El talk show de la transición

¿Se imagina el lector los dramas apasionantes de un programa llamado:&#34Lo que los políticos call
Ricardo Medina Macías

Según parece el género de programas de televisión bautizado como talk show (¿espectáculo de la palabrería?) es algo así como Dostoievsky con olor a fritanga. Es decir: Humillados y ofendidos, pero en microbús.

- Desde otro punto de vista, son la oportunidad para que cualquier hijo de vecino protagonice un drama de la vida real. Ya sabíamos que hay tremendos culebrones en la vida diaria de millones de personas, pero platicados en la pantalla ante otros millones de personas, esos culebrones adquieren otra categoría: ¡se vuelven televisión!

- Para otros millones de personas, como el Gordo Basurto, este tipo de programas habrían pasado sin pena ni gloria de no ser por la vehemente campaña que excelentes señores y señoras de intachables costumbres han emprendido en contra de ellos. Paradójica propaganda.

- Atendiendo a los sabios consejos del “Gordo Basurto” no voy a discutir si esos programas deben transmitirse o no, porque me arriesgo a recibir un alud de cartas y reclamos si digo lo que pienso: hoy estos celosos guardianes quieren censurar esas burdas farsas, mañana querrán censurar las aventuras del “Gordo Basurto” o las noticias. No.

- Tampoco voy a decir que el problema no radica en esos programas sino en el hecho de que tantas personas crean que la televisión es una niñera confiable y en el hecho de que tantas personas, supuestamente ilustradas y modernas, consideren que millones de sus semejantes son retrasados mentales incapaces de discernir entre lo bueno y lo malo. No lo voy a decir porque la implacable censura podría caer en mi contra.

- No. Dicho todo lo que no debo decir; voy a mi asunto: ¿por qué no promovemos que estos programas incursionen en temas más emotivos y edificantes? Por ejemplo en la política y, especialmente, en el sabroso tema de la transición.

- ¿Se imagina el lector los dramas apasionantes de un programa llamado: “Lo que los políticos callan”?, ¿qué tal un capítulo: “El dinosaurio de mi vecino todavía da coletazos” u otro que se llamase “Les pedí perdón y me siguen poniendo piedras en el camino” o uno más: “Fuera con el fuero para los diputados borrachos”?

- Con frases tan didácticas como: “Yo a la democracia ni le aplaudo porque me llevo de a cuartos con ella” (lo diría un conocido político con su gran puro en la boca y guiñando un ojo), “Yo no perdí, perdió el partido”, “A ver, a ver, ahí tienen su p… cambio, ¿verdad que no es tan bonito?”, “Les juro por ésta que ni bebo, ni fumo, soy víctima de un complot de la derecha”.

- Encantador. La conductora, a quien podríamos llamar Doña Lola y aparecería luciendo espectaculares abrigos de pieles haciendo juego con una cabellera púrpura, enfrentaría a sus invitados: “A ver, ¿y qué tú sentiste cuando te llamó mariquita?” (nótese la perfecta sintaxis de Miami) y a otro: “¿Y qué tu piensas de que a Porfirio le hayan puesto su mesa?”, y por allá: “¿y qué tú hiciste cuando te enteraste que los reporteros son flojos y no leen inglés?”

- Imagine el lector otros tremendos dramas de la vida real: “Me engañaron con un torturador argentino”, “Mis enemigos me levantaron falsos y no repetí en la Procuraduría”, “Mi diputado me traicionó”, “Les llevé mi currículum y nunca me hablaron”, “Le dejé el gasto y lo derrochó en anuncios”, “Me dijeron que no iban a subir los impuestos”. 

- “Yo no perdí, perdió el partido”,  “A ver, a ver, ahí tienen su p... cambio,  ¿verdad que no es tan bonito?”

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