El vecino Peligroso

En la década de los 80 y en 1994-95, México era un riesgo para la economía de Estados Unidos. Aho
Jonathan Heath

Cuando en agosto de 1982 México declaró la suspensión de pagos al exterior, se desató un efecto dominó que arrastró a la mayoría de los países emergentes y empezó una crisis financiera internacional. A raíz de los múltiples desequilibrios que existían en el país, el gobierno tuvo que llevar a cabo reformas estructurales para estabilizar la economía y sentar las bases para el crecimiento sostenido.

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Después del tropiezo de 1994-95, poco a poco se ha logrado abatir la inflación, reducir la pobreza, disminuir la deuda externa y sostener una balanza de pagos estable. Aunque todavía no alcanzamos un ritmo de crecimiento adecuado, ni podemos generar los empleos necesarios, hemos avanzado sustancialmente en comparación con nuestra situación de hace 20 años.

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Hace dos décadas, México era un país severamente endeudado y enfrentaba dificultades para cumplir sus obligaciones con el exterior. El déficit fiscal era inmenso, lo que provocaba una serie de círculos viciosos de inflación, devaluación, pérdida de poder adquisitivo, altas tasas de interés y poco crecimiento económico. El riesgo–país era muy elevado y consideraban las inversiones en México como especulativas. Sin embargo, los grandes sacrificios que tuvimos que sufrir por muchos años, por fin han dado frutos: somos un país con grado de inversión, menos endeudado, con un déficit fiscal muy reducido y con estabilidad macroeconómica. Esto significa que las perspectivas de crecimiento ya no están truncas por una mala política económica.

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Los riesgos principales que enfrentamos ahora han dejado de ser endógenos, es decir, que se forman en el interior, para convertirse en exógenos, que provienen del exterior.  Entre 1996 y 2000 crecimos a una tasa promedio superior a 5% anualmente, hasta que Estados Unidos entró en una recesión en 2001. No fue hasta que volvió a crecer la economía estadounidense que México empezó a crecer de nuevo.

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Nuestra dependencia proviene del hecho de que exportamos una tercera parte de lo que producimos, de lo cual 88% va a Estados Unidos. Siendo la mayor parte bienes manufactureros, la dependencia radica más en la producción industrial estadounidense, que es la fuente principal de la demanda externa. Dado que el motor principal de crecimiento son las exportaciones (y la inversión relacionada con la capacidad exportadora), si sufrimos una desaceleración en la demanda externa se reducen nuestras posibilidades de crecimiento.

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Esto significa que si queremos saber las perspectivas de crecimiento para nuestro país, debemos empezar por tratar de entender a Estados Unidos. Nuestro vecino del norte no sólo manifiesta el problema conocido de sus déficit gemelos (el externo y el fiscal), sino además enfrenta un problema estructural de fondo: el ahorro nacional se encuentra en su nivel histórico más bajo. El ahorro familiar es prácticamente nulo, la existencia de un déficit fiscal elevado hace que el ahorro público sea negativo y dado que el ahorro corporativo se encuentra en niveles bajos, la economía estadounidense depende en su totalidad del ahorro externo. Simplemente para financiar el déficit comercial, Estados Unidos necesita una entrada de capital de alrededor de $60,000 millones de dólares cada mes.

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Esto significa que tarde o temprano, ya sea derivado de la política económica o como consecuencia de las acciones del mercado, debe disminuir el consumo privado en Estados Unidos, lo cual podría desembocar de nuevo en una recesión o por lo menos en una desaceleración importante. Por lo mismo, México ha dejado de ser una amenaza para Estados Unidos. Ahora, es Estados Unidos el riesgo principal para México.

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El autor es director de Estudios Económicos de HSBC.
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jonathan.heath@hsbc.com.mx

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