El presente de la competencia

México tendrá que mejorar su ambiente regulador de telecomunicaciones para generar más competenci
Juan Antonio Oseguera y Ariadna González Ortiz

En los últimos cinco años México ha logrado avances innegables en materia de telecomunicaciones: hay más compañías de larga distancia, de telefonía local, de telefonía celular, de radiolocalización, y también ha crecido el número de proveedores de acceso a Internet y de usuarios. Sin embargo, aún existe un rezago importante.

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Una evaluación del sector de telecomunicaciones en el marco del TLC, realizada por el Senado de la República, expuso que se ha cumplido cabalmente con dicho acuerdo. No obstante, según Judith Mariscal, investigadora y profesora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), las negociaciones del TLC en torno a la privatización y liberalización de las telecomunicaciones revelan que la política comercial no ha podido reemplazar los trámites de regulación interna.

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Aunque el objetivo del acuerdo era liberar la comercialización de los servicios y los equipos de telecomunicaciones, sólo incluyó las ventas de equipo y los servicios a redes de valor agregado, excluyendo la provisión de servicios básicos de telefonía. “Esta exclusión –refiere la investigadora– representa una omisión muy importante, dado que los servicios básicos de telecomunicaciones son el segmento más importante en la industria.”

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Sin embargo, Enrique Rojas, director de proyectos especiales de MCM Telecom, opina que “son importantes los servicios básicos de telecomunicaciones, pero hay otros igualmente relevantes que deben ser considerados: acceso a Internet, redes privadas de datos y/o de voz, conexiones ATM, Frame Relay y hasta la conexión vía satélite”.

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Agrega: “La telefonía celular se ha expandido y en algunos casos ha sustituido a la telefonía básica, sobre todo por planes como el de la tarjeta prepagada o el Amigo kit. A esto hay que sumar el plan ‘el que llama paga’, con el cual uno mismo controla sus llamadas.”

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Telmex planteó como avance positivo del TLC la reducción en la tarifa de enlace dedicado a 2 megabits, que en 1993 costaba en promedio $13,646 pesos y actualmente disminuyó a $5,622, según los propios datos de la telefónica. “Esta reducción de precios –explica Rojas– fue causa de una sobreoferta y poca demanda del servicio, no un logro del tratado. De hecho, la rivalidad en este servicio apenas comenzó este año. En los próximos meses se verán los cambios generados directamente por la competencia.”

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En un estudio realizado por Avantel se señala que los objetivos generales del TLC se cumplieron satisfactoriamente: existe libre acceso entre las redes de los tres países firmantes y las redes privadas y los servicios de valor agregado tienen vigencia en la zona.

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Pero Avantel no quita el dedo del renglón. Argumenta que existe una falta de controles para Telmex, lo cual deja a sus competidores indefensos frente a una compañía que es a la vez único proveedor de servicios esenciales y su principal competidor. Las consecuencias se manifiestan en altos costos de interconexión y precios depredatorios, baja calidad en la provisión de servicios esenciales, de interconexión y de circuitos y falta de información técnica y comercial indispensable para el funcionamiento del mercado.

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Rojas acota: “Hasta determinado punto es cierta esta afirmación. Cuando Avantel quería hacer redes virtuales internacionales, no podía tender enlaces competitivos, porque entonces sólo Telmex tenía dicha cobertura y los costos no eran atractivos. Ahora ya hay otros proveedores para lograr dichos enlaces, pero la tarifa de interconexión sigue siendo alta.”

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El balance de las telecomunicaciones después del TLC salió, según varias opiniones, “bien librado”. Sin embargo, el estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico titulado “Revisión de la OCDE de la reforma regulatoria en México”, alerta: “México debería mejorar su ambiente regulador de telecomunicaciones para generar más competencia, mejores servicios y precios más bajos.”

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“El escenario está listo para un accesible régimen regulatorio para el comercio y la inversión. Pero las experiencias de algunas nuevas empresas del ramo sugieren que ciertas características del marco regulatorio pueden estar socavando la apertura del mercado”, señala el reporte.

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A pesar de los problemas, las empresas del ramo continúan interesadas en el desatendido mercado de telecomunicaciones de México. De acuerdo con el estudio, la densidad telefónica en 1997 era de 9.8%, mientras que para 1999 esta cifra habría subido, según los datos de la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel), a 10.6 líneas por cada 100 habitantes.

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Trabajo por hacer
En la perspectiva de la OCDE, la agencia reguladora mexicana debe obtener mayor autonomía y ser más clara en su proceso de toma de decisiones: “La independencia de la Cofetel, así como la transparencia y responsabilidad de sus decisiones –opina–, no van tan lejos como sería deseable.” Ejemplo de ello es que, antes de la segunda mitad de 1998, el organismo no explicaba por escrito el razonamiento detrás de sus decisiones ni existe, aún ahora, un proceso formal de consulta.

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Sin descartar que los efectos de la reforma han sido “muy positivos” en los sectores en donde se ha introducido completamente la competencia, la OCDE concluye que Telmex sigue operando como un monopolio.

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Rojas, de MCM Telecom, matiza: “Telmex es un operador dominante de mercado, tiene cobertura donde nadie más ha llegado y tiene a todos los clientes. Ahora es labor de la competencia quitarle clientela. No es un monopolio, en términos de que hay competición, pero sí en cuanto a cobertura.”

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El organismo mundial cuestiona en su reporte el hecho de que, no obstante haber determinado que la telefónica de Grupo Carso tenía un “poder sustancial de mercado” en cinco ámbitos clave –telefonía local, servicios de interconexión, larga distancia nacional, larga distancia internacional y reventa de larga distancia–, el gobierno mexicano no ha dado remedio a esta situación. “En diciembre de 1997 y después, en marzo de 1998, la Comisión Federal de Competencia declaró a Telmex  empresa dominante en varios mercados de servicios telefónicos, abriendo la puerta para posibles nuevas regulaciones procompetitivas. A mediados de 1999, la elaboración de dichas regulaciones aún no terminaba.”

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La OCDE recomienda aplicar a Telmex una “regulación asimétrica”, por la cual el proveedor dominante debe regirse por normas más estrictas que no son exigibles a sus competidores. De su razonamiento se desprende que una reglamentación más equilibrada alentaría el crecimiento del mercado. La debilidad del marco regulador mexicano, advierte el organismo, afectó la inversión en infraestructura de telecomunicaciones, pues si bien la apertura inicial propició un significativo aumento a finales de los años 80 y principios de los 90, ha perdido velocidad.

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“Desde 1994, la tasa de inversión cayó de manera significativa, y el desempeño de los indicadores de calidad se estancó. Casi no ha habido crecimiento en el número de líneas que se agregan al sistema”, dice el reporte.

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Así las cosas, la situación de la república no se compara favorablemente con la de Estados Unidos, Japón, Australia, Francia, Reino Unido, España, Corea y otras naciones desarrolladas o en franco desarrollo.

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“México sigue estando en el extremo inferior de las comparaciones. Los niveles de precios exceden en montos considerables a los de otros países miembros de la OCDE. El índice de penetración es el más bajo y es de apenas la mitad del que tiene el siguiente país con el índice más bajo, Polonia. México está incluso más rezagado que en 1990”, hiere el informe. Luego se arrepiente, pero no suelta la daga: “Aunque México ha logrado progresar significativamente en los pasados 10 años, queda mucho por hacer”, concluye.

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