El petróleo, causa y pretexto

Aunque el ajuste del gasto público previene mayores problemas económicos, ignora la necesidad de a
Alejandro Castillo

El 15 de enero pasado el secretario de Hacienda, José Ángel Gurría, informó que se realizaría un ajuste de $15,273 millones de pesos en el gasto público, para amortiguar el impacto que pudiera tener la baja registrada desde octubre en el precio internacional de la canasta de crudos mexicanos, que pasó de $17.36 dólares por barril en ese mes, a $12.06 dólares en la primera quincena del año.

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Ese comportamiento en el precio del petróleo llevó a las autoridades a modificar la estimación que se tenía para el precio promedio de la canasta de crudos del país, de $15.50 dólares el barril, a $13.50.

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Aunque es preventivo, está por verse si el ajuste será suficiente para encarar los problemas económicos que pudiera enfrentar el país y que podrían ser más complejos que la caída en el precio del petróleo.

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Por otra parte, en el caso del petróleo existen posiciones encontradas acerca de las perspectivas del mercado. Incluso, en el mismo gobierno subyace una contradicción: si asume que la caída de los precios será prolongada y por eso ajusta el gasto, ¿cómo explica su decisión de aumentar las exportaciones en 172,000 barriles diarios en promedio? Esto no puede calificarse de irrelevante, ya que de 1995 a 1998 la participación de México en el mercado de exportación de crudo habrá aumentado en 592,000 barriles diarios.

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Lo cierto es que no se puede prever la permanencia de los factores que influyeron en la baja de precios: la decisión que adoptó la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en noviembre, de aumentar 10% sus exportaciones de 25 a 27.5 millones de barriles, a partir del 1º de enero; el probable reinicio de las exportaciones de Irak, que podrían sumar casi un millón de barriles diarios; la caída en las importaciones por la crisis asiática y lo que se ha denominado un invierno benigno en el hemisferio norte.

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Algunos de esos factores se podrían diluir o complicar, como ya ha sucedido en el pasado. Por ejemplo, ya hay un nuevo conflicto diplomático de las Naciones Unidas con Irak y eso podría levantar las cotizaciones del crudo. A su vez, el invierno benigno podría compensarse con un verano de mayor actividad y demanda de gasolinas.

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Lo que sí puede marcar una mayor diferencia respecto de otras bajas en los precios del petróleo es la presencia de la crisis asiática, cuyo desenlace aún está por verse. Tradicionalmente los países de la OPEP han producido más de lo acordado, pero es probable que ahora tengan más necesidad de recursos y pretendan aumentar sus ventas en un mercado mundial que en su región más dinámica se ha desacelerado. En esas condiciones, los ministros de la OPEP podrían acordar un ajuste de la producción o una guerra de precios.

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La crisis asiática y sus repercusiones es lo que está implícito en las preocupaciones de los funcionarios mexicanos, ya que no sólo afectará a la demanda y el precio del crudo, sino también los mercados de bienes y de capitales, lo que podría distorsionar la evolución de las variables macroeconómicas del país.

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Así se comprende la decisión de ajustar el gasto y no bajar el precio de la gasolina en la actual coyuntura. Son decisiones preventivas, frente a los riesgos futuros, adoptadas bajo la lógica de castigar ahora la economía para evitar el castigo de los especuladores. Esta lógica impide establecer una política económica basada en la competitividad y productividad para hacer frente a escenarios complicados como el que se avecina.

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