El peso de la inversión privada

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Si no hay un escenario catastrófico en el horizonte de los indicadores macroeconómicos de 1998, pese a la tendencia bajista de los precios del crudo y el consecuente recorte gubernamental al gasto público, eso es gracias a que el verdadero combustible del crecimiento económico es la inversión privada, tanto nacional como extranjera.

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En efecto, a diferencia de los años del proteccionismo y la desmedida participación estatal en la economía, actualmente los mayores proyectos de inversión dependen más de los capitales privados que de las cajas gubernamentales. De ahí que el nuevo recorte al gasto anunciado por la Secretaría de Hacienda (de $9,000 millones de pesos) no tenga una repercusión mayor sobre la cifra de crecimiento esperado del Producto Interno Bruto (PIB).

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Lo que el gobierno sí debe hacer es generar expectativas realistas, pero favorables. Por eso, sin entrar en particularidades, hay que reconocer su pragmatismo al hacer este nuevo recorte que busca mantener saludables las finanzas públicas y, por consiguiente, no alterar un clima de confianza que definitivamente está atrayendo capitales a la esfera productiva. Baste con recordar los espectaculares anuncios de inversión para 1998 que hicieron, hace unas cuantas semanas, los empresarios miembros del Consejo Mexicano de Hombres de Negocios y un nutrido grupo de inversionistas extranjeros.

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En esta edición, precisamente, le presentamos un listado de “Los 100 empresarios más importantes de México”, hombres que representan a un selecto grupo de corporaciones que mueven flujos de capital equivalentes, nada más y nada menos, que al 19.2% del PIB. Como puede verse, buena parte de la responsabilidad del crecimiento cae justamente sobre las espaldas de estos capitanes de empresa, quienes tienen la difícil encomienda de generar más y mejores empleos, de involucrar más a las medianas, pequeñas y micro compañías en sus cadenas de proveeduría, de adquirir como hábito de negocios la responsabilidad social y de jalar al país completo a un desarrollo sostenible y duradero.

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La administración pública, por su parte, pese a la dificultad que le imponen hoy los escenarios del exterior, debe tener la habilidad de generar mayor certidumbre a la inversión, bajo una óptica integral de largo plazo. Eso significa, por ejemplo, que debe poner atención en el actual talón de Aquiles de la economía mexicana: el sector externo. La dinámica de crecimiento de las importaciones crea inercias que más tarde son casi imposibles de revertir. En 1994 quedó muy claro que los déficit en cuenta corriente terminan por destruir, en un instante, lo que demora años y más años en construirse. ¿Cuántas veces debe repetirse una lección para aprenderla?

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