El medio ambiente preso de la anarquía

Si las empresas presionaran a los gobiernos para reforzar la conducta en materia medioambiental a ni
Augusto López-Claros

En la década de los 60 y 70, la concientización medioambiental giró principalmente en torno a aspectos como la polución industrial, los vertidos de petróleo, los residuos tóxicos y de pesticidas y la contaminación en las ciudades. Hoy esto está cambiando.

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En la encuesta 2004 Executive Opinion Survey realizada por el World Economic Forum se formulaban una serie de preguntas a líderes del mundo empresarial acerca de iniciativas gubernamentales en materia de medioambiente. No resulta ninguna sorpresa que el desarrollo económico y la responsabilidad medioambiental suelan ir de la mano. Las economías más ricas pueden permitirse solventar más actuaciones medioambientales que las pobres. Pero la encuesta mostraba que algunos de los países más ricos no estaban realizando suficientes esfuerzos para mantener la calidad de su entorno, mientras que algunos más pobres estaban implementando medidas eficaces para dar la vuelta a la situación.

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La encuesta también confirmó que la responsabilidad medioambiental adopta diferentes formas, en función del estado de desarrollo en el que se encuentre cada país. En los países pobres, cuyos principales recursos son las materias primas básicas y la mano de obra barata, el principal aspecto en materia de responsabilidad consiste en saber si el método utilizado para la extracción de los productos básicos guarda el debido respeto a las consecuencias medioambientales y al bienestar de los trabajadores. En las economías más avanzadas, la competitividad se centra en buscar nuevas tecnologías medioambientales y procesos productivos limpios, así como nuevos mercados para productos respetuosos con el medio ambiente y responsables desde el punto de vista social.

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La encuesta también mostró que las empresas se encuentran en desventaja cuando la normativa medioambiental es laxa, o bien cuando no se aplica de manera rigurosa. En aproximadamente 40% de los países, los gobiernos aplican subvenciones cuyo efecto es distorsionar la competencia y fomentar un uso ineficiente de la energía y los recursos naturales. La corrupción en la aplicación de las reglas socava la competitividad.

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Sin embargo, esto no resuelve el problema de los desequilibrios a nivel global. La actual anarquía existente en la normativa medioambiental internacional crea serias ineficiencias para las empresas, a diferencia del campo económico donde las instituciones surgidas al amparo de Bretton Woods y la Organización Mundial del Comercio mantienen algunos principios y normas globales. Si las empresas, en particular las corporaciones multilaterales, presionasen a los gobiernos para reforzar la conducta en materia medioambiental a nivel internacional, mejorarían tanto la competitividad global como la eficiencia medioambiental.

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Las empresas han considerado tradicionalmente que todo lo que eleva los costos es lesivo para la competitividad, y que el mantener altos estándares no ayuda en el mercado global. Las conclusiones de la encuesta demuestran que la adherencia a las normas medioambientales, si se planifica cuidadosamente, no sólo protege a los ciudadanos y al entorno, sino que representa una inversión en buena reputación, con lo que ello tiene de positivo para la cuota de mercado. Las empresas que deseen mantenerse como punta de lanza saben que compensa ser proactivo en lugar de reactivo, anticiparse a los problemas y evitarlos en lugar de cubrir el retraso una vez que las inversiones ya se han realizado.

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El autor es Economista Jefe y director del Programa de Competitividad Global del World Economic Forum. También participó en la elaboración del texto Arthur Lyon Dahl, presidente del Internacional Environment Forum.

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