Empresa Mex-Tex

Grupo Dina renuncia a su nacionalidad mexicana y adopta la estadounidense para obtener mejores condi
Adriana Reyes

La fabricante automotriz Dina deja México para instalarse en Estados Unidos. ¿La razón? Reestructurar su organización y replantear sus operaciones financieras para obtener mejores condiciones. Esto le permitirá reducir el monto de la deuda –$6,810 millones de dólares a diciembre de 1998– y disminuir el nivel de apalancamiento, que a finales del año pasado se ubicaba en 89%. El traslado estará listo durante el segundo semestre de 1999.

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“El cambio de domicilio no tiene nada que ver con la coyuntura económica nacional. No abandonamos México ni dejamos las operaciones en el país. Nos radicamos como una empresa estadounidense porque 83% de los ingresos de la compañía están denominados en dólares”, argumenta Gamaliel García, director ejecutivo de Dina para México y Latinoamérica. No obstante, admite que el progresivo aumento de la deuda tiene que ver con las sucesivas devaluaciones que ha sufrido el peso.

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En 1989 Dina pasó del sector público al privado. Desde entonces, la intención de Rafael Gómez Flores, presidente de la compañía, fue abocarse a la globalización de productos y mercados. Por esa razón, poco antes de la macrodevaluación de 1994 adquirieron Motor Coach Industries Inc (MCII), la fabricante de autobuses más importante de Estados Unidos y Canadá. El año pasado, MCII contribuyó con 75% de los $1,200 millones de dólares reportados como las ventas totales anuales del grupo. Pero ese primer paso hacia la globalización también supuso un enorme endeudamiento, un problema que no se resuelve con la creciente expansión del grupo hacia Sudamérica.

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Para cubrir esa área geográfica, en 1997 Dina instaló una planta en la ciudad de Mercedes, Argentina. Según García, en el primer año de operación vendieron 500 camiones y con ello se situaron por encima del punto de equilibrio, no obstante que 1998 fue un año conflictivo para el Mercosur. “Ahora tenemos que complementar nuestra operación en Brasil con autobuses foráneos y carrocería para urbanos. Esto nos permitirá cumplir con la balanza comercial que tenemos que observar de acuerdo con los convenios pactados con el gobierno de Argentina”, dice García. Con esta misma lógica, la empresa piensa abrir cuatro, cinco o seis plantas más en diferentes lugares estratégicos del mundo. “Tenemos el programa, aunque no una fecha definida”, dice el directivo.

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Sin embargo, y a pesar del buen desenvolvimiento de MCII en Norteamérica y de las operaciones en Argentina a través de su marca Dimex, el panorama no promete mucho. La crisis brasileña y la situación de Ecuador convierten a América del Sur en un foco rojo para las inversiones. Además, según varios analistas, no ha desaparecido la probabilidad de una desaceleración económica en Estados Unidos con sus consiguientes efectos para México.

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Esta situación podría ocasionar una reducción de los ingresos del grupo durante 1999. Además, la perspectiva de Dina en el mercado mexicano tampoco es muy alentadora por las altas tasas de interés que devenga.

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“Con el cambio de domicilio, lograremos acceder a los créditos en condiciones mucho más favorables y riesgos financieros mucho menores. Hemos utilizado una parte importante de los recursos para el cambio de tecnología. Debemos reestructurar la deuda de forma adecuada”, comenta García.

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Lejos de resolver sus dificultades, la mudanza ayudará a mejorar las cifras de una compañía que dice no haber encontrado en México el respaldo necesario para mejorar su balance. Conviene preguntarse cuántas multinacionales más podrían emprender un éxodo similar.

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