Emisoras. Se congela la sonrisa

Después de un poco de calorcito, soplan vientos fríos para muchas empresas que cotizan en la Bolsa
Alejandro Castillo

El año pasado la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) vivió un momento de optimismo, un corto periodo que duró el primer semestre. Sin embargo, para fines de 2000 las cosas se tornaron de un color menos alegre.

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Si se pretendiera definir de algún modo el desempeño de la Bolsa y las emisoras en ese año, es necesario subrayar que, en contraste con la dinámica que reportó la economía –que alcanzó una tasa de crecimiento cercana a 7%–, el mercado bursátil tuvo un comportamiento pobre, con una caída de 19% en el Índice de Precios y Cotizaciones (IPC), determinada por el desplome en los precios de las acciones estadounidenses. A su vez, las emisoras en general se vieron obligadas a enfrentar una competencia más fuerte en sus respectivos sectores, por lo que no sólo el promedio de sus cotizaciones cayó, sino también los márgenes y en ocasiones las ventas, al mismo tiempo que en muchas empresas se registraba un aumento en los niveles de apalancamiento.

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Como consecuencia, al considerar las cifras del conjunto de compañías industriales y de servicios no financieros, se observa que mientras el margen operativo fue en promedio de 16.5% en 1999, en 2000 bajó a 15%. Asimismo, mientras que el margen neto se situó en 11% en aquel año, en 2000 cayó a 7.8%.

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Mal de muchos…

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Lo anterior no fue algo que caracterizara únicamente a la Bolsa de México. En la economía mundial las empresas se han visto sujetas a una intensa competencia, lo que se ha reflejado en una tendencia hacia la reducción de márgenes; en años anteriores ese aspecto había sido contrarrestado con los procesos de fusiones y adquisiciones que permitieron a las compañías mejorar su posición en el mercado. Ello, junto con los nuevos desarrollos tecnológicos, justificó en un principio el crecimiento en los precios de las acciones y de los mercados de valores. Fue casi una década alcista en las bolsas de Estados Unidos. Sin embargo, después de alcanzar niveles máximos el año pasado, la carrera ascendente comenzó a dar señales de debilitamiento; mientras las empresas anticipaban un deterioro en sus resultados, las bolsas comenzaron la tendencia a la baja.

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Respecto del mercado mexicano se puede decir que su comportamiento después de la crisis de 1994 no fue muy dinámico. El sexenio que siguió se caracterizó por un crecimiento muy lento, casi lateral, el cual se aceleró un poco en los últimos tiempos. Pero así como la BMV se benefició del periodo de auge en Nueva York, ahora resiente la influencia negativa de la caída. Eso tiene su explicación en que muchas de las empresas locales más importantes tienen ADRS en Estados Unidos, y la evolución de sus cotizaciones sigue estrechamente el desempeño del índice Dow Jones, y en el caso de las empresas de telecomunicaciones –las de mayor peso en México– del mercado tecnológico Nasdaq.

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La importancia doméstica

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En 2000, los mejores resultados se registraron en las empresas orientadas al mercado interno, el cual tuvo un fuerte crecimiento debido a diversos eventos, como la realización de los comicios electorales, el Censo de Población y Vivienda (que generó un aumento en el gasto público) y el aumento del empleo y del poder adquisitivo. Desde luego influyó también la sobrevaluación cambiaria, que hacía más atractivos los ingresos en pesos obtenidos por la venta en el mercado local.

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Así, se observaron incrementos en ventas cercanos o superiores a 10% en los grupos de emisoras ubicados en los sectores de bebidas, comercio, comunicaciones y turismo.

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Es importante aclarar que el aumento del empleo al que se hace referencia arriba se presentó en buena medida como consecuencia del acelerado crecimiento de las exportaciones, lo cual a su vez fue posible en ese entonces por el vigor de la economía estadounidense. Muchas empresas aumentaron sus volúmenes de producción y exportación, lo que repercutió en una mayor derrama de recursos en la economía; sin embargo, los ingresos en pesos no crecieron en la misma proporción, debido al efecto de la sobrevaluación cambiaria.

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Hay que recordar que en el último trimestre la demanda de productos mexicanos en el exterior comenzó a debilitarse, por lo que las emisoras cuyos ingresos dependen en un alto porcentaje de las exportaciones se vieron significativamente deterioradas. Hubo ramas, como la siderurgia, que no sólo tuvieron más dificultades para vender en el exterior, sino que incluso en el mercado interno encontraron una mayor competencia. A eso se agregó el impacto del alza en los precios del gas, que en el caso de la compañía Hylsamex llevó a la suspensión de algunas operaciones y a sustituir producción interna por importaciones.

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De cualquier modo, durante el año pasado el conjunto de las emisoras no financieras logró incrementar sus ventas en casi 16%, que es una tasa acorde con el acelerado crecimiento que se observó en la economía. Por su parte, el resultado operativo conjunto aumentó 6.3%, en tanto que la utilidad neta cayó 16.7%.

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Esos datos muestran claramente las condiciones generales en que debieron operar las empresas en México: un mercado más grande, pero también más requisitos para competir y mantener su porción del pastel. No se debe perder de vista que las emisoras son una muestra muy importante de lo que sucede en el conjunto de las empresas del país.

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Para entender la evolución del IPC se deben considerar los efectos de algunos eventos relacionados con las emisoras. Es el caso, por ejemplo, de las operaciones en torno de algunos grupos financieros que también forman parte del indicador bursátil. Basta recordar que desde que se anunció a principios de 2000, el proceso de fusión entre Bancomer y BBVA (lleno de sorpresas, por la oferta hostil de Banamex), generó expectativas positivas respecto de la evolución del índice.

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También incidieron en el comportamiento del índice las perspectivas generadas por la venta de las acciones de Teléfonos de México que tenía France Telecom.

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En cuanto a la estructura del índice, destaca la compra de Compusa por parte de Sanborns, lo que le permitió a ésta incrementar sus ingresos en 305%, colocándose por ello en el quinto lugar en cuanto a ventas, pasando a formar parte del grupo de compañías de mayor peso; esto también influyó en las ventas de Grupo Carso, mismas que se incrementaron en 102%. Vale aclarar que las ventas de Compusa se realizan en el mercado estadounidense y el efecto sobre los ingresos de Sanborns no se debió a un aumento de ventas de la cadena comercial adquirida, sino a su consolidación en los resultados de Sanborns y Carso.

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Para 2001, entorno frío

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Si bien 2000 fue un año de crecimiento económico, no se espera lo mismo de 2001. Las señales, los indicadores, anuncian una etapa de desaceleración económica, que en el caso de algunas firmas se podría reflejar no sólo en menores tasas de crecimiento, sino incluso en caídas de su producción.

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En contraste, se estima que habrá mucha liquidez en los mercados y hay quienes afirman que eso podría beneficiar a la Bolsa. Esa liquidez, sin embargo, será resultado de la venta de acciones debido a la desconfianza que ha surgido respecto del mercado bursátil. Por lo anterior se presume que esa liquidez buscará refugio en los bonos de deuda pública y sólo invertirá en acciones cuando éstas tengan expectativas muy positivas.

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Hasta el momento las bolsas mantienen su tendencia bajista y lo que predomina es la incertidumbre. Eso puede resultar muy benéfico para quienes están en posibilidades de especular, no así para los inversionistas de largo plazo, quienes buscarán colocaciones más seguras.

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