En menos manos

Tras un auge desmesurado e inminente regulación, el negocio de $500 millones de dólares al año se
Maurizio Guerrero

El miedo ha cambiado la vida de José Antonio Ortega. No ha sido víctima de un secuestro ni ha lamentado un crimen en la familia, tampoco le han robado información o lo han espiado en su despacho de abogados: Salazar, Ortega y Torpey, en la Ciudad de México. Sin embargo, dedica 20% de su tiempo laboral y de sus ingresos a supervisar los sistemas de protección de su vida y su patrimonio.

- Su miedo ha contribuido a crear una industria que genera ventas por $500 millones de dólares al año en México y por $85,000 millones de dólares en todo el mundo.

- “Uno debe cambiar vigilantes, rutas para dirigirse a la casa y rutinas de trabajo. Además, hay que asegurar la lealtad de los empleados y cuidarse de no ser espiado. Es un gasto muy grande por tener un negocio en México”, lamenta Ortega, director de Seguridad Pública de Coparmex.

- Sin embargo, el negocio está en un proceso de consolidación, en parte por una saturación del mercado tras tres crisis económicas y en parte porque después de que el sector creció desordenadamente ha comenzado a regularse.

- Paradójicamente el auge de la seguridad privada no ha hecho menos vulnerables a las organizaciones. De acuerdo con  Multisistemas –firma de seguridad con ISO 9002 y con 20 años de operación en la República Mexicana– 90% de los clientes contratan el servicio porque fueron traicionados por sus anteriores proveedores de seguridad.

- No es sorpresa. De entre las 8,000 y 10,000 empresas que conforman la industria, de acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Seguridad Privada (CNSP), dos terceras partes operan al margen de la ley.

- Sólo unas 200 firmas en todo el país manejan estándares de calidad aceptables; 20 son de notable calidad y sólo cinco poseen una oferta de clase mundial, dice Alejandro Desfassiaux, presidente de Multisistemas y miembro del CNSP.

- Las malas experiencias, sin embargo, iniciaron una lenta depuración del sector. “Los empresarios saben que ya no pueden contratar firmas sin experiencia o sin procedimientos profesionales”, señala Luis Zamorano, presidente de la CNSP.

- La tendencia a la consolidación ya es evidente. Mientras en 2001 se registraron 164 nuevas empresas de seguridad privada ante la SSP, en 2003 sólo lo hicieron 77 y en lo que va de este año lo han hecho menos de 30.

- El reto ahora es profesionalizar, regular, vigilar y sancionar a un pequeño ejército de cerca de 31,000 guardias privados –en 2002, llegaron a 32,000–, con algún grado de instrucción ofensiva, según datos de la SSP.

- Hasta octubre de este año, su único límite había sido la autorregulación, a veces con consecuencias lamentables.

- El 23 de septiembre, un guardia del Servicio Panamericano de Protección –propiedad de un grupo de bancos– disparó a un hombre que se enfrascó en una discusión con él y sus compañeros. Los custodios son juzgados y la empresa fue temporalmente clausurada.

- Un mes después, el 14 de octubre, entró en vigor el Reglamento de los Servicios de Seguridad Pública, que regula a todas aquellas compañías que operan en dos o más Estados. Establece los requisitos, registros, obligaciones y penas que llegan hasta los seis meses de clausura. Sus límites: no fue producto del consenso con la iniciativa privada y no contempla sanciones penales a las empresas de seguridad.

- En paralelo, en las Comisiones de Gobernación y de Puntos Constitucionales de la Cámara de Senadores se analiza la iniciativa de Ley Federal de Seguridad Privada, pactada con varios sectores y que sí sanciona con cárcel a los responsables de empresas que cometan irregularidades. Según Adalberto Madero, senador del pan, el proyecto se dictaminará durante el actual periodo de sesiones. De ser así, cualquier reglamento deberá estar en sintonía con lo pudiera aprobar el Senado.

- Enemigo interno
A José Antonio Ortega no le preocupan tanto los asaltos, sino el robo de información, el espionaje y la fiabilidad de sus empleados, muchos más dañinos para su despacho.

- El acento cambió. Ahora, según  expertos, la mayor amenaza para las empresas está en su interior.

- Los rubros de protección privada que más crecen no son los tradicionales, que implican sólo seguridad física, sino los que usan tecnología y se especializan.

- Tanto el robo de mercancía como a negocios, los crímenes por excelencia del sector empresarial, han disminuido en México. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) mientras en 2001 se registraron 7,092 siniestros relacionados con los delitos mencionados; en 2003 fueron sólo 4,050 siniestros.

- En cambio, crímenes más sofisticados van al alza. De acuerdo con la Encuesta 2003 de Delitos Económicos en el mundo, realizada por el despacho PricewaterhouseCoopers (PWC), está de moda el fraude, en forma de malversación de activos y luego en piratería y falsificación de productos. Pero también crecen los delitos cibernéticos, el espionaje industrial, la corrupción y el cohecho.

- Y el culpable es alguien de casa. “La mayor amenaza de robo de propiedad intelectual o fraude para las compañías, la representan los usuarios internos y no los hackers”, señala Enrique Bertrán, socio de PWC México, en un documento de la compañía.

- De acuerdo con Homero Ontiveros, director de Comercialización de Multisistemas, en la República Mexicana está lo suficientemente extendida la cultura de la prevención de accidentes laborales (safety), pero poco se ha avanzado en la de prevención de delitos (security).

- Para que la tecnología y el elemento humano funcionen correctamente debe haber procedimientos estrictos durante el trabajo cotidiano. “De nada sirven los sistemas de seguridad si quien los aplica falla y quien está sujeto a ellos sabe cómo operan”, explica Zamorano.

- Como consecuencia, de acuerdo con los entrevistados, uno de los rubros de la seguridad privada que más demanda tiene actualmente es la investigación de la trayectoria profesional de ejecutivos y empleados, para confirmar que sobre ellos no penden sospechas de ilícitos.

- Para firmas como Kroll, líder mundial en consultoría de riesgos, además va en auge la reingeniería de procesos –uno de sus clientes internacionales es el tristemente célebre Enron, donde revisan cómo ocurrieron los fraudes y reforzarán los huecos y la revisión de las rutas y procedimientos mediante los cuales se cometió el desfalco–.

- La tecnología informática juega un papel crucial en la cruzada por la seguridad interna. El creciente uso de información digitalizada y de redes corporativas aumenta las probabilidades de que personas no autorizadas accedan a documentos restringidos.

- Daniel Ortiz, coordinador de Tecnología de Trend Micro –líder en seguridad en redes– explica que los ataques de los que se debe prevenir una empresa no son sólo los virus que destruyen la información sino las intromisiones en la red, que la ralentizan y hacen perder eficiencia en las operaciones y que le revelan documentos a intrusos.

- Esta clase de servicios –software, procedimientos y consultoría sobre seguridad informática– crece exponencialmente. El gasto de las empresas en América Latina para proteger sus datos subió en los recientes años de 2 a 4%. Trend Micro llegó a México en 1998 y sus ventas crecieron alrededor de 80% año con año.

- Sin embargo, al igual que en la seguridad física, Ortiz señala que el mercado se ha llenado de competidores improvisados.

- Gasto mínimo
Asustadas, las empresas de todos tamaños previenen. “Sabemos que si no gastamos en cuidarnos nos puede ir peor”, se queja Ortega.

- El primer paso para la protección de un negocio es un estudio de vulnerabilidad que detecte los puntos débiles de una organización y que cuesta desde $3,000 dólares, de acuerdo con la CNSP. Luego, el gasto mínimo arranca desde un guardia de seguridad, a partir de $550 dólares, y un sistema de cámaras de vigilancia, desde $400 dólares.

- Según una encuesta de la Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México (CANACO), las principales medidas de seguridad de medianos y pequeños empresarios son: sistemas de alarmas, guardias, perros de protección y traslado de valores.

- Algunas empresas además ofrecen “sistemas de intrusión”, que incluyen localización satelital y alarmas que avisan a su propia central de seguridad y a la policía, y activan micrófonos en los lugares invadidos para escuchar al intruso. Tales servicios tienen gran demanda incluso en dependencias gubernamentales, señala Desfassiaux.

- El miedo no sólo se cuela en todo tipo de organizaciones sino que ya se ha extendido durante décadas.

- El primer boom de estos servicios sucedió en 1984, tras la devaluación legendaria del peso; el segundo fue una década después, luego de la siguiente gran crisis nacional, y el tercero sucedió en 2001, con el crecimiento del número de delitos en México y el terrorismo internacional, cuenta David Robillar, presidente de Kroll.

- Ahora, la prevención del delito es una noción común dentro del empresariado nacional. La cultura de la prevención delictiva es consecuencia del aumento criminal en México pero su crecimiento ya es independiente de los índices de criminalidad.

- Aunque baja el número de delitos –de acuerdo con la SSP 2001 fue el año tope–, vigilar, desconfiar, protegerse se convirtió en parte esencial de la vida de las empresas, señala Robillar. La razón: aumenta la percepción de inseguridad en el país y hay varias explicaciones.

- Amén de que desde hace una década se dispararon los índices de delitos comunes –robos, asesinatos, fraudes, etc.– y del crimen organizado –narcotráfico, lavado de dinero, tráfico de armas–, se popularizó un ilícito que colocó a la delincuencia como la mayor preocupación social: el secuestro. De acuerdo con estudios internacionales, México sigue ocupando el segundo lugar, tras Colombia.

- Además, el sistema de justicia de México no funciona correctamente. De acuerdo con estimaciones de la Segunda Encuesta Nacional sobre Inseguridad 2002, 82% de delitos no son denunciados, y de los denunciados en 8% de los casos se detiene al delincuente pero en un 10% éste sale libre.

- No es todo. Los Ministerios Públicos no tienen capacidad de investigación y los reclusorios no cumplen con su tarea de readaptación. Además de la corrupción de una parte de las autoridades encargadas de la justicia, apunta Ortega.

- El hartazgo ante un sistema penal que no funciona quedó de manifiesto el 27 de junio pasado con la megamarcha que recorrió la Ciudad de México. Nunca en la historia del país se había visto reunida gente tan diversa pugnando por los mismos resultados. “Ya estamos hartos”, se queja Ortega.

- Pese al hartazgo, hay optimismo. Los entrevistados coinciden en que ya se han sentado las bases para una industria de seguridad privada profesional. Las empresas mexicanas dejarán de preocuparse menos de quién los cuida y podrán atender su verdadero negocio: producir.

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