El mapa del tesoro

México es ya miembro de la cultura democrática. El IFE participó en este proceso y creó un eleme
Silvia Carrera

El tema empieza a discutirse en forma pública y abierta: salvo algunas excepciones en Latinoamérica, ya es común que se fomente la creación de herramientas que faciliten el trabajo que representan procesos electorales nacional y locales.

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Cuando José Woldenberg Karakovsky asume la presidencia del Instituto Federal Electoral (IFE) en 1996, inicia la tarea de “redistritar” al territorio mexicano. Si bien para la sociedad civil, así como para algunos miembros de la clase política (concentrados más en cuestiones no tan técnicas), este hecho pasó prácticamente desapercibido, el asunto no es menor.

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De hecho, la vida política diaria del país está íntimamente ligada a las actividades de distritación y redistritación, conceptos que forman parte de una cartografía electoral. Esta herramienta permite que los partidos políticos conozcan aspectos, sociales y económicos, que forman parte de las características de un espacio nacional específico. Con esa información, estas organizaciones pueden desarrollar con mayor eficiencia sus estrategias de propaganda y publicidad. Asimismo, la cartografía del IFE resulta fundamental en la planeación y operación de los procesos electorales, ya que los datos que arroja permiten adecuar la infraestructura electoral a las necesidades reales de las distintas regiones.

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Por ejemplo, se cuenta que, entre otros políticos, Luis Donaldo Colosio viajaba con mapas de la república, los cuales le proporcionaban información sobre las carencias en infraestructura que padecía la población visitada. De esa forma él podía armar un discurso ad hoc a las necesidades del poblado y esgrimir solución a problemas, en efecto, reales.

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La cartografía electoral está integrada por un conjunto de mapas que funciona como un centro de comunicación. Asimismo, este instrumento proporciona herramientas de análisis que le permiten al IFE planear la operación de las elecciones.

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En la estructura de la cartografía electoral, la metodología representa uno de los aspectos más complejos. Para definir la geografía electoral del país, el Instituto recurrió a Carmen Reyes, directora general del centro GEO (Centro de Investigación en Geografía y Geomática). La institución “acomodó” 66,000 secciones electorales en 300 distritos.

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“Desde el punto de vista científico –comenta Reyes– resolver este problema implicaba un reto interesante. La organización de las secciones tenía que satisfacer varios parámetros. Por ejemplo, criterios de contigüidad que se pudieran ajustar para formar una figura geométrica regular, y equivalencias en el número de habitantes por zona –para asegurar un principio de equidad–. Además, era necesario solucionar las dificultades de tipo operativo, con el objetivo de calcular si se contaría o no con las suficientes vías de comunicación para que la gente de un mismo distrito se desplazara y recolectara las boletas”.

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Para que los geógrafos empezaran a trabajar, el diseño de una solución que brindara transparencia resultaba fundamental. Considerando esta necesidad, los responsables del proyecto decidieron utilizar modelos heurísticos, ya que su componente matemático no es tan sofisticado como el de los esquemas de optimización. Al utilizar elementos heurísticos (es decir, aquellos que ayudan a buscar y descubrir las propiedades o fuentes de algo) se podrían realizar análisis de espacios y sería posible abordar los procedimientos de una manera más sistemática.

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¿Por qué es importante crear cartografía electoral? Según Carmen Reyes, esta herramienta es esencial en cualquier país que vive procesos democráticos o en una democracia consolidada. El espacio es un componente estratégico para todos los partidos políticos, tanto para fines de mercadotecnia como para el diseño de iniciativas. Haciendo uso de la cartografía resulta más fácil entender y atender las necesidades de los representados. Por otro lado, una solución de este tipo permite que el electorado y el gobierno se formen una idea de lo que está ocurriendo en la nación.

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Ciudadanos, académicos y estudiosos de la geografía política pueden usar este sistema de información para desarrollar investigaciones geoelectorales. Dichos estudios explican tendencias respecto del voto, preferencias por zona y correspondencias entre áreas e intenciones del electorado. Esta información resulta muy importante, ya que también contribuye al diseño de los propios distritos electorales; la mecánica de votación en la zona norte del país no es igual en la región sureste. De igual forma, la cartografía electoral descubre patrones de voto que están relacionados con consideraciones de tipo espacial.

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Eduardo Badillo, director ejecutivo del Registro Federal de Electores, asegura que la redistritación del país, establecida a partir de una cartografía electoral, sirvió para alcanzar un equilibrio de 150,000 electores por entidad federativa. La organización del territorio, además, tenía que respetar lo fijado por legislación actual: “debe haber al menos dos distritos por estado”. En 1996, mediante un modelo heurístico, las entidades federales fueron divididas en 300 distritos electorales nacionales.

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“Para arrancar el proyecto de redistritación y cartografía electoral, se utilizaron como base los datos del censo de 1990. Se dividió al país en 63,619 secciones electorales. Si en una de estas demarcaciones el número de votantes rebasa la cifra de 750, se instalarán algunas casillas contiguas. Por ejemplo, existen secciones donde hay más de 10,000 electores; en estas situaciones, el IFE coloca la cantidad de casillas que sean necesarias para atender a las personas dentro del plazo de la jornada electoral. Esta es la plataforma cartográfica con la que se trabaja en México”, comenta Badillo.

Año 2000, tiempo de digitalización
Actualmente, el IFE está digitalizando todos sus productos cartográficos. En este momento, el Distrito Federal ya está digitalizado por completo. Esto permitirá que los habitantes de la gran metrópoli actualicen sus datos electorales a través de módulos que se ubicarán a lo largo de la ciudad. -

México está conformado por 63,619 secciones electorales. Estos distritos están clasificados en cinco categorías (según su extensión geográfica y densidad poblacional): urbano, urbano concentrado, rural, rural disperso y distritos mixtos. Del universo de 58’700,000 ciudadanos empadronados, 70% vive en zona urbana, 20% habita en un área rural y 10% pertenece a la sección mixta.

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Miguel Angel Riojano, director de Cartografía del IFE, asegura que la cartografía electoral es actualizada en forma permanente. Personal capacitado se encarga de brindar información para mantener al día el sistema. Varios grupos de expedicionarios y encuestadores –por lo general, habitantes de cada zona nacional–, tienen la tarea de monitorear la información de los electores y registrar, ante el IFE, cualquier modificación en los datos.

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Para desplegar y administrar el proyecto cartográfico, el IFE utiliza equipos de marca Intergraph; aunque también ocupan máquinas Silicon Graphics y sistemas RS/6000 de IBM. Los datos nominativos –como catálogos de localidades, distritales y municipales– corren sobre una base de datos Oracle.

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“Estamos migrando hacia la versión 8 de la base de datos. Los dispositivos Intergraph operan sobre una infraestructura que está basada en aplicaciones de Microstation (plataforma de software, desarrollada por Bentley Systems, especializada en tareas de modelado e ingeniería), utilizadas para la edición digital de la información, y en la plataforma MGE, la cual permite establecer un enlace entre la base de datos gráfica y la nominativa”, comenta Riojano.

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Sin embargo, según el director de Cartografía del IFE, la geografía tecnológica del proyecto pronto cambiará: “Se actualizará el ambiente operativo con Windows NT. También se está migrando de la plataforma Microsation a la de GEO Media (el software de mapeo e información geográfica de Intergraph). Asimismo, se cuenta con licencias de los programas ARQinfo y ARQwiew, ya que muchos partidos políticos solicitan la información bajo esa plataforma”, apuntó Riojano.

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El IFE adquirió el hardware este año, con el objetivo de brindar servicio en todas las entidades federativas. Asimismo, el instituto abrió 62 plazas de trabajo. Personal técnico se encargó de instalar y distribuir los productos cartográficos a lo largo del país. En un periodo de dos años, el Instituto espera haber desarrollado la base digital de todo el territorio nacional. Según el entrevistado, esta cartografía podría incluir un nivel de detalle que abarque manzanas o traza urbana.

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El área cartográfica del IFE, según Riojano, cuenta con equipo GPS (Global Positioning System, un sistema de posicionamiento vía satélite) el cual se utiliza para asignar valores métricos a los elementos cartográficos. Esto permite crear productos individuales por sección, así como manejar información que corresponde a una escala precisa y que es entendible para el ciudadano común.

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