El propagandista

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José Ramón Huerta

A menos de 48 horas después de conocer los resultados de la contienda electoral priísta en la que Francisco Labastida resultara vencedor, Carlos Alazraki Grossman no podía ocultar su desazón. La derrota siempre es amarga, y el publicista, instrumentador de la estrategia propagandística de Roberto Madrazo, la traía fresca en los labios. A pesar de ello, este año fue para Alazraki fructífero por cuanto se erigió como el profesional que marcó la pauta en lo que se ha dado en llamar mercadotecnia política. El creador del lema de campaña de Ernesto Zedillo –Bienestar para tu familia– salió tablas en sus dos incursiones políticas de 1999: una ganada, otra no (o no tanto). Si bien coadyuvó con base en una agresiva campaña (la de las “ratas”) a que Arturo Montiel ganara la gubernatura mexiquense, su otro cliente, Roberto Madrazo, mordió el polvo a manos de, dice Alazraki, “el sistema, invisible pero poderoso”. Con Madrazo consiguió su objetivo, pese al resultado electoral adverso: logró convertir en precandidato a la presidencia del país a un político cuya historia se enturbiaba por acusaciones de gastos excesivos en su campaña por la gubernatura de Tabasco, uso indebido de los dineros estatales y señalamientos de vinculación con personajes como Carlos Cabal.

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Alazraki, en su trabajo con políticos, resulta para algunos un personaje ambivalente, por cómo puede ponerse y quitarse las camisetas, eso sí, siempre de clientes priístas. Pero las tácticas del publicista son todo menos monótonas: así como encaró de modo semejante la estrategia para candidatos a la presidencia y a la gubernatura de un estado, la varió para Madrazo en los comicios primarios. En los dos primeros casos el común denominador fue plantear propuestas. “Para un precandidato lo vital es el posicionamiento”, dice, y eso se puede conseguir con discurso beligerante –como en el caso de Montiel y, sobre todo, de Madrazo–.

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La campaña para el tabasqueño, que empezó en mayo –aún siendo gobernador–, continuó hasta septiembre. A partir de agosto inició ya la campaña como precandidato, misma que duró 12 semanas, dividida en tres etapas: la primera, posicionarlo como un candidato hacedor y rebelde dentro del sistema. La segunda –también de cuatro semanas– consistió en demostrar “los logros de Madrazo contra los no-logros de Labastida”. El último mes se consagró a las propuestas con un cierre muy agresivo.

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“La debilidad más grande de Roberto era que no tenía el equipo gigantesco que tuvo Labastida”, comenta Alazraki, quien se permite algunas expresiones como las siguientes: “Ya acabé, perdió Roberto, y yo, back to bases”; “Montiel (en el Estado de México) tuvo toda la maquinaria del PRI a su favor, Roberto no, era el retador, y de la noche a la mañana no se pueden cambiar los malos hábitos de ese partido”. Sobre Madrazo dice que: “Era una estrategia muy linda posicionarlo como el rebelde dentro del PRI”; “sabíamos que él no podía ganar, pero le tirábamos a la democracia, a la competencia libre y leal”. Y sobre él mismo: “No digo que no participaré durante un tiempo en política, yo vivo de esto”. Y el colofón: “Ya empezaron los ataques. Es muy chistoso: durante once semanas fui el rey de la publicidad política… ahora soy el diablo”.

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