El rapero tamalero

Se bautizó Chingo Bling, empezó vendiendo tamales y hoy rapea en MTV. Cómo crearse una imagen y u
Sara Brito

Chingo Bling, nacido Pedro Herrera, empezó vendiendo los tamales de puerco de su madre en la parte de atrás de su furgoneta, junto a las primeras mezclas (o mixtapes) que grababa en el cuarto de baño de su casa. Hoy este hijo de mexicanos emigrados de Tamaulipas es el rapero de moda en Houston, el creador de una empresa innovadora, Big Chile Enterprises, y un artista que empieza a despuntar como promesa del hip hop dentro de la creciente comunidad latina en Estados Unidos.

- Desfachatez le sobra, como también espíritu de empresa. Dicho de su propia boca: “Soy artista, pero también empresario”. Si de vender tamales ha pasado a ser la sensación desde Texas a Nueva York, algo hay de cierto en su leyenda. Ya ha saltado en varias ocasiones a Music TV (MTV), a la que bromea con convertir en Mexican TV; ha sido reseñado en reputadas revistas del género hip hop como XXL y ha recibido ofertas de casas discográficas como Universal, Capitol Records y Warner, desde su subsidiaria Asylum. “Todos quieren a Chingo, pero ¿quién puede permitírselo?”, bromea autoparodiándose en uno de sus DVDs.

- Es el ‘rey de los tamales’, como reza su primer disco oficial Tamale Kingpin, pero también rebosa espíritu hustler, es decir un microempresario que se gana la vida en el comercio informal. Pero nada le ha venido gratis a Chingo.

- La filosofía del work ethic corre por sus venas. Tal vez tenga algo que ver que no haya pasado directamente de las calles al hip hop: se graduó de la Trinity University de San Antonio, Texas, en administración de empresas. “Desde joven sentí que tenía una meta que cumplir y que vendría a base del trabajo duro”.

- Desde abajo, como dicta el sueño americano, Chingo, que también se hace llamar el ‘vaquero del gueto’, ha construido lo que es hoy su empresa Big Chile Enterprises, que funciona como sello musical, estudio de grabación  y de filmación de videos para él y para otros artistas, y distribuidora no sólo de su música, sino también del catálogo de productos de su propia invención que vende desde su web (www.chingo-bling.com): tangas, playeras con diseños estridentes, gorras, tatuajes temporales o muñecos con su imagen. Si bien no da cifras redondas, sí admite que la facturación de Big Chile anda cerca del millón de dólares. Su concepto de negocio rebasa los parámetros de la disquera independiente para moverse con soltura en un negocio que arriesga e inventa. “No uso reglas, no me doy límites”, reconoce en conversación telefónica desde su estudio en Houston.

- Alta densidad mexicana
El organigrama de la compañía sirve para conocer algo más del componente mexicano de Chingo Bling.

- La suya es una empresa familiar: ha puesto a trabajar en Big Chile Enterprises a sus padres, quienes se encargan de los envíos y de seguir haciendo tamales bajo encargo, mientras que su hermana lleva la relación con las tiendas a las que distribuyen sus productos en varios estados. De paso, su mamá está ahí para darle ‘un tirón de orejas’ cuando se pone demasiado grosero en sus letras.

- Dicen las lenguas del género que 2005 será su año de debut en la pantalla. En MTV ya lo han bautizado como el ‘Eminem de Texas’. Con su imperio de merchandising y sus ocho discos de mezclas, de los que ha vendido unas 20,000 unidades de cada uno, este mexicano de 26 años quiere seguir creciendo.

- Como no sólo de música vive Chingo, uno de sus planes para principios de 2006 es poner un restaurante de tamales en el centro de Houston. El rapero, formado en negocios, planea también en los próximos meses arrancar una agencia independiente de publicidad dirigida a las firmas que quieran venderle al creciente mercado latino de Estados Unidos. Chingo se jacta de saber cómo hablarle a los suyos.

- Pero no todo crecimiento de su empresa puede ser el correcto. “Mientras, para crecer, no diversifique hasta el punto de perder de vista quién es su público, mientras se quede en su nicho, estará acertando en su estrategia de marca”, comenta Lawrence Newel de la agencia de estudio de marcas Interbrand.

- Vocero de una comunidad
Mientras su madre repasa con sus manos la receta de tamales para las bocas de Houston, Chingo Bling reparte rimas y provocación en cada vez más cadenas de radio de Estados Unidos. Sus discos se distribuyen en todo el país, y reciben pedidos de lugares tan disímiles como Suecia. Pero él sabe exactamente cuál es su público: “Los más jóvenes entre la comunidad latina de Estados Unidos, Chingo aspira a un segmento bien delimitado con su imagen de gangsta latino”, asegura Newel de Interbrand.

- “Como una marca de tequila, mi público son los mexicanos que viven en Estados Unidos, en Houston o Los Ángeles, donde hay mayor concentración de latinos de 20 años para arriba”. Jóvenes latinos, urbanos, nacidos ya en Estados Unidos, empapados de la cultura estadounidense, pero que no olvidan su raíz latina. Tal es su público objetivo, de acuerdo con Interbrand y el propio Chingo.

- Si el hip hop es la voz de los barrios negros, la comunidad latina tiene en Chingo Bling a su nuevo vocero, y un buen ejemplo de emprendedor provocativo. Su fuerza está en la confianza que le ha llevado a levantar en apenas tres años una empresa y un fenómeno en torno a él. “En Big Chile queremos hacer cosas grandes”, dice. Ya hasta la tequilera Cuervo lo tiene visto para iniciar una gira-concurso de música para latinos en EU, en la que él será el presentador. “Mezclo lo que sé del mercado y la cultura estadounidense y mexicana. En principio creé algo con mucho riesgo porque era muy diferente, pero eso ahora se ha convertido en una ventaja competitiva”, apunta.

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- Su música está a mitad de camino entre hip hop y ritmos norteños, y sus letras rondan entre el inglés callejero y el mexicano más caló.

- Heterodoxo, el ‘vaquero del gueto’ despunta como icono y enseña que muchas veces una imagen vale más que mil estudios de mercado.

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