En manos del Fobaproa

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Luis Hernández Martínez

Al costo de utilizar deuda de corto plazo para financiar proyectos de largo alcance se le llama, en cualquier administración, pérdida del control operativo de la empresa. Esa situación crea, más temprano que tarde, la necesidad de que un tercero acuda al rescate con recursos frescos y un manual de políticas económicas restrictivas.

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Un ejemplo perfecto de ello es el caso de México y su desafortunada situación financiera –que inició el 20 de diciembre de 1994–. Pero lo es también de varias empresas, como Grupo Synkro (clave de pizarra SYNKRO) que, con base en las prácticas antes señaladas, durante la administración de José Luis Ballesteros había aumentado su presencia en el mercado nacional e internacional. Sin embargo, hace tres años, precisamente la devaluación del peso y “los errores” cometidos por varios funcionarios –entre ellos, Jaime Serra, apodado por algunos malquerientes como “el Cete”, pues “venció” a los 28 días de fungir como titular de la Secretaría de Hacienda– no perdonaron su falta de sensibilidad empresarial.

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Con cargo a la recaudación fiscal, el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) ejecutó el salvamento de la compañía una vez que el llamado efecto “tequila” y la recesión que causó en el mercado interno mexicano situaron a Synkro en una disolución técnica (es decir, sus accionistas perdieron toda su inversión y la empresa, como figura moral, no tenía la capacidad de enfrentar sus compromisos de deuda).

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Los bancos acreedores parecieron decirse que “de lo perdido, lo que aparezca” y, encabezados por Santander-Mexicano, reestructuraron la deuda del grupo. La operación necesitó por parte de las instituciones de crédito una capitalización de deuda que ascendió a $3,304 millones de pesos para finalizar –luego de la inyección vitamínica financiera– con un saldo de $622 millones de pesos en agosto de 1997. Los beneficios que arrojó ese respaldo económico sólo se reflejaron a partir del tercer trimestre.

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Cabe destacar que, desde mayo del año pasado, Rogelio Gallegos ocupa el cargo de director general de Grupo Synkro. Durante su administración se ha logrado un importante descenso en la carga financiera que, aunado a una reestructuración operativa, provocó el milagro: a septiembre de 1997, la controladora de Cannon México, Kayser-Roth Corp, Arcoplus de Argentina, Calzado Puma y Grupo Prolar acumuló un resultado positivo.

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No obstante, Fobaproa aún posee casi 90% del capital de Synkro, de manera que Gallegos informa de todos y cada uno de sus movimientos a los representantes de Javier Arrigunaga, director general del fideicomiso. Con base en las cifras presentadas al organismo, los analistas estiman que la empresa mantiene una ganancia de $130 millones de pesos, acumulada al 30 de noviembre.

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Asimismo, para esa fecha calcularon una utilidad neta que oscila entre $20 y $30 millones de pesos, cantidad que se compara en forma favorable a los $270 millones de pesos de pérdida que registró la compañía en igual periodo de 1996. En noviembre pasado, el valor en libros de la emisora SYNKRO serie A se ubicó en $2.19 pesos, mientras que al término de la capitalización de agosto se fijó en $3.60 pesos. Al cierre del 19 de diciembre de 1997 el precio por acción quedó en $1.28 pesos.

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Entre las debilidades que aún enfrenta Synkro destaca la elevada dependencia que tienen sus productos tanto del nivel de ingresos de la población como del cambio de hábitos en el consumo. También se debe mencionar la necesidad de financiamiento para modernizar sus instalaciones y el hecho de que la mayoría de sus materias primas se cotiza en precios internacionales.

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En sentido contrario, las fortalezas de la empresa tienen sustento en el liderazgo y la potencia de sus marcas, que permean a la mayoría de los estratos socioeconómicos del país. Otro punto a favor es su diversificación de mercado, pues realiza sus operaciones en México, Estados Unidos y Argentina. Además, los pasivos que enfrenta la empresa registraron una mejoría en sus condiciones de pago.

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La incógnita para Synkro gira en torno al Fobaproa, pues sus funcionarios aún no determinan con claridad cuáles serán las condiciones de subasta de Calzado Puma y Grupo Prolar. No obstante, Arrigunaga asegura que el paquete de estas subsidiarias saldrá de sus manos durante el primer trimestre de este año.

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