El saldo de la crisis asiática

Se acabaron las distancias. Los resultados en 1998 de &#34las 500 empresas más importantes de Méxi

El año pasado puso de manifiesto que todo escenario económico es posible y debe ser considerado con seriedad por los responsables de la conducción del país. La crisis asiática mostró que la globalización de la economía es un hecho irreversible y que, una vez desatadas las fuerzas del mercado por la crisis de un país lejano, no habrá blindaje que resista.

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Hasta la fecha, la mayor parte de los análisis sobre la crisis asiática y su impacto en el mundo han estado centrados en factores macroeconómicos, ubicándose en el rápido y quizá excesivo aumento del crédito, que ha violado criterios de prudencia. A 25 años del inicio de la publicación de este reporte, Expansión refrenda su compromiso por proporcionar a sus lectores información a escala microeconómica que permita entender las fortalezas y debilidades de la economía mexicana.

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En esta ocasión, el reporte de “Las 500” muestra las adversidades que las empresas enfrentaron dentro de un ambiente caracterizado por mayores costos financieros, caída de la demanda, desaceleración productiva, reducción de las exportaciones y aumento del desempleo. Si bien es cierto que en los últimos años la economía arrojó un mejor desempeño general, el comportamiento en 1998 muestra que existe todavía un largo recorrido por hacer en materia de productividad, mejores prácticas competitivas y previsión ante la interconexión creciente de las relaciones económicas.

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Las 500 y los costos de la dependencia
En 1998 la economía creció 4.8%, la inflación alcanzó 18.6% y el déficit en cuenta corriente más que se duplicó. Es decir, el desempeño de la economía fue menor a lo programado, ya que no se cumplieron las metas oficiales por la falta de previsión y una pobre supervisión económica. Adicionalmente, la baja en los precios del petróleo creó una crisis fiscal, debido a la fuerte dependencia de los recursos públicos de los ingresos petroleros, que en 1998 representó 33% del presupuesto.

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Como se recordará, el precio promedio del petróleo cayó de $16.5 en 1997 a $7.5 dólares en 1998, es decir, a menos de la mitad. En este contexto, el gobierno tomó la decisión de no financiarse con más deuda, por lo que se instrumentaron varios recortes al presupuesto a lo largo del año. Con ello, se redujo la liquidez de la economía, con la intención de frenar la inflación y las presiones sobre el tipo de cambio. No obstante, ante los choques externos, la efectividad de restar liquidez a la economía fue menor, ya que la inflación superó lo estimado, las tasas de interés internas se elevaron y, al final, el peso se depreció. Durante 1998, el fuerte nerviosismo en el mercado de capitales -que no llegó a una salida masiva de capitales- se expresó también en una caída de 24.3% del Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) en relación con 1997. De ser cierto que el IPC es un indicador adelantado de la economía, no habrá que esperar un 1999 generoso en crecimiento.

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Por otra parte, la crisis asiática empujó a la baja los precios internacionales de las materias primas, poniendo en una situación difícil a las empresas ligadas al mercado de commodities.

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La caída de los precios del petróleo, el aumento de las cargas impositivas y la debilidad en los precios de los commodities fueron los elementos de peso que afectaron el desempeño de las empresas en el país. Por supuesto, las que importan materias primas e insumos, para después exportarlos, lograron sacar provecho de esta situación, pero para las exportadoras de materia prima el golpe fue severo, particularmente en las empresas mineras y de alimentos frescos, además del petróleo mismo.

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Las 500: desempeño triste
Si en 1997 el desempeño de “Las 500” se calificó de moderado, en 1998 los resultados de este reporte muestran una frágil situación financiera, derivada de un ambiente poco favorable para los negocios.

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Las ventas netas crecieron apenas 3.6%, no mucho más del 2.3% de 1997. En efecto, la caída de las exportaciones combinadas de “Las 500” en 10.2% no logró ser compensada con el crecimiento en las ventas internas de 8%. Durante 1998, el crecimiento de los precios internos y la depreciación del peso frente al dólar encarecieron los insumos para la producción, lo cual se expresó en un aumento de los costos de las empresas participantes en 7.9%, muy por arriba del crecimiento de su facturación, con lo que su resultado de operación sufrió un desplome de 9.4%, al pasar de $367,434 a $332,877 millones de pesos entre 1997 y 1998.

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El hecho de que el margen de operación tuviera un comportamiento positivo parece mostrar que los aumentos salariales no fueron el aspecto central de su comportamiento. En este contexto, y como se mencionó anteriormente, el pobre manejo financiero de los principales precios de la economía ocasionó pérdidas en los resultados combinados de las empresas. El aumento en las tasas de interés líderes (Cetes, TIIE, la devaluación del peso en más de 22% y el repunte inflacionario dispararon el costo integral de financiamiento (CIF) de $7,729 millones de pesos hasta $29,966 millones. Así, el cif acusó un aumento de 287.7% entre estos dos años, lo que llevó a que el resultado neto se desplomara 58.4%, al pasar de $99,756 a $41,505 millones de pesos. El margen neto pasó de 8.3 a 3.4%. Con todo, los resultados financieros arrojaron números negros para 75% de las empresas participantes.

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Los recursos totales movilizados por “Las 500” sumaron $1,818 billones de pesos, monto 6.4% superior al de 1997. La menor liquidez de la economía, debida a los recortes al presupuesto desde enero de 1998, impuso una expansión de los activos totales a través del crecimiento de los pasivos totales en 10.5% -los pasivos contratados llegaron a $912,374 millones de pesos-. Si en los últimos tres años el endeudamiento se había contraído, en 1998 las compañías tomaron deudas por el equivalente a 50.2% de sus recursos totales.

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En menor medida, los accionistas aportaron recursos por $905,372 millones de pesos, por lo que el capital contable reportó un crecimiento de 2.5%. Y si en 1997 la expansión del pasivo total se realizó sobre la base de contratación de deuda en moneda extranjera, durante 1998 ésta corrió a cargo de pasivos en moneda nacional que, aunque angosta, resultó una vía para asegurar recursos para las empresas. Pero a un precio elevado. Mientras que los pasivos totales en moneda extranjera crecieron 5.2%, los contratados en moneda nacional crecieron 19.3%. Así, el valor de los créditos en moneda nacional registrados en los balances financieros alcanzaron $373,161 millones de pesos. Si en 1997 estos representaron 37.9% del pasivo total, en 1998 alcanzaron 40.9%.

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Por otra parte, la oferta pública de acciones, como fuente de financiamiento para las empresas mexicanas, no logró colocar en 1998 nuevas emisiones, por lo que cerca de 30 empresas que intentaron ingresar en el mercado de valores continuaron en lista de espera. La otra vía para el financiamiento, el crédito directo, estuvo escaso y caro, pero aún así fue el único. En este contexto, buena parte de las empresas que no pudieron acceder a recursos frescos pospusieron sus planes de inversión para el futuro. Aunque no fue la vía más practicada, algunas firmas optaron por aumentar el capital de sus accionistas para poder financiarse. Otra vía que se vislumbró fue la desincorporación de activos.

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El análisis de la estructura de los pasivos permite ver que para 55.6% de las empresas listadas, sus pasivos en moneda nacional se ubicaron en rangos de 50 a 100% del pasivo total, en tanto que 41.2% reportó que más de 50% de su deuda total fue negociada en moneda extranjera. Los pasivos a corto plazo crecieron 12.9%, por arriba de los de largo plazo.

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El apalancamiento, tanto en relación con el activo total como con el capital contable, mostró un aumento. En relación con el primero, creció de 0.483 a 0.502 veces y, en relación con el capital contable, de 0.935 a 1.008 veces. En buena medida, estos valores son una continuación de la tendencia expresada en 1997 y reseñada en “Las 500” de 1998.

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A su vez, la expansión del activo fijo fue muy significativa. Pese a que la inversión pública disminuyó en 20.4%, los gastos en maquinaria y equipo nacional e importado y en construcción crecieron 10.7% en términos reales y se convirtieron en el componente más dinámico de la demanda final. El activo fijo, que representa la inversión en inmuebles, maquinaria y equipo, creció 9.2% y aumentó su importancia dentro del activo total de 58.4 a 60%. El valor de los activos fijos de las empresas participantes sumó $1,090 billones de pesos y significó una inversión de $91,595 millones de pesos entre 1997 y 1998.

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Los activos circulantes se contrajeron 1.9% en términos reales y, debido a una elevada expansión de los pasivos circulantes en 12.9% (ambos hechos ligados a la disminución de la liquidez en la economía), el capital de trabajo se desplomó en 40.1%: de $135,676 a $81,284 millones de pesos. De este modo, la razón de liquidez, es decir, la capacidad de pago a corto plazo, disminuyó de 1.389 a 1.207 veces. Por otra parte, la velocidad con la que el inventario disponible se vende regularmente se ubicó en 5.7 veces o 63 días y, aunque no mostró un cambio importante en relación con 1997, se aprecia en un nivel alto, lo que coincide con la disminución de la capacidad de pago a corto plazo.

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Finalmente, en el rubro de la rentabilidad se observa una sensible disminución promedio en el rendimiento de la inversión de los participantes. Como se mencionó, la utilidad neta cayó drásticamente, lo que hizo que la razón de utilidad a capital contable pasara de 11.3 a 4.6%. Dramático.

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Entre las 59 actividades representadas los resultados fueron al igual que otros años muy heterogéneos. En esta ocasión, entre los giros que resultaron con elevadas tasas de crecimiento en ventas destacaron maquinaria y equipo agrícola (43.3%), construcción (33.1%), productos a base de minerales no metálicos (22.9%), hoteles (20.5%), automotriz (18.1%) y comercio de autoservicio (16.2%). Por otra parte, entre los giros que destacaron por su retroceso en sus ventas estuvieron petróleo (-13.7%), petroquímica (-12%), siderurgia (-6%) y metales no ferrosos (1.5%).

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En el renglón de utilidades, sólo 16 giros reportaron crecimiento en su resultado neto. Entre los de mayor variación destacan maquinaria y equipo eléctrico (259.9%), despachos de asesoría (124.6%), hardware (87.1%), software (61.3%), resinas sintéticas y fibras artificiales (43.6%). Los resultados operativos fueron prácticamente positivos en casi la totalidad de los casos excepto en el caso de otros servicios. Los sectores de petróleo, prendas de vestir, cemento, carbón y grafito registraron los márgenes de operación más elevados en 1998.

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En lo que hace a la rentabilidad las actividades que sobresalieron fueron software, equipo fotográfico, científico y de precisión, transporte, prendas de vestir, artículos de oficina y dibujo y aparatos electrónicos y sus partes.

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Con respecto al apalancamiento, las ramas que obtuvieron las razones más altas fueron productos a base de minerales no metálicos, hardware, electricidad, cemento, equipos y aparatos electrónicos para comunicación y automotriz.

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Finalmente, las actividades que registraron el nivel mas alto de liquidez fueron equipo y material de transporte, ganadería, vidrio y sus productos, artículos plásticos, comercio especializado, electrodomésticos y minería.

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La división que vive la economía mexicana es cada año creciente: por un lado un segmento exportador, competitivo, tecnológicamente avanzado y globalizado y por el otro un segmento de capital local, orientado al mercado interno, tecnológicamente heterogéneo y dependiente del nivel de consumo interno. Mientras el primer grupo gana terreno gradualmente el otro apenas si resiste una crisis más. En tanto que el primer grupo ha permitido que las exportaciones representen mas del 25% del PIB, el segundo sigue siendo el principal soporte del empleo a nivel nacional. Los resultados del reporte de este año muestra que aún las empresas de mayor tamaño no están exentas de traspiés como el dado el año pasado. Así, las empresas de México entrarán al siglo XXI con sus finanzas debilitadas.

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El informe de Las 500 empresas más importantes de México es un producto del Departamento de Investigación y Desarrollo del Grupo Editorial Expansión. El análisis estuvo a cargo de Gerardo Mendiola. Se prohibe la reproducción total o parcial sin la autorización de los editores

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