El tarjetazo de Gemplus

Se empieza a abrir en México el abanico de oportunidades para las &#34tarjetas inteligentes&#34. Su
Mayela Delgadillo

Creadores de instrumentos tan polémicos como la llamada “tarjeta de la pobreza” –que sustituyó a los tortibonos–, o de productos tan comunes y masivos como la tarjeta telefónica Ladatel, Gemplus se mete de lleno a México y el mundo con su tecnología de chip.

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Sólo otra multinacional también francesa, Schlumberger, logra competir con ella. Entre ambas captan hoy día 80% del mercado del microchip de tarjetas a escala internacional, dejando sólo 20% de los clientes restantes a pequeñas corporaciones europeas que apenas presentan competencia a los dos gigantes.

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La historia de Gemplus empieza en los años 80 en Francia, con la salida de alrededor de 50 empleados de una empresa dedicada a producir semiconductores y chips. Quién iba a decir que ese puñado de trabajadores lograría, en menos de dos décadas, crear una compañía de rango internacional basada en un concepto en apariencia simple: unir el chip a un plástico.

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El furor de esta tecnología en Europa se gestó durante ese decenio, pero fue en 1994 cuando Gemplus llegó a América –específicamente a México–, ya como una compañía experimentada. Hoy la firma opera en Cuernavaca una de las ocho plantas (cuatro de chips y las otras para fabricar bandas magnéticas) que tiene en el globo terráqueo y la única en América Latina.

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A la fecha, las tarjetas inteligentes –o smart cards– han revolucionado la operación de muchas empresas privadas y organismos gubernamentales en Europa, y poco a poco empiezan a penetrar también en otros continentes.

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La tan perseguida simplificación administrativa, control y seguridad sobre las transacciones, más el ahorro de costos por concepto de operación y mantenimiento, son algunas de las ventajas que este nuevo instrumento proporciona, según describe Bertrand Moussel, director general de Gemplus.

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A decir del ejecutivo, las compañías estadounidenses aún se encuentran en pañales en cuanto a la aplicación de la tecnología del chip, “debido a su reticencia de asimilar una aplicación de origen europeo y porque los costos de transacciones on-line de la banda magnética son accesibles en Estados Unidos, lo cual no sucede en otros países”. Por ello la penetración del chip inteligente apenas está en proceso en esa nación.

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De cualquier forma, Gemplus no se acongoja: tiene presencia directa en 30 países y ventas en 150 más. La corporación facturó el año pasado $600 millones de dólares, de los cuales 10% provino de América Latina, cifra alta si se considera que esta región rara vez representa más de 5% de las ventas de multinacionales que comercializan alta tecnología. Las perspectivas son aún más halagüeñas: estima que el patrón de crecimiento será de 40% en la región.

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Cabe resaltar que más de la mitad de esos $60 millones fue captada en México –alrededor de $32 millones de dólares–. Tal hecho resulta llamativo puesto que su cartera de clientes no rebasa las 25 empresas, número que se antoja todavía reducido.

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Gemplus, sin embargo, es sólo la punta del iceberg. “Lo que se vende con la tarjeta de chip es mucho más que un plástico. Para que un chip opere se requiere de sistemas de software, hardware, terminales, máquinas lectoras y hasta un plan de negocios, cosas que nuestra compañía no realiza, porque no es su ramo”, cuenta Moussel.

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Por esa razón Gemplus trabaja con empresas integradoras, que desarrollan la parte del programa de soluciones que les corresponde hasta lograr que funcione todo en la aplicación de la tarjeta de chip. Las redes, programas de informática y hasta la capacitación de personal son cosas que llevan a cabo otras compañías.

- -AMENAZA PARA LA BANDA
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Una tarjeta de chip logra almacenar hasta 16 kbites de información; el chip puede durar sin deteriorarse 10 años y soporta más de 100,000 ciclos de escritura y borrado de información, características imposibles de obtener con la banda magnética, la cual sí se daña con el uso frecuente, resulta seriamente afectada por los cambios ambientales y es mucho más vulnerable a los fraudes.
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La confiabilidad del chip maneja un rango de probabilidad de un defecto por millón. “Es más fácil que la tarjeta se rompa, a que se descomponga el chip en todo ese tiempo”, dice ufano el director.

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Argumenta que el nivel de fraude en Europa –en donde las compras, llamadas telefónicas, servicios de transporte, seguro médico y hasta Internet se pagan mediante las smart cards– es mínimo, desproporcionado, contra el que acaece en México.

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En Francia, el fraude genérico es del orden de 0.004%, mientras que en México debe oscilar entre 2 y 4% en tarjetas bancarias. “Aquí se llega a casos risibles como el de Telcel, en donde en los periódicos se ofrecen recompensas a quienes denuncien de manera anónima a aquel que esté haciendo uso indebido del servicio.” Esto, ironiza Moussel, parece una práctica propia del viejo oeste, en donde se pegaban carteles con la leyenda de “Se Busca”.

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Pero como en los desarrollos tecnológicos más o menos novedosos no todo puede ser felicidad y ahorro en un principio, las tarjetas inteligentes tienen ahora mismo un costo mucho mayor al de los plásticos que usan banda magnética. De hecho, dependiendo del grado de solución y almacenamiento de información que la smart card tenga, cada una puede costar de $0.50 a $10 dólares.

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Si bien los chips no están exentos de fraude, resulta muy caro alterarlos. Mientras que la duplicación o alteración de la banda magnética implica usar aparatos de un costo aproximado de $1,000 dólares, para poder intervenir y cargar los chips se requiere de una tecnología con un valor superior a $1 millón de dólares, por lo menos. Tal situación hace que para las bandas criminales organizadas éste sea mucho menos atractivo como opción redituable.

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Moussel continúa con sus porras hacia las tarjetas con chip. Ellas forman parte de la tecnología del año 2000, asegura. “Si esto no fuera así, las nuevas computadoras no traerían en Windows 99 sus lectores de chip.” Agrega que en el viejo continente ya se popularizó esta alternativa para el pago de gasolina, estacionamiento, máquinas automatizadas expendedoras de alimento y hasta videojuegos.

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Pero hay más razones para convencer a nuevos clientes: con los plásticos inteligentes se reducen los costos de papelería, disminuye el personal, los errores que propician el fraude y los muy caros equipos de cobro.

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A pesar de que la tecnología del chip ya se conoce en México y que la facturación en el país por venta de tarjetas inteligentes no es despreciable, el directivo acepta que no ha existido una estrategia agresiva de promoción del producto. Su mejor promoción hasta ahora ha sido la recomendación de viva voz de sus clientes. Tan convencido está de las bondades de sus cartones que, algo desmesurado, enfatiza: “Tengo un producto que hace soñar al mismo Slim o a Azcárraga.”

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Al hablar sobre el empresariado mexicano y el grado de aceptación que muestra a los cambios tecnológicos, Moussel dice sorprenderse del convencimiento que éste tiene sobre las ventajas y la forma de operar de la tarjeta chip, aunque tal entusiasmo no se refleja en una decisión concreta para cambiar estructuras. “No es que los empresarios sean lentos –se explica–, pero es lógico que se tomen su tiempo para pensarlo. Además, como esta tecnología aún no impera en Estados Unidos, existe una mayor reticencia. Para ver y tocar las ventajas del chip es necesario viajar a Europa.”

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Con todo, ya se percibe un potencial muy interesante. Las aplicaciones masivas como la efectuada por Telmex, o los incipientes casos de la banca –Banamex, Bancomer y Bital– con el monedero electrónico hacen pensar que el viento sopla a favor de Gemplus.

- -INVASIÓN FRANCESA
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France Telecom, socia de Telmex, ha operado con tarjetas inteligentes desde los años 80, las cuales pueden ser utilizadas en varios países aunque existan diferentes tipos de cambio. En la lista de clientes adheridos a esta tecnología están corporaciones como Canal Plus y la banca francesa, por ejemplo.
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Este sistema ha alcanzado un alto grado de complejidad, es aceptado en más de 80 países y las expectativas apuntan a que en el año 2000 se manejen más de un billón de tarjetas de este tipo en todo el mundo.

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Pero esta cifra se antoja también baja si se toma en cuenta que tan sólo la capacidad de producción de la planta de Cuernavaca –después de ocho meses de actividad– es de cuatro millones de tarjetas al mes, y para fines de 1998 Gemplus se fijó como objetivo llegar a 80 millones. Moussel espera que para el año 2001 la fábrica alcance su saturación productiva, es decir, 350 millones de tarjetas chip al año.

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La inversión que la empresa hizo en esta planta bordea los $15 millones de dólares. No contenta con ello, este año planea inyectar otros $7 millones más, destinados a la adquisición de equipos robotizados. De tal modo, Gemplus aumentaría su planta laboral de 120 a 160 empleados al concluir este año.

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Pero estas proyecciones no serían reales si la firma no contara con clientes como Telmex. La gigantesca empresa de Carlos Slim, con sus tarjetas telefónicas (una aplicación relativamente sencilla pero masiva) es hasta hoy la usuaria más grande del mundo en cuanto a la tecnología de chip.

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A partir de 1997, el mercado de Telmex sobrepasó al de Alemania y Francia en el número de tarjetas. El año pasado consumió cerca de 110 millones de plásticos con chip y las estimaciones señalan que en este 1998 llegará a los 180 o 190 millones, meta a todas luces alcanzable si se considera que a la fecha hay instalados 150,000 aparatos telefónicos lectores de chip y se pretende incrementar en 100,000 más esa cifra para diciembre próximo.

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Hay ventajas que, aunque no son propias de la tarjeta, sí lo son de los planes de negocio que éstas involucran. El caso de Telmex se presta como ejemplo: el uso del teléfono público, de ser considerado un servicio social otorgado por la empresa, se convirtió en un negocio real gracias a la inclusión del chip. “Hoy supongo que Telmex no gana muchísimo dinero con ello, pero gana”, calcula Moussel. Y tiene razón: no pasó el primer año y Telmex comenzó a obtener utilidades de la inversión realizada.

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Sin quererlo mucho, el ejecutivo toca el tema de los pasivos que se manejan con este tipo de tarjetas chip, las cuales se pagan por adelantado. Acepta: “El flotante es definitivamente un negociazo.”

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Y cómo no. Hoy en día se venden 10 millones de tarjetas al mes y se puede pensar –según cifras que el director de Gemplus atribuye a Telmex– que un plástico de estos tarda en promedio cuatro meses en ser consumido en su totalidad; a esto hay que añadir un porcentaje que jamás será utilizado (el caso de extranjeros que compran una tarjeta y no agotan su consumo, o simplemente que el saldo que queda en la tarjeta es tan pequeño que no permite acceder a otra llamada).

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A la larga, el cambio a la nueva tecnología resulta en economía. Para el caso de Telmex, un teléfono de monedero cuesta dos veces más que el de tarjeta, esto sin contar los costos de operación que implica tener a una persona que regularmente debe ir a retirar el dinero, o las mermas causadas por vandalismo, robo o inconformidad con la empresa. Esto represente anualmente cerca de 30% del costo del aparato para mantenerlo en servicio.

- -ENTRE LA BANCA Y CONASUPO
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Las tarjetas (tortibonos) para la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo) también fueron una aplicación de Gemplus. Consistían en una identificación que controlara las ayudas en especie que se otorgaban por familia y por estado federativo. Después, cuando el gobierno hizo el giro a ayuda no en especie sino en dinero, se impulsó el programa Progresa, conocido por lanzar la “tarjeta de la pobreza”.
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Este proyecto opera a la fecha con dos tecnologías: el código de barras y el chip (1.5 millones de tarjetas en cinco estados del país). El chip brinda un apoyo muy importante porque permite hacer transacciones fuera de línea y en lugares adonde no llega la energía eléctrica. La información se almacena en tarjetas recolectoras que al final del día transmiten la información mediante una sola llamada telefónica.

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Este programa es uno de los más grandes del mundo. Según Moussel, el sistema de ayudas condicionadas era y es útil, debido a que mediante el chip es posible conocer el control de vacunación de los hijos de la familia y hasta la asistencia escolar. La ampliación de este programa de Progresa –que desde luego repercutiría en mayores ventas para Gemplus– ahora mismo está bloqueado en el Congreso mexicano “por problemas de presupuesto”.

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Si se pusiera en marcha representaría cuatro millones de tarjetas –no desechables como las de Ladatel–. “Estas tarjetas son realmente inteligentes, en ellas se puede grabar, escribir y leer”, afirma el ejecutivo.

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La banca mexicana, con todo y crisis, también hace lo suyo en cuanto a inversiones en tecnología inteligente. La libreta de ahorro de Confía –que cuenta con 160,000 tarjetas– es un ejemplo. A pesar de que es una institución en proceso de compra por parte de Citibank, en enero adquirió 25,000 tarjetas más, por considerarlas una herramienta efectiva de captura de dinero popular.

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Por otra parte está Bancomer, otro de los principales bancos que ya utilizan chip para sus transacciones. El WindowsCash es una aplicación realizada con IDS de México, el cual permite que las PC de las empresas tengan un lector de chip y puedan encriptar datos y descifrarlos mediante candados y controles de acceso al banco de datos.

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En suma, Bancomer, Banamex y Bital desarrollarán un monedero electrónico a escala nacional y están posicionándose frente a Inbursa y Telmex, que ya han anunciado el lanzamiento de nuevos productos de pago al estilo monedero electrónico.

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Algunos proyectos de Gemplus, sin embargo, han quedado pendientes. En esta categoría se encuentra la automatización de las autopistas, donde esperan operar un proyecto integral. El plan de Gemplus es otorgar a cada vehículo derechos por semana o por mes para especificar montos o litros de gasolina a los que se tiene acceso, lugares donde cargar el combustible y consumo de otros insumos, para al final del mes facturar sólo con la tarjeta, sin errores. “Listo para declarar a Hacienda como gasto”, presume Moussel. Existe, paralelamente, un proyecto piloto con las aduanas que se dará a conocer cuando haya madurado un poco más.

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El alcance de las tarjetas con chip –según el ejecutivo de Gemplus– es comparable en su versatilidad con la plataforma Java, la cual permite a través de Internet “bajar” datos desde cualquier sistema o conectar cualquier programa con la computadora.

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“Esta industria es un niño que, como tal, crece de modo constante. Los ciclos de venta para convencer a los clientes son muy largos, pero seguros. Hay aplicaciones que se gestaron en 1994 y apenas ahora están por concretarse”, dice Moussel. Sin perder el ánimo, Moussel se arriesga a especular respecto de la cartera de proyectos existentes: “La idea es que por lo menos se lleven a cabo 40% de ellos.”

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