El tercer aire

Desde su nueva posición como consejeros del grupo financiero más grande del mundo, estos banqueros
Roberto Aguilar y Zacarías Ramírez

Definitivamente tienen poco en común. Es como si el aire distante que proyecta Roberto Hernández le dijera a cada momento a su compañero: "sería mejor dejarlo ahí, Alfredo". De expresión relajada y hasta bonachona, Alfredo Harp Helú parece poseer en cambio esa mezcla extraña de hombre emocional pero implacablemente eficiente, de los que suelen decir, "está bien, pero me encantaría hacerme cargo".

- Lo cierto es que los reflectores pocas veces se equivocan. En menos de cuatro décadas, aquellos dos jóvenes con aspecto de dandy, que aparecen en las fotografías blanco y negro de los anuarios de la Bolsa de Valores, han colocado sus apellidos entre de las dinastías empresariales de México.

- E incluso han aventajado a muchas de ellas. Este par fraguó y logró una de las operaciones más importantes de la última década, y la más destacada sin duda en el alicaído sistema financiero mexicano: la venta de Banamex, en una operación valuada en $12,500 millones de dólares, al estadounidense Citigroup. Hoy ambos forman parte del Consejo de Administración de esa institución, la de mayor tamaño en el mundo.

- La transacción, definitiva para su designación como Los hombres de Expansión en 2001, cierra otro capítulo de una amistad que ronda los 35 años de antigüedad. "Y que seguirá adelante", coinciden ambos hombres de negocio en la primera entrevista que conceden juntos desde que Harp fuera secuestrado en 1994. De ese modo salen al paso de múltiples y añejas especulaciones acerca del rompimiento definitivo de su sólida mancuerna.

- La forma de conducirse durante las negociaciones con los ejecutivos del banco estadounidense ilustra parte de las razones que los mantienen unidos. En la venta de Banamex "él [Alfredo] estuvo en el cuarto de junto –dice Hernández en alusión a la expresión usada durante las discusiones del Tratado de Libre Comercio para referirse a los asesores de los negociadores mexicanos–. Fue él quien dio el precio."

- Grandes tentaciones
Se calcula que con la venta cada uno se llevó al bolsillo entre $800 y $900 millones de dólares en efectivo, además de un monto equivalente en acciones de Citigroup –cifras que ellos no avalan, pero que tampoco desmienten–. Para acentuar la habilidad de su socio con los números, el banquero de origen veracruzano afirma que éste ha sido siempre el encargado de hacer las cuentas.

- La trayectoria conjunta exhibe la mayor de sus afinidades: un agudo olfato para las oportunidades en el mercado bursátil. Después de todo, Harp eligió a Hernández como socio de entre un compacto grupo de jóvenes que prácticamente tomó por asalto la Bolsa en los años 60, una camada de la que formaba parte su primo Carlos Slim Helú. El intento más serio de los amigos por incursionar en negocios no financieros tuvo lugar en 1991, cuando el gobierno puso a la venta la estatal Teléfonos de México (Telmex). El dueto no era ajeno a esa empresa, de la que Accival poseía acciones; sin embargo, perdió en la contienda precisamente ante Slim.

- Aunque Hernández acepta que el episodio le trajo un sentimiento de frustración, una operación bursátil debió servirle de consuelo: años antes de que fuera vendida, ellos se habían hecho de 10% de las acciones de Telmex, cuando su valor era de $600 millones de dólares; al momento de su privatización, la paraestatal estaba cotizada en $8,500 millones.

- El juego bursátil, en definitiva, es el que mejor dominan. ¿Sabe lo que eso significa cuando los bolsillos están repletos de dólares y el olfato íntegro, cuando la crisis hace surgir oportunidades por todos lados y el país aparece como uno de los más seguros en un contexto internacional convulsionado?

- Las tentaciones son grandes. Más allá del círculo financiero y la prensa especializada, la duda sobre los siguientes pasos de la pareja asalta a los propios ex accionistas que participaron con ellos en la compra de Banamex. "Los inversionistas están alrededor nuestro esperando a qué más los invitamos", dice Harp.

- Pero la respuesta tardará en llegar. "Vamos a tomar un tiempo en el que no tendremos una actitud prominentemente activa –explica–. Definiremos lo que haremos en los siguientes años." Antes de diciembre de 2002 no verán iniciativas empresariales –complementa Hernández–, salvo las asociadas con Banacci y Banamex usa Bancorp (BUSA), la nueva filial con la que Citigroup piensa abordar el mercado hispano en Estados Unidos.

- No lo harán mientras quieran conservar su porción accionaria en la institución estadounidense y, por tanto, el sitio que tienen en su Consejo de Administración. Como parte de las negociaciones con el grupo está el compromiso legalmente establecido de ambos consejeros de no llevar a cabo incursiones que le impliquen una competencia. En el "improbable caso" de que lo hicieran, tendrían que renunciar a su posición, algo que no tienen contemplado hacer, insisten ambos.

- "Una buena posibilidad es que nos quedemos aquí, viendo algunos fondos como posibilidades de inversión", dice Hernández.

- La gran jugada
Por ahora su labor es hacer que la fusión de operaciones entre Citigroup y Banamex llegue a buen término –lo que está previsto para el próximo mes de abril– y agregar otros negocios a la nueva organización. En su papel de integrantes del Consejo de la institución estadounidense, tienen la obligación de atender ocho reuniones anuales que se celebran en distintos puntos del mundo y encabezar las que tengan lugar en México; Hernández en calidad de presidente del Consejo de Administración de Banamex y Harp como presidente del grupo financiero.

- El hecho es que ambos están en la cumbre. Son parte de un selecto conjunto de hombres de negocios de las más altas esferas: presidentes o ex presidentes de grandes multinacionales, ex funcionarios federales del gobierno de Estados Unidos y académicos de célebres universidades de ese país. Destacan en la lista Kenneth Derr, ex presidente y director ejecutivo de Chevron Corporation, Mark Reuben y Alain Belda, actuales presidentes y directores ejecutivos de Colgate-Palmolive y Alcoa, respectivamente, Gerald Ford (Presidente de Estados Unidos entre 1974 y 1977, hoy con 87 años de edad) y John Deutch, ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Con los mexicanos este órgano suma 20 miembros.

- No sólo es cuestión de prestigio. Los consejeros tienen un salario y compensaciones anuales jugosas, que en el caso de quienes combinan esa posición con funciones operativas va de $5 millones de dólares en adelante. Harp y Hernández no revelaron a cuánto ascenderán sus percepciones por este concepto (antes de la venta, en 2000, los dos recibieron $900,000 dólares por ocupar el cargo.)

- Tampoco confesaron el monto de los valores que poseen en Citigroup, pero de acuerdo con cálculos derivados de la información generada en el proceso de compra, podría ubicarse entre 18 y 20 millones de acciones cada uno. La suma de ambas participaciones representaría menos de 1% del valor de mercado de la institución, calculado en $242,000 millones de dólares. En total, Citigroup destinó 126.7 millones de títulos propios como parte del pago a los centenares de socios de Banamex-Accival; de ellas, 30% debieron corresponder a Harp y Hernández en concordancia con la parte que poseían de la firma mexicana. Los copartícipes recibieron una compensación de 38% sobre el valor de sus títulos con el solo hecho de la venta. Por si pareciera poco, el Consejo de Administración del grupo estadounidense decidió el 5 de noviembre, el mismo día en que los ex accionistas de Banamex-Accival quedaron registrados como asociados de Citigroup, que el 21 de noviembre haría entrega de $0.16 dólares por documento a manera de dividendo para sus accionistas. (Además de todo, a mediados del mismo mes la acción daba ya $0.70 dólares de ganancia a los nuevos participantes mexicanos, quienes la recibieron a un precio de $49.26 dólares).

- Con números como esos, la espera de Harp y Hernández para reiniciar negocios propios será menos tediosa.

- En familia
También podrían ser propicios para recapitular una historia de numerosas conquistas. En los años 80 ambos hombres de negocios se convirtieron en flamantes miembros de la clase corporativa mexicana, que en cada periodo ha conformado un grupo compacto y cohesionado en torno a fuertes vínculos familiares. A partir de entonces fue patente la incorporación de Harp en los consejos de administración de compañías y grupos financieros, a la vez que Banamex daba cabida a empresarios de renombre en sus propios directorios.

- A finales de los años 90, Harp aparece como consejero en diferentes empresas de Grupo Carso, además de la constructora ICA, señala Gonzalo Castañeda, autor del libro La empresa mexicana y su gobierno corporativo. Antecedentes y desafíos para el siglo XXI. A su vez, en el Consejo de Banamex-Accival aparecen apellidos, como Servitje Sendra (Bimbo), González Laporte (Kimberly Clark de México), Escandón Cusi (Nadro), Zambrano (Cemex), entre otros.

- El ascenso de la dupla de operadores comenzó en las décadas previas, cuando el país se incorporaba a los mercados internacionales impulsado por el auge petrolero, lo que sería aprovechado por las firmas mexicanas de cierto tamaño para ejercitar su musculatura financiera. Valiéndose de la diferencia entre el costo de la moneda en el exterior y México, muchas de ellas obtenían dinero en el extranjero, que luego sus bancos prestaban con réditos tres veces más altos. "La deuda externa del sector privado creció de 1,800 millones de dólares en 1970, a 20,100 millones en 1981, la mitad contratada por bancos mexicanos", dice Castañeda.

- Uno de los objetivos de la nacionalización bancaria de 1982 –evitar que un mismo grupo poseyera industria y banco– quedó cancelado con el florecimiento de las casas de bolsa.

- Antes de pasar a manos de Hernández y Harp Banamex pertenecía al tipo de grupos cuyo sostén económico era un banco, afirma el académico, por lo que la incautación causó un alto impacto en la composición del Consejo de Administración en aquel entonces. Seis de sus siete consejeros –todos ellos también del directorio de Celanese– dejaron su posición en 1986 (para ese año, por otro lado, se habían incorporado Agustín Legorreta –antiguo director del banco–, Carlos Slim y ocho miembros de la familia Saba). Como en el resto de las grandes asociaciones económicas del momento, para quienes la retribución significó recursos frescos, la nacionalización produjo reacomodos. "Con los bonos de indemnización, los ex banqueros tuvieron prioridad para intercambiarlos por acciones de las empresas enajenadas por el gobierno, los cuales habían sido parte de los activos de la banca."

- La polémica
El nuevo cambio de manos de Banamex en 2001 prácticamente cierra para la banca mexicana una década gris, que en su primera mitad pintaba un blanco promisorio, pero que en la segunda pasó a un negro intenso. El rescate de las instituciones, después de que la macrodevaluación del peso lanzó las tasas a niveles impagables, comprometió recursos fiscales para las siguientes décadas por más de $600,000 millones de pesos.

- En el caso de Banamex, ese salvamento fue por $3,500 millones de dólares, lo que generó en el momento de la operación con Citigroup el reclamo de algunos sectores para que los accionistas del banco mexicano restituyeran al fisco, con el dinero obtenido de su venta, los fondos recibidos para el saneamiento de la institución.

- Con el fin de desacreditar tales señalamientos, el organismo explicó que en principio la operación no representaba ganancias significativas para los asociados, pues entre la suma pagada en 1991 por la firma, –$4,923 millones de dólares–, las aportaciones de capital hechas a lo largo de 10 años –$2,337 millones– y las utilidades reinvertidas –$4,127 millones–, en realidad los $12,500 millones de dólares recibidos de Citigroup arrojaban una ganancia de sólo $1,112 millones de billetes verdes. (Lo que no considera este desglose son los $925 millones de dólares en dividendos repartidos a los accionistas antes de la venta del banco.) El rescate fue para los bancos una señal inequívoca de que el origen del problema era ajeno a ellos, dice Hernández.

- Orden cruzada
Sus tiempos como operadores de bolsa les traen recuerdos más gratos. El ingreso de Harp y Hernández al mercado de valores se remonta a 1966. Primero fueron competidores, hasta que en 1970 decidieron unirse para formar Accival. Su inquietud por convertirlo en un mecanismo real de financiamiento y una estancia institucional les permitió involucrarse en la administración del mercado. Hernández, quien realizó su tesis de licenciatura sobre la creación de un depósito de valores –actualmente se conoce como Indeval– llegó a la presidencia de la BMV en 1974 y durante su mandato se emitió una nueva Ley del Mercado de Valores que permitía que los agentes de bolsa fueran personas morales. No fue algo fácil de hacer, dice Harp al referirse a la brecha generacional entre los corredores y la resistencia de algunos al cambio.

- La nostalgia del empresario oaxaqueño es evidente cuando rememora su puesto en el piso de remates. "Es un casabolsero neto y nato", dice Víctor Manuel Martínez, un operador bursátil que conoció a ambos. Todavía recuerda la amabilidad en el trato de Harp y su aguerrido estilo de actuar. Así se mostró desde la primera transacción de importancia de Accival –la oferta pública de Asarco Mexicana, hoy Grupo México– en 1976, la cual "nos metió a las grandes ligas", recuerda el propio Harp.

- Pero la negociación más relevante fue en el debut bursátil de Aurrerá –ahora Walmex–, en el mismo año. El hombre de negocios relata que en plena crisis económica Banamex y Bancomer –entonces sus principales competidores– aconsejaron a la cadena de autoservicio no salir al mercado. A pesar de ello, "convencimos a los accionistas de que era el momento preciso". Y en efecto, la operación fue un éxito, por lo que la firma se convirtió en uno de los principales clientes de la intermediaria a lo largo de 26 años, antes de que Jerónimo Arango decidiera venderla. El manejo de estos títulos les dio un importante poder en el medio bursátil, pues estaban entre los más solicitados por los fondos de inversión, explica Martínez.

- Hernández suspendió sus labores cotidianas como corredor en 1974; Harp continúo en ello hasta 1986. Dada su reputación fue elegido para ejecutar las últimas transacciones en el antiguo edificio de Uruguay, en el centro de la ciudad de México, cuando en 1990 se decidió la mudanza del centro bursátil a la avenida Reforma.

- A 15 años de distancia, Harp asegura que todavía monitorea diariamente el mercado. "Muchas veces no tiene uno que leer noticias –comenta–. Cuando una acción sube o baja es que algo está pasando." Después de abandonar la presidencia de la Bolsa en 1990, asistía esporádicamente al piso para evitar perder su credencial. "Aún la conservo", agrega orgulloso.

- Fuera del piso de remates, la historia fue distinta. Harp vivió circunstancias extremas en 1994, cuando pasó más de 100 días bajo secuestro. Ello dio lugar a una serie de versiones nunca confirmadas acerca del distanciamiento con su socio e incluso con su familia.

- Lo que sí acepta este contador público es que ese hecho lo llevó a replantearse prioridades en su vida. "Quise organizar mi agenda de otra manera." Después de un retiro de varios años, volvió nutrido de una inspiración altruista que se traduce en obra social con grupos indígenas de Oaxaca. Preside la Fundación Cultural Banamex, labor que combina con los negocios y con la de directivo del equipo de beisbol Diablos rojos, de su propiedad.

- Lo dicho: son diferentes, y eso funciona.

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