El mercado de combustibles

La venta clandestina de gasolinas deja un boquete en las finanzas de la paraestatal que duplica el d
Lolbé Corona

Las bandas delictivas tienen en jaque a Petróleos Mexicanos (Pemex) con el robo de combustibles, en ductos y autotanques, para la fabricación ilegal de gasolinas. Algunas estimaciones sostienen que la venta al público de estos productos en las gasolineras, donde termina la cadena, llega a representar 40% de los comercializados por la empresa petrolera de gobierno.

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“De 1998 a la fecha, el valor de las transacciones clandestinas [de combustibles] ha oscilado entre $4,500 y $5,000 millones de dólares, y debido a esa causa Petróleos Mexicanos ha dejado de percibir ingresos por cerca de la mitad de esa cantidad, unos $2,300 millones de dólares”, calcula Enrique López Albarrán, subdirector comercial de Pemex Refinación.

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Los esquemas de comercialización de los productos de la paraestatal, implantados desde 1995, son muy vulnerables a las operaciones ilícitas e, involuntariamente, han sido campo fértil para el desarrollo de un mercado negro, según reconocen los propios funcionarios.

-Entre los miembros de las bandas organizadas se ha descubierto o se presume la participación de empleados de la paraestatal, efectivos del ejército, propietarios de gasolineras y de empresas distribuidoras (la entrega de las gasolinas a los puntos de venta al público la hacen tanto Pemex como privados).

-En 1999 la Procuraduría General de la República (PGR) capturó en Durango a dos trabajadores de la paraestatal involucrados en el robo de combustibles. En 2000, detuvo a cuatro miembros de la Dirección General de Seguridad Pública y Tránsito mientras ordeñaban un ducto de transporte de carburantes en el Estado de México. En junio de este año, al descubrirse en Coahuila un establecimiento de fabricación clandestina de gasolinas, medio centenar de funcionarios y empleados de la refinería de esa entidad fueron denunciados ante la Procuraduría.

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La creatividad de las bandas
Las mafias utilizan todas las vías posibles para su negocio ilegal. El principal producto que utilizan en la fabricación clandestina de gasolinas es el diesel marino, del cual se abastecen importándolo, comprándolo en el país –Pemex lo vende al público para el consumo de las embarcaciones pesqueras y mercantes– o extrayéndolo de las tuberías por donde viaja desde las refinerías hacia los centros de almacenamiento y distribución. En similares tomas ilegales de los poliductos también se abastecen de gasolinas, o roban los autotanques que las transportan para luego diluirlas con otros productos y venderlas a las gasolineras a través de intermediarios fraudulentos (tanto privados como de Pemex). Incluso hay gasolineras que adulteran lo que venden.

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En julio y agosto del pasado año se percibió una reducción en las compra de diesel a la paraestatal por parte de algunos clientes, mientras que el ingreso de autotanques por la frontera norte con productos importados iba en aumento. La combinación de ambos hechos despertó la sospecha de que esas pipas traían contrabando técnico de aquel producto para la fabricación ilegal de gasolinas, explica José Guzmán Montalvo, administrador general de aduanas.

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Con el fin de verificar tal conjetura, se analizó el contenido de las 100 pipas que diariamente ingresaban al país por la frontera de Matamoros, Tamaulipas, con lo cual se confirmó la sospecha: “Se descubrió que más de 30 vehículos estaban pasando diesel bajo la clasificación de aceite ligero, que tenía tasa cero”, comenta el funcionario.

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Pero los grupos delictivos actúan rápido. Apenas iniciados los operativos, empezaron a realizar este contrabando técnico del diesel por otras entradas: primero Reynosa (Tamaulipas) y luego los puertos de Tuxpan y Veracruz (Veracruz). Las acciones de gobierno también se aplicaron luego en estas fronteras, donde se embargaron cerca de cinco millones de litros de combustible.

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Finalmente las autoridades establecieron sólo cuatro cruces por donde se pueden ingresar estos productos para facilitar la labor de control: Matamoros, Reynosa, Ciudad Juárez (Chihuahua) y Tijuana (Baja California). La Secretaría de Economía también tomó medidas de apoyo: exige un permiso previo para importar y creó un padrón sectorial de importadores.

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Haciendo un balance, Guzmán opina que los resultados son positivos: “Ha aumentado 7% el consumo de diesel [de Pemex] y sus importaciones han caído casi 50% [desde que se implantaron las medidas de control].”

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Sin embargo, las organizaciones delictivas tienen varias cartas bajo la manga. “El año pasado se vendían en nuestro país hasta 25,000 barriles diarios de diesel marino, una cantidad con la que se podía surtir una flota pesquera y mercante como la de Estados Unidos, que no correspondía al consumo del mercado mexicano”, cuenta el ingeniero López.

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Lo que efectivamente utilizan las embarcaciones en el país no debería superar 16,000 barriles diarios, y por tanto Pemex presume que son las bandas delictivas las que compran el producto, por su bajo precio, para fabricar gasolinas, una actividad restringida a las refinerías de la empresa de gobierno.

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En julio de 2001, junto con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), la paraestatal puso en práctica el llamado vale pesquero, un mecanismo para controlar quién y para qué compra este combustible.

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A raíz de su instrumentación, la venta del producto bajó más de 40%, presumiblemente porque las bandas dejaron de adquirirlo debido al temor a ser descubiertas. A su vez, la colocación de gasolinas de Pemex a las gasolineras aumentó 4.5%, lo cual hizo suponer que las mafias redujeron su producción.

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A pesar del éxito de la medida, fue sólo una solución temporal, ya que empezaron a incrementarse las tomas clandestinas para la extracción del diesel marino en los ductos de la firma gubernamental, otro camino que explotan las redes delictivas para abastecerse de esa materia prima. Según Cutberto Azuara Pavón, subdirector de Almacenamiento y Distribución de la paraestatal, cada año se registran alrededor de 200 piquetes en los ductos, de cada uno de los cuales se extraen entre 200,000 y 400,000 litros. Los estados donde se verifica la mayor cantidad de estos robos son Veracruz, Querétaro, San Luis Potosí y Zacatecas.

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Es difícil para Pemex poder evitar los pinchazos a los poliductos, puesto que su red es muy extensa (8,768 kilómetros) y porque los sistemas con los que se cuenta hasta el momento para detectar las sustracciones no han sido lo suficientemente efectivos. Se sospecha que se está realizando una toma clandestina cuando disminuye la presión de las tuberías por varios minutos, pero ello también puede deberse a condiciones climáticas. Se realizan patrullajes apoyados por la Secretaría de Defensa Nacional y la Policía Federal Preventiva; no obstante, la ley establece que es necesario encontrar in fraganti a los delincuentes, de modo que es extremadamente difícil descubrir y poder condenar a los ladrones.

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Los ataques a los ductos tienen un problema doble: además de la pérdida económica que generan a Pemex, muchas veces los que realizan la operación no tienen la capacidad técnica para “un buen trabajo”, y provocan derrames de combustible e incendios que dañan el medio ambiente, accidentes que incluso han dejado muertos, dice López.

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Se calcula que, sólo en reparaciones y atención de contingencias causadas por estos robos, la paraestatal ha gastado cerca de $722 millones de pesos entre 1998 y el primer semestre de 2002.

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Negocio perfecto
Las bandas poseen predios clandestinos donde fabrican y almacenan los combustibles. Uno de ellos fue descubierto en la ruta Nuevo Laredo-México por las autoridades. En ocasiones las gasolinas robadas de los autotanques son vendidas a las gasolineras sin modificaciones, pero el negocio más redituable para los delincuentes es fabricarla ellos mismos o diluirla antes.

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Para la elaboración de lo que luego se vende al público como Magna, Premium o diesel automotriz, además del diesel marino y las gasolinas robadas, las organizaciones criminales utilizan los productos llamados K y L (aceites de baja viscosidad que Pemex vende libremente a la industria química), sobrantes de los procesos de refinación como el llamado paloli (usado en barnices y pinturas), así como otros aceites y solventes derivados del petróleo.

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Pemex tiene información sobre la cantidad de combustibles que les vende a las gasolineras, pero no lleva registros de lo que éstas expenden al público, cifra que se supone es mucho mayor debido a que también se abastecen en el mercado negro.

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De acuerdo con datos de abril pasado de la Asociación Nacional de Distribuidores de Combustibles y Lubricantes, la adulteración podría alcanzar hasta 40% de la venta de carburantes de la paraestatal en todo el país.

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“En promedio, una estación de servicio vende alrededor de 20,000 litros diarios y la utilidad normalmente es de $0.67 pesos por litro. Si por cada litro adulterado se gana entre $1.50 y $2 pesos más, el negocio es millonario, pues tienen una ganancia de 100%” respecto del costo de su compra a Pemex, calcula Nava.

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Según Elías Ortiz, director técnico de la Organización Nacional de Expendedores de Petróleo (Onexpo, que agrupa 80% de las gasolineras del país), el mercado negro también causa pérdidas a los dueños honestos de estaciones de servicio. Asegura que sus ventas bajaron 25% en los últimos tres años, pues “en los establecimientos clandestinos se venden tambos hasta de 200 litros por la mitad del precio normal. El diesel automotriz cuesta $4.62 pesos por litro para el público, pero allí se consigue hasta por $3 pesos máximo.” Esta es otra de las vías ilegales de comercialización.

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Usuarios perjudicados
La fabricación ilegal y adulteración de combustibles también daña a los consumidores finales. Esas gasolinas tienen hasta 50 octanos, mientras que la Magna tiene 87 y la Premium 93. Este índice es la medida de la calidad y capacidad antidetonante de una gasolina y es indicativo del grado de eficiencia de la combustión.

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La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz  (AMIA) no tiene datos estadísticos sobre el impacto del delito en los autos, pero según su director, César Flores, cuando la gasolina tiene un menor octanaje rinde menos y el motor no es tan eficiente; los inyectores se tapan y existen fuertes problemas de combustión. Además, estas sustancias pueden tener ácidos que destruyen las cámaras o producen emisiones contaminantes. Finalmente, es factible que afecten al catalizador.

-Para evitar que la fabricación clandestina de gasolinas se extienda, Pemex ha subido hasta 50% el precio de los solventes K y L, usados en su elaboración. También marcará la gasolina para poder determinar en inspecciones si el producto está adulterado. De acuerdo con Azuara, este sistema consiste en incluir un elemento químico en los combustibles; se recogerán muestras en las gasolineras y, al analizarlas aplicando un rayo láser, se podrá determinar si tienen una menor concentración que los productos vendidos por la empresa gubernamental. Se desconoce el monto total de inversión que requerirá este plan, pero se sabe que sólo en los laboratorios móviles donde se estudiarán las muestras la paraestatal gastó $12.5 millones de dólares. El marcado ha sido aprobado por la Secretaría de Hacienda para aplicarse en 2003 en todo el país. Por lo pronto ya se realizó un plan piloto en 115 estaciones de servicio en la ciudad de Puebla, lo cual permitió detectar severas irregularidades al menos en siete de ellas.

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