo: ‘Cualquier asunto con esa persona como si se tratara de mí.’ Proporcionó todo el respaldo.” Pongámoslo así: ante ciertas problemáticas humanas, hasta el jefe más duro —si es buen jefe— también es susceptible de ablandarse.

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