En pos del Mercosur

El bloque sudamericano se agiganta frente a la necesidad mexicana de diversificar sus mercados y atr
Lucía Rangel

Cuando los hechos concretos superan los acuerdos oficiales. Así podría titularse lo que está pasando entre el Mercado Común de América del Sur (Mercosur) y México, en momentos en que se celebra en este país la reunión “cuatro más uno”, paso inicial dentro del esfuerzo mexicano por integrarse al conglomerado económico-comercial conosureño.

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Más allá de cómo se resuelva esto, las constructoras ICA de México y -Odebreclt de Brasil se adjudicaron el contrato para construir la hidroeléctrica Baku, en Asia, por un valor de $5,000 millones de dólares y luego de competir con grandes consorcios de todo el mundo. La obra unirá a la isla de Borneo con Malasia, a través de 700 kilómetros bajo el mar, y dotará de energía a ambas zonas. Por sus características, es una construcción tan importante como la del Canal de la Mancha, que une a Francia con Inglaterra, y puede ser el inicio de la unidad latinoamericana para competir en el mundo, luego de varios intentos de integración con resultados poco satisfactorios, como los de la Aladi y la Alalc. Además, se presenta en un momento en el que la globalización parecía haber alejado a los países de Latinoamérica y en el que se discuten varios proyectos, como la Iniciativa de las Américas y, precisamente, la inclusión de México en el Mercosur.

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Las relaciones comerciales entre México y los cuatro países que conforman el conglomerado –Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay– últimamente han sido favorables para México, en buena parte gracias a la devaluación de 1994. Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), durante 1996 el intercambio comercial conjunto sumó alrededor de $2,500 millones de dólares –casi 30% más que en 1995–, con un superávit de cerca de $500 millones de dólares para México. Y con cada país por separado las cosas también han marchado viento en popa. Por ejemplo, hasta septiembre de 1996 las importaciones paraguayas desde México se quintuplicaron en relación con el mismo mes del año anterior, mientras que las exportaciones tuvieron incrementos más discretos.

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Sin embargo, todo este intercambio apenas representa poco más de 1% del total mexicano: Argentina significa 0.34%; Brasil, 0.77% (en 1995 llegaba a 0.84%); Paraguay, 0.03% y Uruguay, 0.04%.

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Por lo tanto, considerando estos raquíticos porcentajes y la importancia del Mercosur, México, al igual que lo hizo Chile, desea integrarse como estado asociado, para lograr un mayor intercambio comercial con ese bloque, que representa más de 200 millones de consumidores y un producto bruto integrado de $645,000 millones de dólares.

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DEJAR FUERA A LOS OTROS
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Pero detrás del interés mexicano también pesan otras consideraciones. Rafael Moreno Turrent, director general adjunto de Promoción Externa del Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext), es claro en este sentido: “México busca desplazar las relaciones del Mercosur con Europa y sustituirlas con productos mexicanos de buena calidad. Así son las luchas comerciales en el mundo globalizado de este fin de siglo; así lo hemos hecho con China en la industria del vestido y la confección, cuando el mercado estadounidense le impuso cuotas compensatorias que permitieron a los industriales mexicanos absorber el mercado que quedó vacante”. Por lo tanto, para el funcionario, el asunto es dejar fuera a los otros, que en este caso son los asiáticos y los europeos.

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Así, la relación de México con el Mercosur adquiere la categoría de “muy importante”, pues además existe el convencimiento de que se debe buscar la integración latinoamericana. “El objetivo es vincularnos vía tratados para desplazar a aquellos mercados con los que no tenemos acuerdos”, señala Moreno.

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¿Y qué significa para el conglomerado la integración de México? Su posición estratégica es muy importante para esas naciones, ya que es el único país con mayor capacidad para hacer negocios con dos mercados distintos: con Estados Unidos que, por su vecindad, le ha sido más fácil conocer, y con Latinoamérica, cuyas raíces comparte, por lo que se facilitan las negociaciones.

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“Esta suerte de puente nos distingue a nivel mundial; de ahí el flujo de inversión que estamos recibiendo”, explica Moreno y agrega que sólo a través de Bancomext se han puesto en marcha alrededor de 64 proyectos de inversión por aproximadamente $760 millones de dólares, que han generado alrededor de 6,400 empleos.

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QUIÉN ES QUIÉN
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Más allá del deseo de formalizar su integración, desde hace algún tiempo existe un intercambio entre México y las naciones del Mercosur.

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En el caso de Brasil, tradicionalmente ha sido el mayor competidor de este país en el área. Pero Moreno indica que “más que verlo así, hay que entenderlo como una economía complementaria” para satisfacer el mercado latinoamericano, ya que son las dos naciones más industrializadas de América Latina. Añade que, en todo caso, se esperan avances importantes, “sobre todo si logramos superar esta actitud de disputa”.

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Actualmente, parte del comercio exterior con Brasil se encuentra limitado por los altos costos de los fletes y del atraque en los puertos, además de algunos aranceles que siguen siendo altos.“Esto es normal, ya que todo el mundo quiere proteger sus industrias para darles tiempo de irse incorporando a la globalización”, explica Moreno. Agrega que además hay que considerar que su moneda, el real, está sobrevaluada y eso les hace perder competitividad en los mercados internacionales, aspecto que les inquieta. Respecto de la industria automotriz mexicana, dice que es altamente competitiva, incluso más que la de Brasil. Un ejemplo es que Bancomext apoyó recientemente una inversión de Dina para que estableciera en Argentina una planta que le permitirá vender tractocamiones a los cuatro países del Mercosur, con lo que competirá directamente con la industria brasileña de este ramo en su propia región.

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En cualquier caso, hasta junio del año pasado, según la Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (Secofi), había instaladas en México 81 empresas con inversión brasileña, que representan 0.6% de las 13,350 sociedades con capital extranjero ubicadas en el país. En 56 de ellas el capital brasileño es mayoritario y en el resto, minoritario.

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Estas sociedades se localizan principalmente en el comercio, los servicios y la industria, con 30, 27 y 20 empresas, respectivamente, aunque en los últimos años la inversión brasileña se ha canalizado principalmente a actividades del sector manufacturero. Respecto a su ubicación geográfica, 48 empresas se localizan en el Distrito Federal, 12 en el estado de México, cuatro en Guanajuato, tres en Baja California, dos en Puebla, Nuevo León y Quintana Roo, y ocho en otras entidades.

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Por su parte, empresas mexicanas como Corporación Industrial Sanluis, Enermex, Condumex y Canamex han tenido buena presencia en el país carioca.

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En Argentina, por ejemplo, hay inversiones de Coca Cola-Femsa, Cydsa, Peñoles, Bimbo e ICA, así como una alianza entre Banamex y Banco del Sur. La empresa mejor posicionada es Grupo Mexicano de Desarrollo.

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El intercambio comercial entre Uruguay y México tradicionalmente ha sido muy bajo. En 1995, México fue el destino de sólo 0.7% de las exportaciones uruguayas y representó 1.5% de sus importaciones. Cabe señalar que ese año se agudizó la tendencia descendente del comercio bilateral.

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Carlos Gianelli, embajador de Uruguay en México, explica que ya se estudian las posibilidades de que empresarios del Mercosur –no como nacionales de un país, sino como representantes del bloque– realicen inversiones, concretamente en los estados de Jalisco, Aguascalientes, Guanajuato y Nuevo León. Asimismo, hombres de negocios de esos estados exploran el Mercosur con similares intenciones.

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México realiza hoy día diversos esfuerzos para lograr un mayor acercamiento con este país y con Paraguay –la economía menos desarrollada del conglomerado–. Se espera que a mediados de 1997 se concreten algunos proyectos con ambas naciones.

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A LA ESPERA DEL NUEVO SOCIO
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¿Qué opinan los cuatro del Mercosur ante los esfuerzos de México por entrarle?

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Ruy Amaral, vocero de la embajada brasileña en México, expresa que “la decisión política ya está dada, tanto por la parte mexicana como por la del bloque”. Añade que esta nueva inclusión es muy interesante, pues se trata de un mercado grande, “y hay que tomar en cuenta que en grupo tenemos mayor poder de negociación frente a Estados Unidos”. Piensa que al tener economías paralelas, Brasil y México no deben competir, sino complementarse, “ya que hay mercado para los dos”.

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Por su parte, el embajador uruguayo, principal promotor de las relaciones externas del conglomerado, habla por su país y también por el resto. Expresa que para Uruguay, país principalmente agrícola y ganadero, los capitales mexicanos “podrían ser bienvenidos”, sobre todo para desarrollar mejor la agroindustria.

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En cuanto al bloque en su conjunto, se muestra totalmente convencido de su fuerza y plantea la importancia de la inclusión de México “porque su ubicación geográfica puede ser de gran utilidad para apoyar la integración latinoamericana y dar una salida hacia Norteamérica de los productos sudamericanos”.

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Así, sólo cabe esperar que en la reunión que ahora se lleva a cabo en México se llegue a acuerdos concretos, que conviertan a este país en otro socio más del bloque sudamericano.

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