El ocaso de un banco

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Reyna Haydée Ramírez

El pasado 7 de enero terminó la fantasía para los socios de Crédito y - Ahorro del Noroeste (CAN). Ese día, las autoridades hacendarias retiraron la - licencia de operación a esta sociedad de crédito que agrupó a 42,000 - pequeños ahorradores. Actualmente sus directivos andan en busca de un banco - que asuma el control de la entidad y de sus casi $1,400 millones de pesos de - deuda (de los cuales 10% es cartera vencida).

- La historia comienza con la detección de irregularidades administrativas - por parte de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores cometidas por la - firma entre 1994 y 1995, y por las cuales fue multada. Al no acatar las - reglas, vino la cancelación de operaciones en 1996. Una de las fallas - detectadas: para aumentar sus fondos, la sociedad alentó la formación de - grupos de cinco personas, con una aportación de $200 pesos cada una, para - adquirir una de sus acciones. Unos 109 profesores creyeron convertirse en - accionistas por esa vía, sin saber que para efectos legales sólo el titular, - adquiría derechos.

- Hay otras inconsistencias. Al nacer (con 500 socios en Mexicali, en 1993), - se dijo que los créditos de CAN no excederían los $100,000 pesos. Sin - embargo, la firma financió obras millonarias, como el panteón Jardines del - Paraíso, en Sonora. Peor aún, algunos miembros del consejo de - administración de la entidad, como José Antonio Villegas y Salvador Pulido, - aparecían como socios de este proyecto.

- La sociedad ofrecía tasas de interés muy superiores a las de los bancos y - hasta cuatro o cinco puntos por encima a las de los Certificados de - Tesorería. En poco tiempo, el llamado “banco del arbolito” extendía sus - dominios a Baja California Norte y Jalisco, pasando por Sinaloa y Sonora.

- Sus ramificaciones culminaban en 67 sucursales, pero llegó un remolino. - Los plazos de pago a los ahorradores, la gran mayoría de condición humilde, - comenzaron a cumplirse sin que hubiera quien respondiera por ello. Desde - luego, no tardaron en surgir las acusaciones contra los directivos por malos - manejos, hacer pagos preferentes y negligencia. La respuesta fue siempre la - misma: que su inversión sería devuelta conforme se recuperaran los - préstamos otorgados a varios años. En todo caso, les dijeron, sus ahorros - estaban garantizados con activos por $1,800 millones de pesos.

- Los directivos de CAN también hacen denuncias. En voz de su presidente, - Salvador Pulido, dicen que el asunto tiene que ver con una “amenaza velada” - proferida en 1996 por Antonio del Valle, ex presidente de Asociación de - Banqueros de México y actual director general de Bital. “Me dijo que no era - posible que nuestra institución creciera así y que ya no iba a seguir - creciendo”.

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- Como sea, el asunto ya rebasó las esferas administrativas. El congreso - sonorense ha ofrecido a los ahorradores interceder ante las autoridades para - que les aseguren sus pagos. Los directivos de CAN, a su vez, acudieron a las - autoridades fiscales. La propuesta (la creación de un fideicomiso que - revisara los estados de cuenta, vendiera los activos y liquidara pasivos), fue - rechazada por los ahorradores. La Comisión Nacional Bancaria debe ahora - auditar la firma.

- Los propios directivos dan por perdida la sociedad pero dicen no pretender - su liquidación sino encontrar quién se haga cargo de ella. Afirme, Banco del - Bajío, Banco Bilbao Vizcaya y Banorte han mostrado interés, pero nada más. - CAN seguirá la misma suerte que las 10 sociedades de ahorro y préstamos - desaparecidas en los últimos cinco años.

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