El turismo indigesta a México

Si, la promoción está dando resultados: el ingreso de turistas extranjeros al país supera las met
Zacarías Ramírez Tamayo con Joaquín Fernández Núñez

La economía mexicana sigue nutriéndose del turismo, un sector que da empleo directo a 1.7 millones de personas. En 1996 los viajeros internacionales le dejaron al país $6,894 millones de dólares, a la vez que convirtieron a México en el séptimo destino mundial, con la llegada de 21.7 millones de turistas internacionales.

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Estas cifras son parte de una línea de resultados ascendente que inició en 1995, justo después de la catástrofe económica de diciembre de 1994. Con una tasa de 5.6%, el incremento del turismo extranjero en México superó en 1996 la media mundial y la del continente americano.

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Pero el punto más destacado por el gobierno, que estuvo tentado a desaparecer la Secretaría de Turismo al inicio de esta administración, es que la actividad turística constituye la tercera fuente captadora de divisas, después de las manufacturas y el petróleo. “El turismo está actuando como un amortiguador de la crisis económica”, dice el recién desempacado subsecretario de Desarrollo Turístico, Ildefonso Guajardo, quien sustituye en el cargo a Sigfrido Paz Paredes, destituido a principios de año. Las autoridades federales definen hoy a la actividad turística como prioridad nacional.

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El gobierno, que ahora ha asumido el papel de vendedor de los mejores destinos turísticos de México en el extranjero, hace cuentas para el futuro. Espera recibir del exterior un millón más de turistas en 1997 y que los ingresos por ese concepto avancen a $7,300 millones de dólares. En ambos casos, un crecimiento de 6% en un solo año.

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La respuesta que los turistas internacionales han dado hasta ahora al llamado de las playas mexicanas hace pensar a las autoridades del ramo que este año pueden llegar a vender a empresarios nacionales y extranjeros 50% más terrenos y activos hoteleros que en 1996, en los llamados Centros Integral-mente Planeados –Cancún, Ixtapa, Los Cabos, Loreto y Huatulco–. La meta global de ventas, dice el documento Sector Turismo. Acciones de coordinación, 1997, es de $206.7 millones de pesos: $160.2 millones en terrenos y $46.5 millones por desincorporación de activos.

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Pero el capítulo crucial para el turismo se escribirá en el año 2000. Las proyecciones indican que, de mantenerse las tendencias actuales, los extranjeros le generarán a México ingresos cercanos a $8,250 millones de dólares. Los esfuerzos de promoción y los resultados vistos hasta ahora permiten pensar que el país podría recibir 25.5 millones de turistas extranjeros en ese año.

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Pero ahora, la pregunta es: ¿tendrá dónde alojarlos?

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LA MALA DIETA
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A Alejandro Morones le produce ternura la ingenuidad con la que paisanos suyos invitan al turista a que visite El Valle de los Fantasmas en San Luis Potosí, una región alta de rocas calizas que la neblina dota de un cierto misterio. “Promover un sitio sin desarrollarlo, sólo puede defraudar”, dice el director general de Morones & Asociados, la consultoría titular de la industria turística. Perteneciente a la orgullosa generación de funcionarios de los años 70 que creó los famosos megaproyectos turísticos en la presidencia de Luis Echeverría Álvarez, Morones encuentra en esta historia un buen ejemplo de los ingredientes míticos del turismo en México.

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Los resultados obtenidos gracias al arribo de más turistas internacionales, mejores incluso que los pronosticados, no son en principio tan buenos en cuanto a captación de divisas: en parte se deben al abaratamiento de los precios por la devaluación del peso, además de mostrar que México no está aprovechando del todo la simpatía ganada en el exterior para atraerse los mejores mercados. En ingresos por turismo, México cayó del 10º lugar que ocupaba en 1985 al 16º que tiene actualmente.

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Un europeo que llegue a Cancún y solicite un tour por la Ruta Maya, pondrá en apuros a su agente de viajes, dice Morones, debido a la gran diferencia en infraestructura y calidad de servicio entre los dos lugares. Más que eso: se perderá la posibilidad de obtener un ingreso adicional.

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Lo del Valle de los Fantasmas y las proyecciones gubernamentales para el año 2000 son parte de un conflicto que puede hacer erupción en los próximos años: la llegada de más turistas de los que la industria puede realmente atender.

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Entre los efectos más peligrosos que se esconden detrás de este aumento reciente de la demanda es que, al saturar la capacidad ociosa de la planta turística, la está acercando al punto de saturación, afirma Morones en su estudio Evaluación Económica, Estrategias y Perspectivas del Sectur Turismo en México,1996. Principalmente porque, dice, el turista extranjero no está interesado en todo el país: 56% de los cuartos disponibles en la república atrae a 96% de ellos.

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El panorama se ensombrece más aún por el hecho de que la inversión dirigida a ampliar la oferta vive muy malos momentos. Además de las cifras con las que el analista calcula el déficit de inversión, las más claras señales de alarma las encuentra donde menos se pensaría en buscarlas: en los destinos donde por más de cuatro meses los índices de ocupación se mantienen arriba de 80%.

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Para Morones eso quiere decir que ahí faltan cuartos de hotel. Cancún, y más recientemente Los Cabos, están en esa situación.

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Pero aun los sitios con el promedio nacional de ocupación, ubicado en 61%, están llamando la atención sobre el hecho de que, en unos años, la oferta deberá subir significativamente. En eso coinciden fuentes gubernamentales y empresariales. Morones, para quien el cuarto de hotel es el detonador del resto de los servicios turísticos, calcula que de aquí al año 2000 México deberá aumentar en más de 57,000 el número de cuartos en sus diferentes destinos, o si se prefiere, destinar $2,360 millones de dólares a la construcción de instalaciones hoteleras.

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El costo de no hacerlo es tan alto como echar por la borda los esfuerzos de promoción en el extranjero que se han venido haciendo en los últimos años. Un vacacionista que descubre al llegar a su destino de descanso que no existe un lugar para él borra para siempre de su memoria al país anfitrión, dice el especialista.

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El riesgo de que ocurra eso con México es alto, incluso si sólo se considera el factor tiempo. Poner a operar un desarrollo en Quintana Roo de 4,000 cuartos, 12,000 empleos directos e indirectos y que implique construir 15,000 viviendas, ejemplifica Morones, toma entre dos y dos años y medio, contados a partir del estudio de mercado hasta la conclusión de las obras y el cumplimiento de todos los requisitos de las distintas oficinas de gobierno.

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El mayor problema es que son muy pocos los proyectos en esa situación.

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DUDAS EXISTENCIALES
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Guajardo dice que satisfacer el total de las necesidades de inversión es algo que no ocurre nunca, menos en un país en desarrollo como México. La historia le da la razón.

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Después de que en los años 60 México resintió el auge turístico de Hawai y el Caribe, quedaron claros los problemas que impedían al país tener una participación adecuada en el creciente mercado del turismo internacional. En el capítulo dedicado a México del estudio Planeación Turística Nacional y Regional 1996, elaborado por la Organización Mundial de Turismo (OMT), se dice que no había una política turística de largo plazo y sus programas no planteaban objetivos concretos, no había instrumentos financieros adecuados para desarrollo y promoción y no se había adoptado un criterio general de desarrollo de esta actividad. “Las -facilidades turísticas estaban extremadamente concentradas en Acapulco.”

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Con esas preocupaciones de fondo llegaron los famosos cinco megaproyectos y las instituciones que habrían de concebirlos: Infratur y luego Fonatur.

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La inversión pública con que se fondeó Fonatur –dinero gubernamental y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM)– tenía la finalidad de atraer inversión privada: cada peso invertido por Fonatur se supone que debe atraer $10 pesos de inversión privada. Adicionalmente, se promovió un programa de coinversión de capital privado nacional y extranjero para construir los primeros hoteles y resorts. Entre 1970 y 1980, Fonatur construyó la mayoría de los hoteles y resorts del país (dentro y fuera de los cinco desarrollos planeados), señala la publicación.

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Pero con todo y estos buenos momentos, en las últimas décadas el gobierno federal se ha mostrado particularmente veleidoso respecto al modelo económico que quiere aplicar y al papel que quiere jugar en él.

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Y como suele suceder, la primera víctima de esto es el propio gobierno. Hoy Fonatur es lo más parecido a una escuela primaria: se le reconoce como la forjadora de buenos profesionales, aunque ahora luzca pálida, empequeñecida y sin recursos. “Se le ha venido debilitando inexplicablemente, a pesar de que aquí estamos los verdaderos conocedores del ramo”, dice un funcionario con muchos años en la dependencia.

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Morones, quien también inició su carrera en Fonatur, dice que la crisis de la institución arrancó en 1987 por falta de recursos y actualmente continúa por falta de apoyo de la banca.

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El problema empezó cuando el gobierno quiso volverse “muy neo-liberal” y desapareció las áreas encargadas de la planeación de las distintas secretarías de Estado. Además de que, dice el analista, en sus afanes desregulatorios, desapareció las dependencias de registro, como el Registro Nacional Turístico –que integraba datos que ahora se tratan de recuperar a través de la nueva Ley de Cámaras.

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Porque localmente, aún en momentos de imploración de mayores inversiones, los créditos de las instancias oficiales están atados a la banca comercial, que está más intratable que nunca.

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Bajo el argumento de que temen que las empresas incurran otra vez en sobreapalancamientos, los bancos han hecho más estrictas sus reglas para dar créditos. “Muchas veces la proporción entre deuda y capital no era la más adecuada. Quizá los encargados de otorgar créditos incurrimos en errores de apreciación”, dice José Luis Iturbide, director en Bancomer de Banca Corporativa para los sectores de comunicaciones y servicios. “Un nivel adecuado de riesgo para el banco sería que la relación entre inversión propia y crédito fuera a partes iguales.” Lo que ocurre en Estados Unidos, donde un proyecto puede ser apalancado en 70% por sólo 30% de capital, es impensable en México, dice Francisco Zínser, presidente de la Asociación Nacional de Cadenas de Hoteles, que integra establecimientos de cuatro y cinco estrellas, con un total de 35,000 habitaciones, de las 381,000 que tiene el país en todas sus categorías.

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Iturbide sostiene que todavía hay muchos empresarios mexicanos que siguen cometiendo el error de “sobrevender” su proyecto y piden demasiado riesgo al banco a la hora de solicitar un crédito. “Hay quienes se han lanzado a la aventura de montar un hotel sin tener un conocimiento fino del sector: no poseen una estrategia clara ni se han preocupado por contratar un buen sistema de reservaciones.”

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De cualquier modo, también aquí los bancos aplican para la crisis su filosofía del caso por caso. “Si el proyecto hace sentido, lo financiamos”, asegura el directivo. Pero, para estar seguros de eso, las entidades se lo piensan no una, sino 500 veces a la hora de prestar los recursos. Pero ese criterio también es aplicable a los bancos. Hay muchos bancos pequeños y medianos que no tienen conocimiento ni interés por el turismo, dice Zínser.

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Esta actitud conservadora de los bancos, de algún modo explicable por la nueva política monetaria que los obliga a respaldar con reservas cada crédito que otorgan, también afecta a los créditos que debería estar otorgando la banca estatal. Los créditos que el gobierno promete dar en 1997, alrededor de $350 millones de pesos, deben ser avalados por la banca comercial, a la que le corresponde actuar como banca de primer piso y “aplicar criterios estrictamente empresariales y no burocráticos” a los préstamos.

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Pero aplicar esos criterios puede significar que los recursos se queden en donde están. Los empresarios y los planificadores oficiales siguen acumulando planos de construcción mientras que las autoridades de Sectur se truenan los dedos. “Es primordial reactivar la inversión, porque lo que está en riesgo son activos consolidados, pero que por cuestiones financieras han caído en problemas”, advierte Guajardo.

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El funcionario señala que la secretaría de Turismo seguirá presionando para que haya decisiones “gubernamentales” que resuelvan esos problemas lo más rápido posible. Pone como ejemplo lo ocurrido en Fonatur, que últimamente, según dice, ha recibido la visita de “dos o tres grupos” que habían descartado cualquier esquema de renegociación de sus deudas; “después de un año sin diálogo”, hoy se acercan alentadas por los buenos resultados recientes, señala.

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Sin miramientos, la fuente consultada en Fonatur sugiere que a los bancos se les exija compartir con la industria el suero de salvación que les significó el Fobaproa.

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Pero existe un punto de coincidencia entre fonatures y banqueros: hay muchos empresarios turísticos emprendendedores, pero pocos proyectos viables.

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LA JUSTA DIMENSIÓN
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La exigencia de presentar proyectos mejor estructurados y con un importante respaldo de capital toma al sector turístico a la mitad de la reestructura financiera. De acuerdo con estimaciones de los propios empresarios, los hoteleros del país adeudan en conjunto unos $4,500 millones de dólares.

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Destaca por el tamaño de sus empresas y el de sus pasivos el caso de Grupo Sidek, un conglomerado tapatío con una deuda cercana a $3,000 millones de dólares. Sobreapalancada con créditos a corto plazo, y en dólares en un alto porcentaje, quienes discuten el destino de Sidek son sus acreedores y la Secretaría de Hacienda.

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Guajardo espera que el grupo de análisis formado con personas de Bancomext y Hacienda para revisar el problema del financiamiento de la banca de desarrollo, y en el que finalmente se integraron “los casos turísticos”, tenga buenas noticias para Sidek y Camino Real, otra de las cadenas con problemas de deuda y cuyos activos se busca liberar de impedimentos legales para poder subastarse.

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La sobrevaloración de los proyectos, como el caso de las rocas con neblina en San Luis Potosí, más la sobreestimación de las expectativas de la economía, que convirtió en tristeza el que parecía rico legado de la administración pasada, exige que ahora las cosas tomen su justa dimensión.

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Aun cuando ya se encamina a salir de ella, “México está en una etapa incipiente de desarrollo turístico”, dice Alfonso Pulido, director de México Advisors Group, una consultoría que apoya a las empresas que buscan hacer desarrollos turísticos en el país.

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El asesor, que interviene en un desarrollo en Ixtapa, dice que después del problema de la falta de infraestructura, el segundo paso es encontrar las líneas adecuadas de financiamiento –algo que, dice, en otros países no representa un problema–. Uno de los esquemas que sugiere Morones es que la tasa de interés sea menor a medida que la aportación del inversionista es más alta, así como manejar líneas de crédito en dólares para proyectos captadores de divisas. “El peso está desfasado de estos desarrollos”, concuerda Pulido.

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Pero estas líneas de crédito, a juicio de Morones, deben ir de acuerdo con las definiciones que haga Fonatur en el sentido de crear polos turísticos equilibrados, es decir, “que convoquen servicios turísticos, residencias, población permanente y población en la -microrregión con buenos niveles de ingreso”.

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“No se trata –explica– de poner un Fonatur en cada lugar, sino sólo de que aporte su know how”. Morones da ejemplos que muestran que eso es posible incluso fuera de México: Fonatur da asesoría a la mitad de los países latinoamericanos. “República Dominicana copió el modelo de México y le llamó Infratur”. En México, el papel de Fonatur debe ser la obtención de créditos para los estados y asesorarlos. “Es el activo más importante que tiene”, insiste.

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Pero el gobierno federal tiene que demostrar todavía que también sabe promover la inversión y no sólo los destinos. “Sigue siendo un gran vicio del gobierno la falta de facilidades para hacer los trámites de apertura de nuevos negocios turísticos”, opina Morones.

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También sugiere que se vuelva al esquema de estímulos fiscales, como dar tratamiento de exportación a las convenciones, lo cual implica cancelar el cobro del IVA a los asistentes a estos eventos. Asimismo, se debe procurar que el impuesto al hospedaje, cuyo cobro es facultad de cada estado del país, sea homogéneo y que efectivamente se aplique a la promoción turística.

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Ayudaría mucho también, dice a su vez Pulido, que los trámites para la apertura de esos nuevos negocios se hicieran en una ventanilla única, que bien podría ser de Sectur.

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LOS QUE SÍ
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Pero como el mercado madura más rápido que las decisiones administrativas, quienes tienen manera de hacerlo han seguido con sus planes de inversión.

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Los hoteles pequeños y de ciudad están atrapados entre dos variantes. "Si sus tarifas no pueden alcanzar a la inflación, menos van a alcanzar a los intereses" dice Zínser.

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A su vez, Morones señala: “son contados los que tienen una estrategia de crecimiento y proyectos de inversión”, dice Morones. Pero existen. “Los 26 proyectos turísticos más importantes tienen comprometidas para el periodo 1996-1998 inversiones por $1,500 millones de dólares”, asegura Guajardo.

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Destaca el caso de Posadas, el grupo turístico más importante del país, que entre otros tiene un proyecto de más de 200 cuartos en Los Cabos, el único destino que parece perfilarse como el que seguirá los pasos de Cancún.

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Atraída por esa perspectiva esperanzadora, la constructora ICA diseñó la estrategia de mercado, un plan maestro y buscó los inversionistas para un desarrollo en ese destino.

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Dine, la división inmobiliaria-turística de Grupo Desc, hace lo propio en Nuevo Vallarta, Nayarit, donde construye un hotel de 100 habitaciones y un campo de golf. Andrés Bolaños, su director, confía en que los créditos por $14 millones de dólares que la compañía está gestionando con diversos bancos serán aprobados. Aunque sabe que los bancos están siendo más selectivos con sus clientes, dice que tiene a su favor la experiencia crediticia de Desc, el prestigio de sus socios y, en general, la buena imagen del grupo. Pero hay otro factor que sin duda será de peso: la inversión de los socios será de unos $20 millones de dólares.

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Entre los bancos que recibieron la solicitud de crédito está Bancomer, lo cual dará ocasión a Iturbide para probar que, en efecto, en este año se comenzará a “destrabar” el crédito por parte de la banca privada. El directivo espera que su división otorgue este año por lo menos $100 millones de dólares en créditos.

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De acuerdo con cifras oficiales, hasta ahora la inversión acumulada la industria alcanza $25,500 millones de dólares. En este punto, un aspecto sobresaliente es el aumento de la inversión extranjera, si bien en porcentajes todavía poco significativos, a pesar de las grandes expectativas que generó el quebranto financiero de las empresas nacionales en 1995.

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Empezaron a llamar muchos inversionistas a los bancos para ver si podían comprar los activos turísticos embargados, recuerda Iturbide. “Incluso me pedían que les encontrara hoteles baratos e interesantes que comprar.”

- -La pregunta es: ¿habó alguien de construirlos?

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