El modelito

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Ricardo Medina Macías

El cambio de modelo económico fue todo un éxito.

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Esta es la tesis del Gordo Basurto. Como sin duda parece una tesis descabellada, merece una breve explicación.

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Dice el Gordo que se equivocan quienes claman por un cambio en el modelo económico. Argumenta que el modelo ya cambió, en diciembre de 1994. Desde entonces el -mercantilismo volvió por sus fueros y se convirtió en obsesión tener un tipo de cambio subvaluado que permitiera resultados superavitarios en la balanza comercial, un ligerísimo déficit en la cuenta corriente y sacarles la lengua a los caprichosos capitales extranjeros especulativos.

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Se nos dijo, tras la devaluación de diciembre, que lograríamos en breve el superávit comercial. Y desde febrero acumulamos resultados positivos en la balanza de exportaciones contra importaciones. Se nos ha dicho que no se permitirá que el peso vuelva a sobrevaluarse y la devaluación acumulada a fines de octubre ya es superior a 100%, ni siquiera los más escépticos dirán que hay sobrevaluación. Así las cosas, pregunta el -Gordo, ¿por qué se queja tanto la gente?

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Cierto, el desempleo es aterrador. Cierto, los mexicanos nos hemos empobrecido. Cierto, muchas empresas producen y venden apenas y otras están al borde de la quiebra. Pero esos son otros asuntos. El modelo mercantilista busca, ante todo, tener un saldo positivo en el intercambio comercial que permita atesorar divisas y no depender del ahorro externo.

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- Bueno, Gordo, y ¿qué hay con el ahorro interno?
-- ¿Qué es, sino ahorro interno, el aumento en la tasa del IVA, el incremento en los precios y tarifas del sector público, tener unas finanzas públicas superavitarias o en equilibrio?
-- No, Gordo, yo me refiero al ahorro interno privado.
-- Bueno, para efectos macroeconómicos lo mismo da que quien ahorre, o atesore, sea el sector público o el privado. Esas son distinciones ideológicas ajenas a la economía.

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¿Por qué es este, el mercantilista, un modelo distinto al que se siguió en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari?

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Responde el Gordo: Porque el de Salinas era un modelo orientado en líneas generales al bienestar del consumidor. Tuvo, es cierto, muchas fallas, y de hecho su aplicación fue muy deficiente, pero la combinación de un tipo de cambio semifijo, inflación a la baja, apertura comercial y privatizaciones benefició a los consumidores. En cambio, el modelo -mercanilista beneficia a algunos cuantos productores, especialmente a aquellos dedicados a la exportación de materias primas y bienes primarios (legumbres, hortalizas, minerales) y a la industria maquiladora de exportación.

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En el mercantilismo no importa tanto el bienestar del consumidor, sino el éxito de este tipo de productores que se identifica con el éxito del país. El modelo ha sido exitoso, en este sentido, y basta ver el crecimiento de la industria maquiladora y los resultados de empresas mineras y de varias agroindustrias de exportación.

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- Gordito, ¿y de dónde sacas todas estas ideas, si ni siquiera eres economista?
-- Específicamente de la historia de la Gran Bretaña en el siglo pasado. Para usar los términos de entonces podríamos decir que el modelito salinista era -librecambista deficiente y el zedillista es mercantilista atemperado por un banco central que, siendo autónomo, no comulga con el -mercantilismo. De ahí las tensiones entre la Secretaría de Hacienda y el banco. De esta forma el banco central parece purgar su culpa por haber seguido una política monetaria complaciente en 1994.
-- ¿Cómo es eso?
-- Sí, por haber compensado la salida de capitales externos, asustados por las turbulencias políticas, con la expansión del crédito interno a partir de abril de 1994. Lo correcto habría sido contraer el crédito, para que la economía se ajustara a la menor disponibilidad de recursos externos. Ello habría hecho innecesaria la devaluación de diciembre, pero políticamente era inconveniente en un año electoral.
-- Si entendí bien, gordito, tú abogarías por una vuelta al modelo librecambista, ¿o no?
-- Desde luego, aunque habría que aplicarlo con seriedad. Ya se fueron los capitales externos y no regresarán hasta que se genere confianza. Ahora, las reformas para fomentar el ahorro interno privado hay que hacerlas de a de veras; hay que reducir el tamaño del gobierno central y estimular el crecimiento por la vía de la oferta (disminuyendo cargas impositivas y desregulando de veras la actividad económica), no soltando las riendas de la política monetaria.
-- Y ¿por qué no se ha hecho?
-- Porque el corporativismo sigue siendo el modus vivendi de la política mexicana.

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El autor es periodista y director editorial El Economista.

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