El maíz a la bolsa

La primera bolsa agrícola de México transformó la negociación de granos en Jalisco. Para 2004 se
Guadalupe Rico Tavera / Guadalajara

En junio Mariano Ornelas negoció la  compra de 16,600 toneladas de maíz que cosecharía en noviembre. Fue en las modestas oficinas del Mercado Nacional Agropecuario (Menagro), como presidente de una asociación de 116 agricultores de Zapopan, Jalisco. En lugar de que cada productor ofreciera su cosecha al mercado o lonja al mejor postor, negociaron en conjunto a través de su fondo de aseguramiento Fincomapru (Fondo de Inversión y Contingencia).

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Tras un estira y afloje para acordar precio, volumen, calidad y hasta lugar de entrega del producto, Ornelas cerró varios tratos. Sabritas compró 7,000 toneladas a $1,520 pesos cada una; Granos de Calidad, 8,000 toneladas a $1,470; y el resto fue a varias empresas molineras por $1,650 la tonelada. A tres años de su arranque, la bolsa pionera de físicos agropecuarios del país casi cuadruplicó el volumen y el monto de sus operaciones. El año pasado se comercializaron un millón de toneladas de maíz, por un valor de $1,362 millones de pesos, la tercera parte de la producción de maíz jalisciense.

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Hace 20 años no había quién pensara en un mecanismo así. No era necesario: el gobierno fijaba precios, almacenaba, transportaba e importaba. Pero su retiro paulatino de la comercialización, la supresión de los precios de garantía, y la apertura de fronteras lanzaron al productor al juego de oferta y demanda. En el camino había perdido una habilidad esencial: saber vender. El gobierno decidió entonces impulsar una bolsa de físicos en México.

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El proyecto no terminó de cuajar en manos de Apoyos y Servicios a la Comercialización Agropecuaria (Aserca) en 1991. Nueve años después integrantes de la cadena agropecuaria de Jalisco, con apoyo estatal, retomaron la idea que derivó en la constitución de Menagro. Habían transcurrido 152 años de la fundación de la Bolsa de Chicago, el mercado de granos más antiguo en operación y el más grande del mundo.

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Para el presente ciclo agrícola Menagro prevé mover 1.4 millones de toneladas de granos, en beneficio de 18,000 de los 110,000 productores del estado. Pero aún es un mercado regional. “Una bolsa nacional debería mover más de 50% de las 24 millones de toneladas de maíz que consume el país”, repara René López, presidente de la Unión de Productores de Maíz de Jalisco.

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Los únicos productos intermediados por la lonja son maíz y sorgo. El grueso de las operaciones son de agricultura por contrato, un mecanismo en el que las partes acuerdan las condiciones de compra-venta , de preferencia antes de la siembra. Ambas deben cumplirlas en una fecha futura mediante el depósito de unas garantías ante el Comité de Compensación.

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En cambio, sistema de intercambio o cruces que cabría esperar de un mercado moderno, apenas pinta. En una subasta anónima el comprador no confía en la negociación. Es como una bolsa de valores tradicional: productores y compradores colocan sus posturas en una papeleta, conocida como “mono”, en un piso de remates o por vía electrónica. Si coinciden se cierra el trato. En las convocatorias Jorge Puga, fundador y director de Menagro hasta mayo pasado, dice encontrarse con sólo seis compradores para 80 representantes de los productores. “De esos seis, dos vienen a cruzar y los otros cuatro a ver”.

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Abonando la tierra
La conquista principal de Menagro fue poner en la misma mesa al agricultor o su representante y al comprador industrial. El intermediario no desaparecerá pero se profesionalizará. Con información pública de los precios y del costo de transporte –de origen a destino– deberá renunciar a los tradicionales márgenes mayores a 50%.

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Quizás alguien no quede contento y se retire del mercado. “Pero al final todos buscamos negociaciones de largo plazo”, dice Miguel Lizardi, presidente regional de la Cámara Nacional de la Industria de Producción de Masa y Tortilla, que el año pasado compró en las sesiones 7,000 toneladas.

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La ventaja para el agroindustrial la conoce bien Maseca, que convirtió a Menagro en su principal fuente de abastecimiento comprando 250,000 toneladas anuales de maíz. Con eso se asegura provisión de materia prima de tal calidad y precio que puede planificar sus costos de producción, según Francisco Cevallos, gerente regional de Compras de la compañía.

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No obstante sus bondades, la lonja se enfrenta a cotos de poder en el sector que impiden su avance. “Algunos pregonan el libre mercado pero no participan en la bolsa porque afecta sus intereses particulares”, denuncia Puga, su fundador. Un recelo que también advierte en funcionarios menores de la Secretaría de Agricultura, incómodos porque Menagro es la ventanilla de Aserca para la canalización de apoyos a la comercialización.

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Cosecha futura
Menagro tiene números negros pero su operación es austera. Tanto que rentan espacios de remates para hacer la sesión de cruces. Y hay otras carencias. Andrés Rosenzweig, asesor de la Sagarpa, advierte que el éxito del proyecto depende de que, detrás del contrato firmado, efectivamente exista el grano almacenado, en buen estado de conservación y verificado por una inspección profesional. En definitiva, habla de una Ley de Almacenamientos prevista en el recién firmado Acuerdo Nacional para el Campo. De cumplirse esas condiciones, Menagro tiene hasta tres años para cumplirla.

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Puga coincide y agrega más pendientes: abrir la comercialización a otros productos agropecuarios, institucionalizar las matrices para determinar el costo de transporte, sistematizar y difundir las operaciones y procedimientos de la bolsa.  Pero sobre todo, incorporar a más actores del sector primario e industrial.

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Mientras tanto, los líderes en producción de maíz no se apuntan en el proyecto jalisciense. En la cosecha pasada (otoño-invierno 2002) los agricultores de Sinaloa levantaron 2.7 millones de toneladas en tierras de riego. “El proyecto hasta ahora es más promesa que realidad”, opina uno de sus representantes. Tampoco abrirá una lonja por su cuenta: “Si cada estado crea su bolsa propia no llegaremos a nada; debe haber una sola nacional”.

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Con anuencia o no, el plan de negocios llegará este año a Chiapas y Michoacán y, para 2004 a Guanajuato, Tamaulipas y Sinaloa. Hasta 2005 prevén aumentar 13% promedio su volumen de operaciones, y luego abrir operaciones en el resto del país. Cumplida la estrategia nacional, Puga no descarta que, en seis años, Menagro se convierta en una bolsa de futuros. Ni tampoco que, algún día, Guadalajara sea referente nacional e internacional del mercado de maíz blanco, un commodity que no se cotiza en ninguna otra bolsa del mundo. Eso es inviable para la Unión de Productores de Maíz de Jalisco. “Primero hay que revertir la condición deficitaria del país en la producción maicera”, dice López.

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Aun si Menagro permanece como bolsa de físicos, hay beneficios. El producto se compra, vende y consume todos los días. “Pero si México no desarrolla sus propias lonjas y un mercado interno –sentencia–, seguiremos dependiendo de precios fuera de la realidad, el gobierno le meterá cada vez más recursos fiscales al campo y cada día lo hará más ineficiente”.

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