En la batalla

Un solitario productor de armamento encontró la manera de adaptarse cuando se prohibió gran parte
Guillermo García Espinosa de los Monteros

A sus 77 años, Héctor Mendoza y Orozco, dueño de la única empresa fabricante de armas que sobrevivió en México a las restricciones de política industrial impuestas en 1971 por el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez, ha logrado abrirse paso en los mercados estadounidense, argentino y chileno, tradicionales productores de armamento para uso militar, policiaco y civil. Se trata de piezas de patente mexicana que, irónicamente, provienen de un país donde esta industria ha recibido varios tiros de muerte.

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El empresario es heredero de una tradición familiar fundada por su padre, Rafael Mendoza, ex combatiente revolucionario a las órdenes del general Francisco Villa, quien en 1915 se hizo cargo del taller de armas de la División del Norte, en Ciudad Juárez, donde comenzó la producción de cañones de 36 milímetros, ametralladoras de dos cañones en siete milímetros, granadas de mano y un fusil denominado México, que remplazó el uso de los Mauser, originarios de Alemania.

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Sujeto de un sector industrial que vive atado a restricciones por la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, Productos Mendoza (PM), encontró en 1998 una alternativa a la precariedad del mercado nacional: inició la exportación de rifles de aire, que le redituó un ingreso de apenas $30,000 dólares. Hoy tiene clientes en seis países y su exportación hasta la mitad de 2002 alcanzó $1.5 millones de dólares, según el director Comercial de la empresa, Ricardo Casillas, que abrió el camino de la firma a la mercadotecnia internacional.

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PM es la única compañía privada mexicana dedicada a la producción de armas de fuego. La Fábrica Nacional de Armas, fundada en 1916 por órdenes de Venustiano Carranza y reforzada en las administraciones de Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán, posee el monopolio de la producción en el país, pero no cubre completamente la demanda de pertrechos militares, por lo que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Marina realizan importaciones año con año. El más importante proveedor es Estados Unidos, pero las compras también se han hecho a industriales de Bélgica, Francia, Israel e inclusive a Brasil.

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Tan sólo un puñado de compañías pequeñas y medianas en México está relacionado con la producción y venta de cartuchos, explosivos y mechas, así como con la fabricación de armas de aire, municiones y diábolos que sirven como sus proyectiles. A diferencia de las armas de fuego, las de fuelle no requieren de balas con pólvora comprimida en el cartucho y su comercialización no está sujeta a una legislación.

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En Cuernavaca, Morelos, se encuentra Industrias Tecnos, que elabora cartuchos deportivos para el mercado nacional; otra de proyectiles es Cascade Cartridge International, en San Luis Potosí; Pellets, manufacturador de diábolos y distribuidor de rifles de aire importados, en Guadalajara; la Compañía Mexicana de Mecha para Minas, en Gómez Palacio; e Industrias Cabañas, una de las antiguas competidoras de Mendoza en artefactos de aire.

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Algunos importadores de explosivos tienen domicilios en Guadalajara, Querétaro, Torreón y Zacatecas. En el Centro histórico de la ciudad de México hay tres locales con el nombre de armerías, pero cuyo material de venta está formado por accesorios y rifles de aire; nada que ver con la venta de pistolas, rifles y escopetas.

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Cuando Echeverría decidió el cierre de las armerías propiamente dichas, confirman fuentes diversas, había medio millar de locales en el país que además de los artículos de PM, vendían las marcas Zaragoza, Armamex y Cabañas, así como pistolas Llama y Trejo, cuya línea de producción estaba en Zacatlán, Puebla. Unos 5,000 empleos estaban relacionados con esta industria y el contrabando era prácticamente nulo.

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“El arma militar es un artículo complicado, para un solo cliente, que es el gobierno, y obedece a decisiones políticas”, dice Mendoza, un diseñador de productos metalmecánicos con 85 patentes en su haber, ingeniero educado en el College of Applied Sciences de Detroit, a donde llegó durante la Segunda Guerra Mundial con su padre, contratado en 1943 para trabajar en el diseño de armamento.

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El empresario fue notificado personalmente por el presidente Echeverría sobre la cancelación de permisos para producir armas de fuego. La decisión congelaba en PM el uso de 250 máquinas y generaba incertidumbre sobre el empleo de unas 500 personas. La compañía tuvo que hacer otros productos para sobrevivir.

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Armas para la paz
Entonces las troqueladoras, tornos, taladros, fresadoras y prensas –la misma maquinaria estándar de la industria metal-mecánica con la que hicieron armas deportivas calibre 22 y ametralladoras, en los años 60– debió ser ocupada para fabricar engrapadoras, perforadoras, compases, cilindros para la tracción trasera de bicicletas de carga, barras y pesas para acondicionamiento físico corporal.

“Con un compás en la mano decidí comenzar a fabricar los míos”, pero con un diseño propio y de precisión, relata Mendoza.

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Más que estudios de mercado y readaptación de la planta, el cambio fue guiado por la vocación del ingeniero Mendoza hacia la creación de productos de precisión y fortaleza, así como por la compatibilidad de la empresa con los canales de distribución de la industria metalmecánica, donde destacan los ferreteros, que lo mismo venden clavos, que rifles de aire para matar ratas en el campo, señala el director general de PM, Juan Manuel Lomelín.

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La fabricación y funcionamiento de estos artículos “está íntimamente relacionada con la armería. En está, el carro toma un cartucho del cargador, lo lleva a una cámara que al cerrarse recibe la percusión. Después vuelve atrás el carro, toma un cartucho fresco y repite la función, como en una engrapadora”, explica Mendoza.

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Una colección de prototipos de armas cubren las paredes de la oficina del presidente de la firma, que en su escritorio tiene empotrada una prensa donde ajusta los instrumentos que diseña. Desde su invención en el siglo XIV, las armas de fuelles cargados por resorte y las de aire comprimido se han caracterizado por la velocidad del proyectil y la precisión en el tiro a distancias cortas, lo que hace más difícil su producción, comparada con la de las armas de fuego.

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Hacer variantes de un mismo modelo es uno de los recursos de PM para multiplicar sus mercados de exportación. Así, por ejemplo, un rifle de repetición que vende a Argentina para agricultores que necesitan matar plagas de campo, lo exportan a Canadá para la caza deportiva, pero con una variante en cuanto a velocidad, que por ley debe ser menor a 500 pies por segundo (152 metros por segundo o 545 kilómetros por hora).

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“Comparados con la amplia gama de marcas y modelos en el mercado, creo que [los rifles de PM] están en el medio. No son los mejores ni los peores, y la estrategia de Mendoza parece apuntar a un segmento de consumidores numeroso”, dice Alberto Cooper, editor de un sitio de internet especializado en armamento de fuelle, aire1.freeyellow.com. “La buena recepción que han tenido en Chile y Argentina se debe a precios competitivos, piezas de madera y metal en vez de plástico, y variedad de modelos”, precisa el especialista.

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Además de adaptarse a la demanda para abrirse paso en aparadores del extranjero, la compañía ha recibido apoyo financiero del Banco Nacional de Comercio Exterior para iniciar operaciones en el extranjero y asistir a exposiciones industriales. “La empresa ha demostrado que la exportación es factible, no obstante que están en un mercado muy especial”, comenta el director ejecutivo del Centro Bancomext Metropolitano, Gabriel Leyva.

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Cuando entró en el mercado internacional, PM comenzó por Guatemala –por la proximidad geográfica y familiaridad cultural– con la venta de armas calibre 177 (4.5 milímetros) y 216 (5.5 milímetros); de ahí pasó a Costa Rica, Argentina, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos, donde se alió a una fuerte corporación del ramo, Crosman Airguns de Rochester, Nueva York, para distribuir sus armas deportivas hasta en supermercados. A la fecha la firma también ha logrado ventas en Chile, Francia y está a punto de penetrar en Sudáfrica, Inglaterra y Egipto.

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En la fachada de la nave industrial en Xochimilco se aprecia un letrero que dice “hay vacantes”, y esto es porque la organización está abierta a la recepción permanente de solicitudes de empleo. A pesar de los riesgos que implica la producción de armas, la selección del personal sólo pasa por un filtro de conocimientos y habilidades.

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La oferta de trabajo permanente y el movimiento en la fábrica se explican por el volumen de ventas globales que alcanzó este año PM en un sólo mes, $1.5 millones de dólares. Esto significa apenas la centésima parte de los registros de Crosman, una compañía que no cotiza acciones en bolsas de valores y que el invierno pasado dio a conocer al público cinco de los rifles de aire Mendoza en su catálogo. “La nueva serie ofrece características de modelos de alto nivel, pero a precios de mediana escala”, señaló la multinacional en alusión a tres de las piezas de PM, ubicadas en un rango de precio entre $110 y $180 dólares.

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Este año, PM espera ventas globales por $15 millones de dólares: corresponde a las armas 60%, útiles escolares 24%, partes para bicicletas 7%, artículos de oficina 7% y artículos deportivos 2%.

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En 1998, la agrupación fue nuevamente autorizada por el entonces presidente Ernesto Zedillo para volver a su labor original. La empresa hace pistolas de salva y una subametralladora semiautomática, la HM-3-S, únicas armas de fuego manufacturadas en México por una entidad moral, cuya distribución está limitada a los cuerpos de seguridad pública y privada, con autorización de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

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PM realiza sus actividades bajo mecanismos de seguridad y vigilancia estrictos, pero a diferencia de la gran mayoría de las industrias, esta firma mediana vive bajo la lupa de la Sedena. La dependencia autoriza diseños, fabricación y comercialización de armas de fuego. También se ocupa de la inspección periódica de la planta industrial y de los operativos de seguridad para el traslado de las subametralladoras, cuya producción se hace mediante órdenes específicas.

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En el mundo hay 21 países con fábricas de armas de aire y 30 productores de subametralladoras. La perspectiva de mercado para PM y empresas afines podría ampliarse. “Si se permitieran otros niveles de producción, la industria de armas podría tener efectos en la economía, porque este es un país muy grande, donde hay gente que compra armas, pero por el momento el principal obstáculo es la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos”, dice el general Luis Garfias Magaña, ex diputado federal y ex agregado militar de México en Estados Unidos.

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Nada de la transformación de PM pudo ver el villista Rafael Mendoza al fallecer a los 84 años, en 1966, una época en la que seguían en circulación ametralladoras diseñadas por él, recuerda su hijo Héctor, un hombre capaz de tocar los rifles de su colección con el cuidado de quien toma un ramo de flores.

Durante 27 años, PM no manufacturó los productos que le dieron vida empresarial. Con el cambio, la organización ha llegado a producir 1.3 millones de compases al año, 400 rifles diarios y cuenta con siete modelos exportación, que le permitieron salvarse del tiro perpetrado en 1971.
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