Elecciones: show y rating

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Alfonso Zárate Flores

E l proceso electoral, que desde hace casi tres años –gracias al madruguete de Fox— vivimos en México, señala un parteaguas, no sólo por el resultado de las urnas –que podría modificar esencialmente la correlación de fuerzas en el país–, sino porque también han cambiado las estrategias, las formas, los métodos y las condiciones de la competencia.

- Entre novedades que pronto maduraron y devinieron en abusos reiterados, las elecciones dejaron de ser aburridas y se han convertido en lo contrario, un show con horarios estelares en la televisión y en la radio. Con una velocidad inusual, dos factores rompieron la cotidianidad: la auscultación al ciudadano y el arsenal del mercadeo político.

- Del uso pasamos al abuso. Junto con la limpieza electoral llegó la suciedad de las campañas –procacidad, ramplonería– y, al mismo tiempo, agudizó la massmediatización de la política. Hoy, el mundo “oficial” de las elecciones se construye en los medios. Si no se publica en la prensa, si no se transmite por la radio o la televisión, la acción política prácticamente no existe (non vidi, ergo non est).

- Tan sólo la Alianza por el Cambio (coalición PAN-PVEM) estima que destinará 70% de su presupuesto de campaña  —con un tope de $490 millones de pesos fijado por el IFE—, al pago de tiempos y espacios publicitarios en medios, y sólo 30% lo canalizará a la operación política.

- Los riesgos de la video-política han impactado la contienda y la construcción democrática. Entre los efectos más conspicuos podemos advertir:

- La irrupción de caudillos massmediáticos. En un país de líderes vitalicios y monarcas sexenales, la televisión contribuye a que la contienda sea un duelo de percepciones.

- El spot como formato. Los mensajes políticos adoptan el formato de spot. No hay tiempo para más: mensajes comprimidos y frases vacías pero pegadoras (y a veces, ni eso).

- La política como escándalo. “La nota” es, casi siempre, una rabieta, una declaración tonta, una filtración misteriosa...

- Al cliente lo que pida. Cada elector debe escuchar sólo lo que quiere escuchar. El populismo redivivo: un mensaje —no importa cuán contradictorio resulte— para cada oído.

- Para bien y para mal, las elecciones no volverán a ser como antes. De la alquimia electoral pasamos al tiempo de los caudillos electrónicos y a padecer los efectos de las “crisis de la democracia” y demás virus mediáticos.

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- Pero aunque hasta ahora la combinación entre democracia y marketing político haya desembocado en un desafortunado híbrido de talk show en horario triple A, mis dudas no alcanzan el rango de preocupación apocalíptica. La calidad de nuestra democracia no es tarea exclusiva de partidos y candidatos, es una tarea colectiva.

- El autor es director de Carta Política Mexicana

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