Empresarios chilenos. Bien dispuestos ha

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Iván Witker

A Pedro Lizana Greve, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa) -centenario y poderoso organismo que aglutina a los principales empresarios chilenos-, se le reconoce habilidad en la defensa pública de las posiciones del empresariado nacional. Sin embargo, sus relaciones con los gobiernos posteriores a la dictadura no han sido precisamente miel sobre hojuelas. En entrevista con EXPANSIÓN platicó sobre esto y especialmente sobre la política comercial de Chile con México.

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¿Cómo marchan ahora las relaciones de la Sofofa con el actual gobierno?
Se han ido fluidizando. Se han generado nuevos espacios de confianza como producto de las advertencias que hemos hecho oportunamente y que, de haber sido seguidas antes, habrían evitado errores y dolores de cabeza. Nos parece que hay aún muchas cosas por mejorar, por ejemplo, la productividad de la administración pública. A pesar que los partidos políticos lentifican la marcha gubernativa, este gobierno ha ido valorando nuestro aporte.

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El TLC es la gran apuesta de Chile. A su juicio y tras el colapso del peso mexicano, ¿sigue siendo esa una meta deseable? ¿De qué manera afecta a las expectativas chilenas lo ocurrido en México?
La apertura global es el único camino posible en el mundo de hoy y felicitamos al gobierno de Eduardo Frei por haber impulsado nuestro ingreso a la APEC, por avanzar en el TLC y el Mercosur, así como mejorar las condiciones del comercio con la Unión Europea. Lo de México indudablemente nos preocupa, pero mantenemos la confianza. La situación se va a tener que decantar positivamente. En el aspecto bilateral, yo diría que, a pesar de la devaluación, muchos de nuestros productos siguen siendo muy competitivos en ese mercado. Estamos convencidos que México estabilizará su situación política y económica y que nuestro comercio, sea en el marco de nuestro Acuerdo de Complementación bilateral o dentro del TLC, seguirá creciendo tan vertiginosamente como hasta ahora.

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Sin embargo, yo desearía que las turbulencias sirvan para acercarnos y así arreglar algunos puntos de fricción con nuestros amigos mexicanos, respecto de algunos productos de intercambio.

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¿De qué manera el organismo que usted dirige está asesorando al gobierno chileno en cuanto al TLC? Los empresarios mexicanos tuvieron una buena experiencia en esta materia...
Sofofa hizo antes que nadie en Chile un acabado estudio evaluativo del impacto en nuestra economía del ingreso al TLC.

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Hace dos años elaboramos un documento de varios tomos. Hoy tenemos un grupo de seguimiento por áreas, que dirige Fernando Agüero -con 60 especialistas de nuestra institución-, que tiene una relación estrecha con el gobierno y, por otra parte, hemos sostenido reuniones muy ilustrativas con empresarios, funcionarios y políticos mexicanos que participaron en su propio proceso negociador. Nos impresiona que ellos hayan ocupado tantos recursos y tanta gente. Creo que en el caso chileno, por las dimensiones del país y la naturaleza de los problemas, nuestro proceso tendrá un costo considerablemente menor.

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¿Cuáles serán las áreas más conflictivas de la negociación chilena?
Sobre eso se ha especulado mucho. Nuestra opinión es que todos los problemas son subsanables. Si bien es un tratado con definiciones básicas claras, dispone de mecanismos de timing muy regulables e incluso habla de posibles exclusiones. Eso significa que todos los obstáculos son removibles tarde o temprano, y los ajustes dolorosos se diluirán en el tiempo.

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Aún más, no creo que haya un solo sector de nuestra economía que vaya a ser afectado en su totalidad. Me parece aventurado decir que el TLC destruirá determinados sectores; los problemas se van a presentar en partes de algunos de ellos, en parte del sector textil, del cuero Y el calzado, de la agricultura. Por lo tanto, es vital un diagnóstico acertado; si éste falla, falla la negociación. Todo dependerá del tiempo de ajuste que se negocie para cada uno de ellos. Por tal razón, la manera como se aborde la negociación es esencial.

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Y ahí es donde usted ha hablado duro al gobierno. ¿No le gusta el equipo negociador?
El problema es que el gobierno ha diseñado una estructura muy poco funcional. Recuerde que estamos involucrados simultáneamente en diversas y grandes negociaciones, que tienen que ver no sólo con el futuro de nuestro país, sino con socios comerciales muy importantes. Y hoy tenemos que la negociación en el TLC la coordina el Ministerio de Hacienda; en Mercosur, Relaciones Exteriores y, respecto de la Unión Europea, la tutela es del Ministerio de Economía. Eso es un esquema sin cabeza. Es elemental pensar que esos convenios no pueden ser vistos aisladamente, porque hay materias específicas de un caso que entrampan a otro. Hoy tenemos grupos estancos, aislados. Hemos hablado al respecto con el gobierno; creemos que necesitamos "un ministro en campaña", un secretario ejecutivo con rango ministerial, con profundo conocimiento de todas las materias y gran capacidad de liderazgo y coordinación.

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¿Qué opina, por otro lado, de las relaciones comerciales bilaterales con México?
El comercio bilateral ha aumentado violentamente estos últimos cuatro años, lo que nos satisface ampliamente y el optimismo a largo plazo se mantiene incólume. Sin embargo, el problema de la harina de pescado -en que México impuso impuestos compensatorios diferentes para cada empresa exportadora chilena- fue una mala señal a la confianza mutua. Fue una medida destinada a afectar a nuestros productores y comunicamos nuestra opinión al gobierno chileno, el cual nos apoyó.

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Hasta ahora vemos un mayor flujo de capitales mexicanos hacia Chile que chilenos hacia México. ¿Por qué ocurre esto y cómo se puede revertir o equilibrar esta situación?
Eso es cierto, pero tiene explicaciones. En primer lugar, el ex presidente Carlos Salinas vino dos veces a Chile y acompañado de enormes delegaciones empresariales. Vinieron a conocernos, a buscar oportunidades, y nosotros no lo hemos hecho. Además, en el empresariado chileno existe cierto temor a caer en una maraña burocrática indescifrable. Es fácil entrar en una lógica jurídico-política compleja y no salir más de ella. Eso no invalida que si hay un proyecto transparente y comprensible, habrá inversionistas chilenos dispuestos a integrarse a este intercambio.

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Me parece que debemos mejorar el intercambio de información. En ese sentido, tenemos confianza en la labor del embajador de Chile en México, Carlos Portales, quien nos parece un hombre dinámico y que antes de partir a su misión tomó contacto personal con nosotros. Creo que sería muy útil organizar grandes seminarios donde se dieran a conocer oportunidades, aquí y allá; sería un buen paso para seguir conociéndonos. Esto es como en el matrimonio: los novios deben verse las caras, y muchas veces, antes de tomar las grandes decisiones.

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