Ellos... ¿también quieren ser mamás?

La responsabilidad de educar y cuidar a un hijo no excluye a los hombres por el hecho de ser ejecuti
María José Martínez Vial

Aunque la tendencia general sigue siendo que las mujeres se ocupen de los hijos, y los hombres de asegurar que en la casa “no falte de nada”, empiezan a aparecer, entre los altos ejecutivos, quienes sienten la necesidad de disfrutar de su paternidad. Nada fácil de lograr en un país como México, donde los roles de la mujer y el hombre están más que definidos. Sin embargo,  los varones también quieren ser “mamás”. Aunque a duras penas lo consiguen tras enfrentarse, en muchas ocasiones, con uno de sus más feroces enemigos: su propia cultura.

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Los problemas son muchos. Primero, porque, como sucede ante lo desconocido, los padres se sienten desarmados ante su responsabilidad. Segundo, porque en demasiadas ocasiones están entre la espada y la pared: paternidad, sí, pero... ¿y la profesión? Vale hacer mención que, en las más de las veces, son los ingresos del varón el principal sostén del hogar. Y, para bien o para mal, la mayoría de las mexicanas –todavía– prefiere renunciar a su carrera, antes que “desatender ”a sus hijos.

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Todos para uno, y uno para todos
Cada uno a su manera, los ejecutivos papás intentan armar el rompecabezas que compraron para siempre cuando dijeron: “Sí, acepto, tengamos un hijo” (en algunos casos, no hubo necesidad de tal formalismo). El primer obstáculo: el tiempo. “El tema es muy delicado y, en muchos casos, agente de tensión en la familia”, dice Ricardo Zamora, director General de ad Tec, Gerencia de Proyectos y Consultoría, y padre de dos niñas de siete y ocho años.

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“Realmente uno no ve lo suficiente a los hijos –añade– y no ve realmente a la esposa. Yo trato de trabajar las horas que sea en la ciudad o fuera de la ciudad. Viajo 90 veces por año en avión porque los proyectos están por todo el país y muchos clientes están aquí o en Europa. Para compensar, lo que hago es que no me importa si trabajo 18 o 20 horas al día, mientras que después de las dos de la tarde del sábado, hasta las siete o las ocho de la noche del domingo, vuelva a estar con mi familia. Así se da la reintegración de la familia, y se trata de entender nuevamente cómo se llama cada quién.”

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El fin de semana se convierte en el momento privilegiado que tienen los nuevos “super papás”, para compensar la carencia obligada que viven los hijos de lunes a viernes. Por ejemplo, César Muñiz es socio director del área de Estrategia de Andersen Consulting de México, y papá de dos niños de ocho y nueve años: “Los fines de semana son importantísimos. Sí puedo trabajar en fin de semana, pero nunca en horario de mis hijos. Viajo, pero nunca en fin de semana..., tiene que ser realmente indispensable para que lo haga. Puedo viajar toda la noche del viernes pero amanecer en casa el sábado. Y si voy a salir tendría que ser la tarde el domingo, y en todo caso trabajo cuando no esté afectando mi relación con mi familia”, afirma tajante.

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Lo de que el tiempo es oro es más verdad en este caso que en ningún otro: ávidos de no perderse de nada, los papás intentan convertir las mañanas en un espacio íntimo, antes de que los hijos entren a la escuela y ellos marchen al trabajo. Porque la comida es, en demasiadas ocasiones, un espacio reservado al trabajo, y en las noches, es común que los niños estén dormidos cuando papá llega a casa.

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Llegaron los “papiringos”
Contra lo que podría pensarse, el factor económico no es, según los ejecutivos papás, el de mayor peso en su vida. Incluso si la responsabilidad de mantener el hogar va acompañada del incremento del número de horas de oficina: “El número de horas de trabajo ha aumentado pero,  afortunadamente, conforme he ido madurando en mi carrera, mi ingreso ha mejorado también. Claro, ahora es para cuatro, pero aún así creo que no es el mayor problema con el que nos enfrentamos los ejecutivos papás”, asegura Zamora.

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Muñiz también afirma que su problema no fue económico, sino afectivo, porque el cariño también debe dividirse entre todos. “Cuando nació mi primer hijo –explica– ya tenía un buen nivel de ingresos, por lo que ni mi pareja ni yo tuvimos que sacrificarnos en ese sentido. Creamos una cuenta común y se podría decir que siempre nos divertimos gastando en los hijos. Luego, aunque las horas de trabajo son más largas, y eso puede llegar a causar conflicto, creo que lo que realmente cambia cuando uno tiene hijos es que se genera una demanda muy fuerte en afecto, que no siempre se puede satisfacer.”

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Nadie quiere amor a medias tintas: ni los hijos ni las esposas. Pero, malas noticias, de algún modo tiene que organizarse el ejecutivo moderno. “Creo que a mi esposa no le dedico todo el tiempo que ella considera necesario –reconoce Muñiz–. De hecho, ha habido etapas que son estresantes y que pueden llegar a ser críticas, porque en esto se cometen errores, como en todos lados, y uno de los errores que cometo es que veo la familia como un todo y no como sus partes. Estar con la familia, para mí, es estar con todos y, para mi mujer, no es suficiente pues, a ratos, ella me necesita para ella sola... Le ha faltado tiempo mío, desde luego.”

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Zamora apoya la moción: “Yo tengo mayor deseo de estar en la casa y no lo puedo lograr porque el trabajo también crece en intensidad... luego la responsabilidad de los críos y hay que trabajar más para traer más alimento a casa. Las semanas pasadas han sido una cosa muy estresante porque ha llegado el momento en que mi esposa y yo perdemos puntos en común.  Claro, tratamos de recuperarlos el fin de semana, tomando tiempo juntos, pero aún mi esposa llega a pasarla mal”, dice pensativo.

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¿Quién dijo problema?
En verdad no hay fórmula, como parece que no se puede decir que, por norma, sea imprescindible renunciar a ciertos aspectos laborales para ganar tiempo para la familia. Sergio J. Ávila Betancourt es, además de un alto ejecutivo de Bancomer, profesor en la Universidad Anáhuac, esposo y padre de familia. Aunque sale de casa temprano y no llega hasta la noche –la enorme distancia entre su domicilio y el banco le impiden compartir el tiempo de la comida con los suyos–, dice tener las prioridades “clarísimas” y dedicarse a la familia al 100%, hasta el punto de hacer ciertos sacrificios: “A mis dos hijas y a mi esposa les gusta ver telenovelas en la noche. Algo que a mí no me gusta hacer, pero que realizo todas las noches al volver para estar con ellas”, comenta.

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Más aún, cuando el trabajo se prolonga, es su propia esposa quien le ayuda a terminarlo con el fin de estar juntos. “El trabajo es una forma distinta de compartir –dice– y, aunque no lo parezca, tiene un lado muy interesante, porque ves a la gente comportarse de una manera diferente a la que se comportaría en familia. Ahora trabajo con mi esposa, pero cuando mis hijas sean grandes, me encantará que pasemos la noche juntos, trabajando cada uno en lo suyo.”

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Por ahí dicen que cada loco con su tema pero, de algún modo, todos convergiendo. Aún con semanas pesadísimas, y con conflictos de interés un día sí y otro también, en la mayoría de los casos, estos nuestros ejecutivos no cambiarían su papel en la sociedad por el de su mujer. Las razones son diferentes, pero el resultado es el mismo.

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“Creo que los niños son una tarea difícil y yo –reconoce Muñiz– me desesperaría mucho más fácilmente de lo que se desespera mi mujer. Yo no tengo el carácter. Aunque eso no significa que me desentienda: siempre le he entrado al parejo, en el cambio de pañales y en el resto. De hecho, para mí, era una competencia secreta que cuando el mayor se despertara por la noche dijera papá y no mamá.”

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Y Ávila explica: “Si realmente la carrera de mi mujer hubiera sido más importante que la mía, nos hubiéramos planteado el cambio de rol. Pero, en realidad, a mí me parece bien que sea ella quien se ocupe de los niños. Creo que la mamá es realmente quien es imprescindible para los hijos”.

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Porque el peso del pasado es mucho, y aunque se noten cambios, la tendencia en México, parece seguir siendo la misma. “Antes el hombre iba al hospital cuando su esposa iba a dar a luz y se regresaba a trabajar por la tarde; y ahora ya pide uno o dos días cuando va a tener un hijo –explica Gabriel Sander, Director de Recursos Humanos para America On Line de México–. Pero la verdad es que los ejecutivos no solicitan ningún tipo de régimen especial una vez que son papás. La diferencia es que intentan acomodar sus horarios para estar presentes en determinados momentos, pero lo cierto es que, incluso aquellos que viajan, retoman sus actividades normales muy poco tiempo después de nacido su bebé”, concluye.

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Sin embargo, antes de decir que todo sigue igual, píenselo dos veces porque, como Zamora, hay quien apuesta por romper los moldes.  “Yo sí hubiera aceptado ocuparme de la casa porque soy un feminista... a lo mejor, hasta en cierto aspecto, me hubiera gustado tener una mujer mucho más feminista y que hubiéramos formado una familia más pequeña para que todos tuviéramos más independencia. Ahora, hablando como macho de la especie, no me queda más remedio que reconocer que nosotros somos seres inferiores... medio tontitos en eso, mucho más egoístas. Creemos que un trabajo importante es lo que realmente cuenta. La madre no piensa de esa forma, ella siempre está ahí. De hecho, admiro y agradezco a mi mujer que haya decidido quedarse en la casa por cuenta propia”. ¿Oiga, y si fuera verdad eso de que los tiempos han cambiado?  

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