El juego de los artificios

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¿Qué quieren los empresarios? Indudablemente, no se equivocan al hablar del “círculo vicioso de pobreza” generado por la política monetaria restrictiva que, en el afán de contraer las presiones inflacionarias, se ha traducido en un estancamiento de la planta productiva y en un fuerte decremento de los niveles de empleo y consumo.

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Sin embargo, al pedir “con sentido de urgencia” que el gobierno federal ejerza el gasto de inversión programado y se quiten los candados a la política monetaria, los dirigentes del Consejo Coordinador Empresarial, Canacintra, Coparmex, Concamin y Concanaco parecen pedir el ingreso a un “círculo de riqueza ficticia”, es decir, a la economía inflacionaria.

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Hay que ver las cosas con cuidado. La estabilización aún no se logra, por lo que la única manera de darle dinamismo a la economía es con la emisión de moneda, lo cual significaría un peligroso viraje de política monetaria, porque no hay recursos que la respalden. Ahí está realmente el problema de fondo: no hay recursos. Lo que llegó de ahorro externo vía inversión y empréstitos, se escurrió en el pago ($13,300 millones de dólares) de intereses de la deuda externa; lo que se obtuvo de ahorro interno, vía el superávit fiscal, se asignó en apoyos al sistema financiero.

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Es cuestión de establecer prioridades, pero sólo hay dos opciones: concentrarse en la estabilización o abrir las llaves a la emisión de moneda. En el primer caso, camino elegido por la administración zedillista, debe aplicarse una política monetaria contractiva que implica que, antes de que los recursos generados puedan llegar a la esfera real (productores y consumidores), debe limpiarse completamente la esfera financiera. Es el imperio de la lógica: el motor verdadero de la economía es la inversión y la gasolina de ese motor es el crédito. Así, con un sistema bancario que salió prácticamente quebrado de la crisis, se explica que el gobierno esté canalizando miles de millones de dólares a su rescate. Si los bancos no salen adelante no hay manera posible de reactivar la economía. Y, a decir verdad, todavía faltan muchos dólares antes de que la banca encuentre la estabilización.

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Pero todos quieren llevar agua a su molino. En los límites de la desesperación, los empresarios piden, directa o indirectamente, un tránsito por el segundo camino: el de la inflación. Bajo el argumento de que la emisión monetaria, además de provocar escaladas de precios, se traduce en reactivación, la cual genera un círculo virtuoso porque incide sobre la demanda, los organismos empresariales exigen ahora ese cambio de rumbo. Sin embargo, vale señalar que si se liberan los medios de pago, bajo un esquema de apertura comercial, podrían dispararse nuevamente las importaciones, lo cual haría muy relativo el “repunte” del mercado interno. ¿O acaso podría exigírsele a un consumidor, con dinero en el bolsillo, que compre zapatos de Guanajuato cuando el calzado brasileño le sale más barato?

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Los riesgos de una reactivación forzada, cuando aún no se consolida la estabilidad financiera, son más de los que muchos empresarios creen. La carrera contra la crisis sigue siendo de obstáculos.

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