El té y las infusiones

Vertida en agua caliente, la hierba tiene corazón.

Propiamente dicha, llamamos té a una infusión que vino de la lejana China, donde su uso se había extendido 10 ó 12 centurias antes de llegar a Europa, en el siglo XVII. Portugueses, holandeses e ingleses la acarrearon con entusiasmo a Occidente, luego de pretender conocer los límites de un mundo que no los tenía, por redondo.

- Se transplantó no sólo la difícil hoja, sino la voluntariosa tetera y la taza de porcelana. En India, donde su sabor y su cultura estaban extendidos, los conquistadores la hicieron suya, sin sospechar que se trataba de la forma de dominar de los dominados. El primer cargamento de la planta llegó a Ámsterdam alrededor de 1610.

- El té –llamado en el XVII y el XVIII théier– procede de unas hojas que cuando son pequeñas y tiernas dan la versión imperial; éstas, secadas bajo el calor del sol, derivan en el té verde. Bajo el fuego, la planta se oscurece: es el té negro.

- Entre 1720 y 1730 la bebida tiene su momento áureo. Su comercio se reproduce en grado tal que se empiezan a intercambiar otras plantas sustitutas, que lo mismo bullen en el perol ya apagado.

- Actualmente gozamos de todo tipo de infusiones; algunas en combinaciones exóticas o, por lo menos, originales.

- La Esquina del Té
Plaza San Jacinto 3,
San Ángel.
Tel. 55 50 14 60.

- Ámsterdam 55
Colonia Condesa,
Tel. 55 53 90 81.

- Para saber:
Bebidas y excitantes, Fernand Braudel, Edit. Alianza.

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