El poder de los sueños

En Sony hay un nuevo dogma: la conectividad. Aquí, una charla con el autor de los principios tecnol
Andrés Piedragil Gálvez

Kunitake Ando, presidente y director de Operaciones (COO) en Sony Corporation, no podía ocultar su sorpresa. La grabadora digital fabricada por su compañía, en la cual quedaría registrada su voz durante la entrevista, no es compatible con una computadora Macintosh. Ando, el número dos en la organización japonesa fundada en 1945, promete hablar al respecto con su amigo Steve Jobs, director ejecutivo de Apple Computer. “Lamento lo de la grabadora”, comenta entre risas.

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No obstante, la falta de conectividad es una situación que el presidente de Sony –que también ostenta el cargo de director de Calidad (Chief Quality Officer)–, no se toma a la ligera; probablemente, es una de las circunstancias que mayor desconcierto pueden causarle. Ando, en opinión de diversos analistas, es el creador de una nueva época en la compañía: la de la interconectividad. Hoy es tiempo de que todos los productos de la firma se conecten entre sí  y compartan información. La renovada visión tecnológica fue concebida por el directivo durante su paso por las divisiones de cómputo de la compañía.  Incluso se le atribuye el triunfante regreso de Sony al mercado del cómputo personal (a través de los sistemas Vaio, máquinas de escritorio y computadoras portátiles).

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La visión de Ando fija una nueva dirección a la compañía. A continuación, algunos extractos de la conversación que Expansión sostuvo con él durante una breve visita a México.

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¿En qué momento se decidió que la organización tenía que adherirse al mundo de la conectividad?
La misión de Sony siempre ha sido la de crear productos pioneros, innovadores; tecnologías que mejoren la calidad de vida de la gente. Al mismo tiempo, la empresa anticipó la llegada de un mundo donde internet jugaría un papel muy relevante. Así, considerando ese contexto y la vocación del corporativo por estar siempre adelante, se decidió que teníamos que ser los primeros en lanzar sistemas habilitados para el ámbito de la conectividad. Además, se determinó que Sony tendría que ser el proveedor número uno en electrónica, en tecnologías de información y en comunicación móvil a través de celulares. Dichas metas no se han cumplido 100%, pero creo que la organización puede convertirse en líder en el terreno de los sistemas listos para la Red.

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En términos de competencia, ¿qué características convierten a los proveedores de TI en rivales peligrosos?
Las firmas del sector TI son técnicamente muy fuertes y se mueven muy rápido. Son competitivas en precios, innovadoras y tienen buenos métodos para acercarse directamente al consumidor. Además, estas agrupaciones son poderosas en los mercados de tipo comercio negocio a negocio (business-to-business: B2B), aunque ahora quieren ingresar al campo del comercio negocio a consumidor (business-to-consumer: B2C). Dicha estrategia significa pasar por alto al circuito del comercio detallista, lo cual, en muchos sentidos, rompe reglas importantes.

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En cierta manera, admiro a estas empresas, por su valentía y agresividad. Sin embargo, Sony tiene una forma distinta de acercarse al usuario, ofreciendo más valor agregado, algo así como un sueño con valor agregado. Como el robot, que es en buena medida un sueño.

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Un producto tan sofisticado como el robot, ¿qué valor real aporta a Sony? Para muchos analistas, el producto sólo puede calificarse como un error. En opinión de los críticos la compañía desperdicia muchísimos recursos en tecnologías que aún no tienen mercado, en lugar de impulsar el crecimiento de las líneas de sistemas que verdaderamente son rentables.
Hay organizaciones muy diversificadas, como Samsung, que fabrica teléfonos celulares, pantallas de cristal líquido y electrónica de consumo. También está el caso de LG, que cuenta con divisiones de electrónica, sistemas médicos, motores, etcétera. Sin embargo, el caso Sony es distinto: aunque es una firma diversificada, todos sus productos están unidos en una cadena de valor.

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Tenemos un estándar muy estricto para medir el desempeño; por un lado está el asunto de las finanzas puras –generación de utilidad, ganancias– pero también está el terreno de los sueños con valor agregado, la vocación por crear algo excitante, el deseo de construir tecnología emocionante, hacer realidad un sueño. No somos una compañía que fabrica televisores. Productos como el robot son parte de nuestra esencia como organización. Además, algunas de las tecnologías que utiliza este producto pueden ser aprovechadas en otros dispositivos de consumo masivo: por ejemplo, el reconocimiento de voz, la capacidad de movilidad, información sobre dinámica muscular. Mucha gente cree que el robot no tiene nada que ver con nuestra oferta de productos, pero eventualmente contribuirá a mejorar los diferentes sistemas. Es una apuesta para el futuro.

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¿Es posible materializar sueños hoy, se lo permite una economía decelerada?
Los accionistas exigen certeza y seguridad, los mercados financieros castigan los errores de las empresas y los inversionistas no quieren perder su dinero en quimeras de negocios.
Evidentemente, la corporación tiene que lidiar con la realidad, del color que ésta sea. Y eso implica enfrentar a los analistas del mercado y resolver todos los aspectos relacionados con ganancias, inversiones y resultados financieros. Cada año sostengo tres reuniones con analistas que valoran las acciones y proyectos de Sony. Y los especialistas son realmente duros, nunca quieren permitirnos gastar dinero en iniciativas como el robot [comenta entre risas]. En la compañía siempre existe la conciencia de que hay que responder a los factores económicos fundamentales. Sin embargo, en su ADN está la permanente vocación de crear productos y tecnologías innovadores. Nunca se tiene que dejar pasar una buena idea.

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En este momento, ¿cuál es el sueño que su empresa desea materializar?
Nuestra visión de una red omnipresente. Siempre hay que brindar un producto con valor agregado, algo que despierte los sueños del usuario. Sony considera que uno de esos anhelos es contar con acceso a internet desde cualquier lugar, en cualquier momento y desde cualquier dispositivo que fabrique la firma.

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Con el fin de lograr esa meta, el teléfono celular desempeñará un papel muy importante. Por esa razón, la compañía decidió establecer una alianza estratégica con Ericsson, un joint venture que nosotros calificamos como trascendental. Ambas agrupaciones coincidimos en que el celular será un sistema muy relevante en la era de la conectividad móvil. Para Sony, se convertirá en un teléfono inteligente; sobre todo a partir de la tecnología inalámbrica de tercera generación (3G), la cual permitirá transmitir fotografías, video, música. Por su parte, Ericsson espera que Sony ofrezca buen contenido.

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De aquí a cinco años, la convergencia entre la electrónica de consumo, la tecnología móvil y las TI definirán una nueva generación de dispositivos extremadamente innovadores. Hoy, en la empresa se puede hablar de Clié, PlayStation, Vaio; pero ahora hay que usar las mentes para diseñar sistemas adecuados a la nueva época de la conectividad.

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¿México es un buen mercado para Sony?
¿El país cumple con las condiciones ideales a fin de desplegar la visión de la red omnipresente?
Es un buen mercado. Durante los últimos cuatro años las operaciones en México muestran un avance muy significativo. En comparación con 1998, las ventas se cuadruplicaron. Este año, a pesar del complicado entorno económico, las actividades están creciendo en forma impresionante. Sony mantiene una excelente relación con el país. Tan sólo hay una situación que me preocupa: el retraso en la construcción de una infraestructura de acceso a internet de banda ancha. Al observar las estadísticas sobre la penetración de esta modalidad de conexión a la Red, la verdad es que todavía llama la atención el hecho de que los costos de los servicios de telecomunicación siguen siendo muy altos. Hace falta una mayor competencia entre operadores para generar precios mejores para el usuario.

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Hasta hace poco, lo mismo ocurría en Japón: sólo existía una corporación telefónica y virtualmente había un monopolio en comunicaciones. Después empezaron a surgir otros proveedores, se abarataron los costos del servicio y aumentó el número de suscriptores de nuevas aplicaciones. Los monopolios nunca son buenos. Eso es lo único que esperaría de la gestión de Fox: la liberalización de la industria de telecomunicaciones.

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